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Temen que Macri pase del gradualismo al proselitismo

16 diciembre de 2016

por Leandro Gabin

Las dudas acerca del año próximo forman parte de las recurrentes conversaciones en la city porteña. En los cócteles de fin de año se ven caras de cierta preocupación con el rumbo económico, algo que difiere notablemente de las expectativas positivas que había despertado Mauricio Macri en los primeros meses de gestión.

Las dudas con respecto al gasto público, el repentino cambio de escenario global (para peor) y una economía que no despega traen intranquilidad a los empresarios. Todo eso, además, retrasa el caballito de batalla de Cambiemos: las tan mentadas inversiones. “El empresario, para hundir capital, tiene que ver un panorama claro en el futuro. Y en lo económico aún no se ve...y tampoco en lo político porque la oposición demostró que puede hacerle estragos al Gobierno. En estas condiciones, las inversiones se retrasan y es natural que así sea”, consideraba un supermercadista esta semana.

La sensación de los actores económicos puede ser reducida a una certera y contundente definición que brindó el economista Ramiro Castiñeira, socio de Econométrica, la consultora que lidera el ex secretario de Hacienda durante el alfonsinismo, Mario Brodersohn: “Si el gradualismo se transforma en proselitismo, la consecuencia será menor crecimiento y más inflación”.

La incógnita se centra en lo que hará Cambiemos en un año electoral. Más aún después de soportar una recesión del 2,5%, como calculan las consultoras que será este año, y el descontento generalizado de la sociedad por tener los bolsillos más flacos debido al más de 40% de inflación anual.

En medio de ese escenario es que el Gobierno se ve tentado en utilizar el gasto público como herramienta revitalizadora de la economía. A esta altura pocos creen que los números de déficit fiscal que presentó el Gobierno se vayan a cumplir.

Tan es así que Gustavo Lopetegui, el vicejefe de Gabinete, un “tapado” en términos mediáticos, tuvo que salir en el programa de radio de mayor audiencia del país a decir que el 4,8% de déficit pautado se mantendrá a “rajatabla”.

“Lo que es importante es que te puedo afirmar que no nos vamos a pasar de 4,8% de déficit, que es enorme y que tenemos que empezar a reducir. Si no vamos en un camino a la reducción del déficit no hay destino”, dijo el funcionario macrista. “Este nivel de déficit es insostenible. Lo mejor que podemos hacer es abaratar el costo de capital”, agregó. Y remató que “el famoso 4,8% en plata son $380.000 millones, o sea, gigantesco”. La frase habla por sí sola.

Los roles

El Gobierno gastará $300.000 millones este diciembre, según los dichos de Lopetegui, lo que produce escalofríos en varios economistas de la city. ¿En un año electoral y con el peligro de que Ganancias termine desfinanciando al Estado, el Gobierno será tan puntilloso con el gasto? Pocos creen que así sea. Macri podría decir que el mayor agujero fiscal es por culpa de la oposición, pero también es cierto que más plata en la calle hará que la economía se reactive más rápido. Se sabe que en el oficialismo los roles están muy marcados. El BCRA es el policía malo, que aplica una política contractiva mientras que Hacienda es el policía bueno, que gasta la plata (e incluso de más).

Pero es de conocimiento básico que, si no baja el déficit, será imposible reducir la inflación en forma sostenida. El modelo macrista funciona, por ahora, con un déficit que se financia vía colocación de deuda, y no emisión espuria de pesos. Pero eso no quita que los números de inflación no estén en línea con lo que pretende Federico Sturzenegger. De hecho, en las consultoras, no hay nadie que crea que las metas de inflación de entre “12% y 17%” que propuso la autoridad monetaria se vayan a cumplir. El consenso es que los precios subirán entre 21% y 24% el año próximo.

Esto no solo podría atentar contra la credibilidad del BCRA sino que redirecciona los cañones hacia el Ministerio de Hacienda, donde surge el bache fiscal, que explicaría la mayor inflación en 2017. “El BCRA no puede solo. Y la verdad es que hoy por hoy está solo en la tarea de bajar los precios, porque (Alfonso) Prat-Gay no ayuda demasiado. Si las metas no se cumplen, algo probable, no será por Sturzenegger sino porque del otro lado no se hicieron las cosas que debían”, señalaba un banquero que defiende a rajatabla a Sturzenegger.

Lo que no puede explicar este financista es por qué el BCRA se jugó en dar metas que, a priori, eran difíciles de cumplir. El antecedente del “segundo semestre” que pregonaba el Gobierno debería haber sido tenido en cuenta al momento de presentar metas difíciles de inalcanzar. No le resta méritos a la entidad si puede bajar de más del 40% al 23% la inflación, pero habrá quedado lejos de sus corsé autoimpuesto.

Ojo con el mundo

El mismo reclamo al Gobierno para bajar el déficit surgió esta semana de dos economistas no tan cercanos como Guillermo Calvo (ex BID) y Roque Fernández (ex BCRA y ex Ministro de Economía durante el menemismo). En el marco de una conferencia organizada por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y el Banco Ciudad, Calvo advirtió que toda la región está dependiendo de las tasas de interés de Estados Unidos, que el miércoles volvieron a subir 25 puntos básicos y que lo harán ?según dijo la Fed? tres veces más el año próximo. Argentina tiene que conseguir más de US$ 30.000 millones en los mercados para refinanciar deuda y ahora será a un costo más elevado. Malas noticias para una economía que financia su agujero fiscal con más deuda (y ahora más cara).

“El déficit fiscal y el endeudamiento ponen al país en riesgo de no poder soportar futuros coletazos externos”, advirtió Fernández. Según el economista de UCEMA, “tenemos que ser conscientes de que agravamos estos problemas. Nos concentramos en ver qué pasa en Argentina frente a una situación en la que deberíamos estar preocupados con respecto a lo que se puede venir: estamos aumentando el déficit y el endeudamiento”.

La suba de tasas es una mala noticia para Argentina. No tanto este alza, que estaba descontado por el mercado, sino por lo que vendrá. La única certeza es que el año próximo emitir bonos será más caro. ¿Cuánto? Antes los bonos largos rendían 6% y ahora más de 8%. Esto quiere decir que el Gobierno antes pagaba US$ 6 por año en concepto de intereses por cada US$ 100 que tomaba. Ahora, deberá convalidar más de US$ 8 por cada US$ 100.

La intranquilidad internacional le pega de lleno al Gobierno. Creían que el viento de cola iba a mantenerse y ahora parecería que definitivamente no será. “La suba en los rendimientos a nivel internacional impactaría negativamente en los bonos argentinos en dólares, particularmente en los títulos de largo plazo. Por su parte, el impacto sobre los títulos de corto y mediano plazo sería más acotado, teniendo en cuenta su menor sensibilidad a los movimientos en las tasas”, decía un paper de Puente.

En el mercado financiero ya empiezan a ver que el frente externo presionará a Cambiemos a no ajustar el gasto. ¿Quién podría pedirle al Gobierno que recorte cuando el mundo se puso más complicado? Claramente, actuará en forma anticíclica. “Afuera está feo y acá se juegan el año electoral. Es muy improbable que bajen el déficit. Es más, probable que lo suban y tendrán excusas, como fue durante el kirchnerismo, por el contexto internacional. Demasiadas cosas se alinean para pensar que habrá más gradualismo en lo fiscal, y no menos”, definía un banquero, más cerca de Punta del Este que de la city porteña donde trabaja. “Ojalá me equivoque”, cierre antes de despedirse.

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