Series y películas

5 series y películas imperdibles para ver en Netflix, HBO Max y Disney Plus

Cinco recomendaciones potentes para ver en streaming: erotismo, juicios, despedidas y rebeliones. De Italia a EE.UU., historias reales que incomodan, emocionan y atrapan.

5 series y películas imperdibles para ver en Netflix, HBO y Disney Plus
5 series y películas imperdibles para ver en Netflix, HBO y Disney Plus

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, HBO Max y Disney Plus.

1. Serie para ver en Netflix: Sra. Playmen



Adelina Tattilo, interpretada por Carolina Crescentini, queda al borde del vacío cuando su marido, Saro Balsamo, desaparece sin dejar rastro. De pronto debe hacerse cargo sola de sus hijos y, al mismo tiempo, intentar salvar una empresa en crisis. No se trata de cualquier negocio: Playmen, una revista erótica inspirada en Playboy que, en la Italia de comienzos de los años setenta, provocó escándalos y rechazos. En una sociedad aun profundamente conservadora, donde las libertades sexuales eran mal vistas, Tattilo se ve obligada a tomar decisiones complejas, incluso respecto del uso y la exposición de los cuerpos femeninos que la revista convierte en mercancía.

El guion -distribuido en 7 episodios-  que se inspira en una historia poco conocida, ofrece un retrato histórico con matices del surgimiento y la consolidación de una revista erótica fundada en 1967. El foco no está en el morbo, sino en el contexto cultural y empresarial que rodeó su existencia, lo que vuelve a la serie particularmente atractiva por su reconstrucción de época.

En un mundo editorial dominado por hombres, la figura de Tattilo se inscribe en la tradición de relatos sobre pioneras que lograron imponerse en ámbitos hostiles, aunque con una diferencia decisiva. Aquí no se trata de moda ni de emancipación femenina, sino de erotismo, de imágenes de mujeres desnudas que a veces ni siquiera dieron su consentimiento. La serie no esquiva esa contradicción y plantea una pregunta incómoda: ¿es menos problemático, o quizá más inquietante, que sea una mujer quien administre ese voyeurismo?



Las tensiones y los debates sociales atraviesan toda la narración, aunque sin caer en moralinas. Hay antagonistas claramente definidos, como violadores, políticos hipócritas o fiscales oportunistas, y también figuras difícilmente defendibles, como el marido ausente de la protagonista. Sra. Playmen se sostiene sobre una ambigüedad constante: pocos personajes son del todo condenables o redimibles. Esa gama de grises se combina con una puesta en escena extremadamente colorida y detallista, que recrea con atractivo visual la atmósfera de los años setenta.

Curiosamente, quizás por su cercanía con esas telenovelas que cuentan cómo una mujer humillada se va empoderando, no son ellas las que sorprenden por su belleza (la serie es recatada en desnudos femeninos), sino los varones, con un reparto que parece haber salido de una agencia de modelos de los años 70: hay un fotógrafo que recuerda en mucho a Fabio Testi, un fiscal muy parecido a Raúl Aubel, un gigoló casi idéntico a Osvaldo Brandi. 

Con un ritmo dinámico, una banda sonora poblada de canciones de época y una subtrama romántica entre dos hombres, resulta especialmente disfrutable seguir a Tattilo y su equipo mientras inventan maniobras para sostener el negocio, eludir la censura y sortear a la justicia, en ocasiones con una osadía que roza lo cómico. Perfecta para una sesión de visionado continuo, es una experiencia que invita a acompañar a esta mujer en una cadena de desventuras tan entretenidas como reveladoras. 



Muy recomendada.

2. Miniserie para ver en Disney Plus: Toda la verdad

En este llamativo neo noir, Ethan Hawke interpreta a Lee Raybon, un periodista freelance, dueño de una librería de usados llamada El búho ululante, siempre despeinado, errático y fuera de lugar, que recorre Tulsa como un Don Quijote acechando causas perdidas. Su presencia es deliberadamente incómoda: hurgar en la basura ajena, meterse donde no lo llaman y salir golpeado forma parte de su método, y también de su identidad.



Lee es un personaje tan simpático como exasperante, un egocéntrico muy moral que se define a sí mismo como el truthstorian de la ciudad y celebra cada pequeño logro con una satisfacción casi patética. Hawke lo compone como un pícaro al que el espectador acompaña con una mezcla de apoyo y vergüenza ajena. Su cruzada contra supremacistas blancos, desarrolladores inmobiliarios corruptos y políticos locales entrelazados en negocios turbios parece responder tanto a un impulso ético como a la necesidad de desviar la atención del caos que domina su vida personal.

