No hay un nuevo Macri, hay un nuevo escenario

Lo que está haciendo el Presidente es leer adecuadamente que hoy tiene más poder que antes del 13 de agosto y que tendrá aún más luego del 22 de octubre

28-08-2017
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No hay un nuevo Mauricio Macri, hay un nuevo escenario. Distintos análisis hicieron hincapié en los últimos días sobre cambios en la estrategia y el estilo del Presidente luego de las primarias. El endurecimiento frente a los sindicatos y los desplazamientos de funcionarios cercanos a ellos son tomados como ejemplo de la nueva etapa. Pero lo que está haciendo es leer adecuadamente que hoy tiene más poder que antes del 13 de agosto y que tendrá aún más luego del 22 de octubre y no dejará pasar la oportunidad para impulsar su agenda. Estas elecciones de medio término determinarían que es más probable que Macri logre la reelección a que haya una competencia reñida con el kirchnerismo en 2019. Eso le dará un margen de maniobra mayor al esperado por quienes desde la oposición le otorgaban pocas posibilidades de consolidarse.

Macri está acostumbrado al ninguneo inicial. Es lo que le ocurrió cuando quiso ingresar a terrenos a los cuales las corporaciones consideran propias y vedadas para los que no pertenecen a ellas.  Sólo se le reconocía legitimidad como participante del mundo empresario, en el cual, curiosamente, Macri tiene muchos menos logros para mostrar que en otros ámbitos en los que luego incursionó.

Le ocurrió con el fútbol cuando los tradicionales dirigentes, con Julio Grondona a la cabeza, entendían que para estar al frente de club se necesitaban atributos de los que Macri carecía. Lo mismo le ocurrió cundo se lanzó a la arena política. Hasta fue elegido como rival por el kirchnerismo porque, recurriendo al viejo manual, entendía que un miembro de la clase  alta con ideas privatistas nunca ganaría una elección presidencial en Argentina. Pero hoy lidera la fuerza que probablemente lidere la política argentina durante los próximos años.

Macri no es un filósofo de la República. Sabe ejercer el poder. Conoce el círculo rojo desde adentro, lo integra desde hace décadas, primero como empresario, luego como político. Trató, pactó y negoció con dirigentes sindicales desde el mundo empresario, mucho antes de llegar a la función pública. No fue un profesional independiente o un político tradicional que recién tomó contacto con los poderes fácticos cuando llegó al poder político sino que los conocía desde antes y había formado parte de uno de ellos.

Tampoco es un fundamentalista ideológico. Sabe leer el clima de época y no da batallas que considera perdidas porque la sociedad no lo acompañaría. Eso fue evidente cuando dos años atrás en un festejo por un triunfo en la CABA dejó en claro que no habría marcha atrás con algunas reformas del kirchnerismo aunque no las comparte.

También superó prejuicios e hizo un acuerdo con la UCR, necesario para ganar las elecciones e indispensable para gobernar.

Macri es pragmático y aprovechará la ventana que se le puede abrir después de las elecciones. Y el resto de los actores, deberán tener en cuenta ese dato y dejar atrás prejuicios que los pueden llevar a nuevas sorpresas.

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