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Mercado laboral: con brújula, pero sin termómetro

Los datos del Indec no son comparables con la serie previa y no nos permiten terminar de dimensionar la magnitud del fenómeno.

29 agosto de 2016

por Juan Pablo Paladino (*)

Los recientes datos del Indec sobre el mercado laboral parecen haber dado un salto de calidad al confirmar que la situación en materia de empleo es más preocupante que lo que se venía mostrando. Pero, al ser difícilmente comparables con la serie previa, no nos permiten terminar de dimensionar la magnitud de los fenómenos que afectan a este vital proceso social. Es decir, hoy tenemos brújula, pero no termómetro: sólo estamos en situación de ver la dirección de la tendencia pero no su intensidad.

Y la dirección de la tendencia que podemos observar parece enmarcarse dentro del cuadro de dificultades estructurales que hace ya varios años “palpábamos” en medio de la oscuridad estadística, con el desempleo afectando a cerca de uno de cada diez activos (flagelo que incide con mayor intensidad en la población juvenil), con uno de cada tres asalariados (que representan tres cuartas partes del universo laboral) sin protección social, sindical y/o de salud, y con el considerable aumento del cuentapropismo y subempleo inestable en condiciones de precariedad y vulnerabilidad que viene registrándose en los últimos años.

Más aún, sobre esta base se entiende lo preocupante del impacto de los ajustes, ya que la recesión golpeó con más fuerza a los sectores menos protegidos (asalariados no registrados y cuentapropistas informales), el sector público dejó de operar como colchón amortiguador y pasó a ser contractivo y la dinámica inflacionaria erosionó los ingresos provenientes del trabajo, que representan más de dos tercios del presupuesto de los hogares en Argentina.

Este cuadro de situación refuerza la necesidad de poner sobre la agenda una batería de medidas que apunten a resolver las problemáticas planteadas, que no desaparecerán con una eventual recuperación macro y son hoy quizás la principal barrera para lograr una inclusión social plena.

Que las recientes estadísticas luzcan más creíbles y confirmen la necesidad de actuar es sin dudas una buena noticia. Si bien deberá transcurrir algún tiempo hasta que los datos oficiales vuelvan a servirnos de brújula y también termómetro, es sin dudas un paso correcto en la dirección a disipar la niebla que hay en materia de la comprensión de la dinámica de un proceso social tan complejo como es el mercado laboral. Porque, recordemos, la estadística no es sólo un documento sino también el principal insumo para la elaboración de políticas públicas.

(*) Economista

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