3 preguntas

18 de enero, 2012

3 preguntas

1. Las medidas fiscales anunciadas en el último tiempo por el Gobierno, ¿significan un ajuste fiscal?

Lucas Llach: Sí, significan un ajuste fiscal cuya magnitud no conocemos, porque no queda claro cuándo ocurrirá la nueva ronda de eliminación de subsidios. Más que nada, lo que queda claro es que los subsidios no seguirán aumentando al compás de la inflación. De todos modos el determinante más fuerte del sesgo fiscal será la negociación salarial.

Eduardo Hecker: Depende de cómo termine evolucionando el gasto público. Sin dudas teniendo en consideración que 2011 se trató de un año electoral, en el cual el gasto de capital y transferencias a provincias y municipios suele acelerarse, es de esperar cierta aminoración del gasto público. No obstante ello, la quita de subsidios puede dar lugar a una reasignación de partidas presupuestarias, dotando de mayor progresividad al gasto público. Habrá que ver el devenir de los próximos meses para evaluar la dirección que adopta el Gobierno en esta materia. De todas maneras la reducción de los subsidios da cuenta de una intención de volver a la senda de superávit o, al menos de acortar la brecha que se fue haciendo creciente en los últimos años. Tal vez en las próximas semanas vamos a tener una mayor precisión de lo que realmente significa la sintonía fina.

José Luis Espert: Son ajuste fiscal en la medida en que implican subas de ingresos o bajas de gasto para el Fisco, o sea, que bajen el déficit fiscal. Pero no lo son en el sentido de que es probable que el déficit fiscal no caiga por estas medidas ya que el Gobierno ha dicho, por ejemplo, que la suba de tarifas se la va a gastar.

2. La teoría económica señala un vínculo entre ciclo económico y en qué circunstancias un gobierno debe corregir un desequilibrio fiscal, ¿desde ese punto de vista qué puede decirse del caso argentino (remitiéndones al caso actual)?

L. L.: La economía normativa sobre la política fiscal es similar a la de una familia: ahorrar en la buena, desahorrar en la mala. La Argentina ahorró en la buena reduciendo el endeudamiento público, pero cada vez menos, y los últimos años estuvimos más cerca del desahorro a pesar de que el ciclo se ha mantenido favorable. Si efectivamente terminó “el modelo” entendido como una tasa de crecimiento cuasi china, es razonable que haya algo parecido al equilibrio fiscal o incluso a un pequeño déficit. Es una pena que se financie con modos tan poco civilizados como el uso de reservas y la degradación de la moneda.

E. H.: Desde un enfoque heterodoxo, en ciertas ocasiones y condiciones macroeconómicas estructurales de la economía, hay gastos que justifican la existencia de déficit fiscal. El gasto público en la Argentina, y la mayor parte de América Latina, fue históricamente procíclico durante las expansiones. Pero en el marco de la crisis internacional de 2009 mostró cierta anticíclicidad, dando cuenta de las ventajas de políticas fiscales expansivas en momentos de desaceleración económica. El interrogante consiste en ver si, en un escenario de desaceleración del crecimiento existen las condiciones políticas y económicas para sostener el gasto público.

J. L. E.: Si la idea es suavizar el ciclo económico, hay argumentos a favor de hacerlo, no hay dudas de que en épocas de bonanza hay que ahorrar para desahorrar en épocas de recesión o estancamiento. Sin embargo la Argentina es un arquetipo de hacer las cosas al revés. Y por eso en parte su tasa de crecimiento de largo plazo es tan baja (3%) cuando tenemos un país de ingresos medios. Por ejemplo ahora que Europa va a una recesión, China crecerá 2 puntos porcentuales menos, Brasil 3 puntos menos y en la Argentina tal vez se pierdan U$S 3.000 millones en soja por la sequía, el Gobierno Nacional impone un tarifazo importante. Además, las provincias no paran de subir los impuestos.

3. La actividad económica se desacelera. ¿Se ve el final de esa ralentización?

L. L.: La economía argentina creció entre 1998 y 2011 al 3,6%; lo mismo que entre 1988 –antes de la hiper y 1998. Conocemos la respuesta a la pregunta de si podemos crecer siempre al 7% u 8%: no. La pregunta relevante es cómo hacer para crecer al estilo chileno: más cerca de 5% que de 3,8% y, sobre todo, sin tanta variabilidad ni tantas crisis (ni, si es posible, tanta inflación). No me da la impresión de que le calidad de las políticas macroeconómicas haya mejorado en este último ciclo favorable como para que podamos alcanzar ese objetivo más humilde.

E. H.: Hoy el mundo es una fuente de incertidumbre y hasta tanto no se despeje qué pasará con la crisis europea y las situaciones de China y Estados Unidos, no es posible aseverar el impacto de estos factores tan relevantes en la economía doméstica. Asimismo, también dependerá de manera importante del devenir de la cosecha agrícola, ante las condiciones adversas de la sequía. Sin duda la crisis internacional va a estar presente durante un tiempo más y puede tener efectos negativos en la economía argentina, por lo tanto es prematuro pronosticar un fin de la ralentización. Paradójicamente, un escenario de menor crecimiento o incluso de crecimiento nulo puede ser una oportunidad para mejorar la situación de precios y para obtener un mayor superávit comercial por la caída o desaceleración de las importaciones, tal como ocurrió en 2009. Este último aspecto es clave par mejorar la situación del mercado de divisas, aspecto siempre crítico en la economía argentina.

J. L. E.: Lo que yo veo es que entre el frío que viene de afuera, el de la sequia local y el que genera el Gobierno con sus tarifazos e impuestazos, la economía se esta enfriando. Este año creceremos como mucho la mitad (4%) de lo que crecimos en 2011 (8%) y hoy no veo el final de la desaceleración porque tenemos importantes problemas internos que tenemos que resolver. ¿Por ejemplo? Déficit fiscal, inflación y atraso cambiario. Además, la economía mundial está tambaleando. Con la desaceleración de la economía en marcha no se puede hacer pie en un lugar como para decir hoy cuándo y dónde terminará la desaceleración.