Toda la verdad articula -a lo largo de sus 8 episodios- ese caos a partir de una rica red de influencias: el espíritu de los hermanos Coen, la extrañeza de David Lynch, ecos del Barrio Chino de Polanski, y la sombra de Jim Thompson, escritor de novela negra y nativo de Oklahoma. Sus historias de traiciones, crímenes y magnates corruptos no solo inspiran el tono, sino que funcionan como engranaje narrativo dentro de la trama, convirtiendo a la tradición literaria en una pieza activa del relato.

Más allá de su andamiaje genérico, la serie se interna en diversas subculturas a las que las pesquisas van arrastrando a su antihéroe. Las atmósferas y la fotografía referencial al cine del New Hollywood, y el recorrido se puebla de figuras tan singulares como los hermanos Beluga, protagonistas del memorable episodio 3, o un amigo íntimo de baja estatura que aparece en el episodio 6. En este universo, la mujer fatal es una figura entrada en años, errática y cambiante. Ethan Hawke compone a su personaje con un encanto sostenido en la vulnerabilidad y una lucidez sin cinismo, aceptando las imperfecciones humanas y manteniendo, al mismo tiempo, una idea concreta y esperanzada de justicia.



Imperdible.

3. Película para ver en Netflix: Goodbye, June

El impacto es devastador para Connor (Johnny Flynn) cuando encuentra a su madre June (Helen Mirren) tendida en el suelo, inconsciente. Junto a su padre (Timothy Spall) la lleva de urgencia al hospital mientras avisa a sus hermanas, que acuden de inmediato para acompañarla. Allí la familia se enfrenta a una verdad irreversible: el cáncer de June está demasiado avanzado y ya no hay tratamiento posible. Apenas le quedan unas semanas de vida y ni siquiera llegará a Navidad. Para los hermanos, este tiempo suspendido implica no solo despedirse de su madre, sino también afrontar viejas tensiones familiares largamente postergadas.



El guion de Joe Anders, en su debut como guionista, cruza con frecuencia la frontera entre lo universal y lo genérico. Los personajes oscilan entre la indefinición y la caricatura, los conflictos profundos se resuelven con una facilidad poco creíble y el tono cae por momentos en un sentimentalismo excesivo. La presencia de Kate Winslet, madre del guionista, resulta decisiva no solo porque encarna a una de las hermanas, sino porque además debuta aquí como directora.

La solidez del reparto es la mayor fortaleza de la película. Winslet logra convocar a intérpretes de gran prestigio, aunque muchos de ellos están utilizados por debajo de sus capacidades por la escasa densidad de sus personajes. Andrea Riseborough y Toni Collette, en particular, resultan conmovedoras en sus papeles, pero el conjunto consigue sostener el film en un nivel aceptable. Hay momentos logrados y una conclusión que apuesta a la reunión familiar como consuelo final. La madre ha muerto, pero el orden se restablece. Es la película ideal si se quiere desagotar los lagrimales.

Recomendada.



4. Película para ver en HBO Max: Indictment: The McMartin Trial

Este drama reconstruye uno de los episodios más perturbadores de la historia judicial estadounidense: el caso McMartin, en el que los responsables de un jardín de infantes de California fueron acusados en los años ochenta de abusos sexuales y rituales satánicos contra niños. La película de HBO se sitúa en el corazón de esa histeria colectiva, mostrando cómo una denuncia inicial desata una reacción en cadena que involucra a padres aterrados, fiscales ambiciosos, terapeutas sin escrúpulos y medios de comunicación dispuestos a convertir la sospecha en certeza. El relato adopta una postura clara a favor de los acusados y plantea el juicio no solo como un proceso legal, sino como un linchamiento público impulsado por el miedo.

Uno de los puntos fuertes del film es su contundencia dramática y su ritmo, que convierten más de dos horas de metraje en una experiencia intensa y absorbente. La dirección de Mick Jackson (El guardaespaldas) y el guion de Abby y Myra Mann (El juicio de Nüremberg) apuestan por una narración frontal, sin ambigüedades, que subraya los peligros de la presunción de culpabilidad y los pareceres irreflexivos de la opinión pública. El mensaje es claro y eficaz: cuando la sociedad elabora conclusiones apresuradas, la justicia queda en suspenso. La película se convierte en una denuncia feroz del sensacionalismo mediático y de la presión pública sobre el sistema judicial.



En el centro del relato destacan interpretaciones de gran fuerza. James Woods compone a Danny Davis, el abogado defensor de Ray Buckey, como un luchador callejero astuto y combativo, una figura casi heroica que canaliza la indignación del film. Mercedes Ruehl, como la fiscal Lael Rubin, encarna la obsesión por la condena y el éxito profesional, incluso a costa de la ética. Henry Thomas -el niño de ET, el extraterrestre ya crecido- ofrece una interpretación contenida y vulnerable de Ray Buckey, mientras Sada Thompson y Shirley Knight aportan gravedad y dignidad a los miembros mayores de la familia McMartin, convertidos en símbolos de una respetabilidad destruida.

Sin embargo, esa claridad ideológica se convierte también en el principal punto débil del film. La película es abiertamente parcial: los acusados aparecen casi santificados, mientras que los fiscales, ciertos padres y, sobre todo, la terapeuta Kee MacFarlane (Lolita Davidovich) y el periodista Wayne Satz (Mark Blum) son retratados como villanos sin matices. El film omite o minimiza elementos que podrían haber explicado por qué tantos padres, no necesariamente fanáticos, creyeron sinceramente en las acusaciones. La complejidad del caso real queda reducida a un esquema de luz contra oscuridad que empobrece el análisis.

Aun con esas limitaciones, Indictment: The McMartin Trial resulta poderosa en lo que mejor sabe hacer: mostrar cómo el exceso mediático y el pánico pueden arruinar vidas sin necesidad de pruebas concluyentes. Más que una reconstrucción equilibrada del caso McMartin, es una acusación apasionada contra la histeria social y el periodismo irresponsable. Su tesis es inequívoca: incluso cuando no hay condena, el daño ya está hecho. En ese sentido, la película no pretende cerrar el debate, sino dejar una advertencia incómoda y vigente sobre el precio de juzgar antes de comprender.



Muy recomendada.

5. Película para ver en Netflix: Cover-Up: Un periodista en las trincheras

Este documental recorre la trayectoria explosiva del periodista de investigación Seymour Hersh, ganador del Premio Pulitzer, y construye a la vez un retrato personal y una acusación frontal contra la violencia institucional. La película, dirigida por Laura Poitras junto a Mark Obenhaus, expone cómo el encubrimiento se convierte en un estado permanente cuando fallan la prensa libre y el periodismo independiente. En ese sentido, el argumento no se limita a narrar una carrera profesional con sus claroscuros, sino que revela un patrón de impunidad arraigado en el ejército y los servicios de inteligencia de Estados Unidos, donde los abusos se repiten en distintas formas y épocas.



Uno de los puntos fuertes del film es su rigor formal y su densidad investigativa. Poitras articula pasado y presente a través de una puesta en escena precisa, impulsada por un montaje hipnótico, un uso expresivo del material de archivo y una banda sonora inquietante de Maya Shenfeld. Documentos originales, notas manuscritas, grabaciones de época y entrevistas actuales configuran un entramado que abarca desde Vietnam y el escándalo de My Lai hasta el espionaje de la CIA, la guerra contra el terrorismo y las intrigas corporativas. El resultado es una sensación de fatalidad histórica: los crímenes cambian de nombre, pero no de lógica.

El retrato de Hersh es otro de los pilares del documental. Figura clave del periodismo estadounidense, aparece aquí como un cronista incansable que, incluso a los 88 años, sigue trabajando con fuentes anónimas y métodos analógicos. La película lo muestra tanto en su intimidad profesional como en el impacto de sus grandes exclusivas, recordadas por colegas como Bob Woodward, quien destaca el apoyo decisivo que los artículos de Hersh brindaron durante el caso Watergate. De los gases nerviosos en Utah al horror de Vietnam, sus investigaciones no solo sacaron a la luz atrocidades, sino que obligaron al poder a reaccionar.



Sin embargo, el film también exhibe debilidades. En su segunda mitad, el foco narrativo pierde algo de precisión al abordar episodios más recientes. Aspectos controvertidos de la carrera de Hersh, como la recepción crítica de su libro The Dark Side of Camelot, con ciertos elementos dudosos surgidos durante su investigación sobre los Kennedy, apenas se mencionan. Del mismo modo, el documental toca, pero no desarrolla en profundidad las tensiones que rodean algunas de sus revelaciones contemporáneas, lo que habría enriquecido el retrato del periodista como figura polémica y solitaria frente al consenso dominante.

La mayor virtud del documental reside en recordar el precio que suele pagar el periodismo que incomoda: la burla, la deslegitimación y el ataque sistemático. En un contexto donde la frontera entre opinión y verdad se vuelve cada vez más difusa, la película reivindica la sospecha fundamentada como valor democrático esencial. Más que un simple homenaje, el documental es un compendio inquietante de crímenes militares, corrupción política y arrogancia imperial, y funciona como contrarelato de una historia oficial que solo puede sostenerse mientras existan menos voces dispuestas a incomodarla.



Muy recomendada.

Logo de Google
Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos.
+ Agregar

En esta nota