“Macri tiene respaldo porque persiste el optimismo”

Entrevista a Enrique Zuleta Puceiro, Consultor político.

04-05-2016
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“A Macri lo apoyan no porque lo adoren ni porque sea un líder carismático, sino porque tiene el apoyo de seis de cada diez argentinos que pretenden que las cosas funcionen. Estas cuestiones se saben que son provisorias, pero no se saben cuáles son los factores que van a condicionar esa provisoriedad”. Esta es una de las frases que elige Enrique Zuleta Puceiro, consultor y analista político, para caracterizar el momento político del gobierno de Mauricio Macri, en rezago en cuanto a la imagen de su gestión, pero con niveles de apoyo muy considerables. “Si la política económica sigue produciendo efectos contrarios a los previstos, si la tasa de inflación sigue creciendo y condiciona ese autopronóstico que ha hecho Macri de mejorar el segundo semestre, la situación del Gobierno se complica. ¿Qué pasaría, por caso, si en lugar de mejorar durante ese segundo semestre, el país empeora? Evidentemente, su imagen se va a ver muy deteriorada”, pregunta en otro momento de la entrevista con El Economista.

El Gobierno parece más asediado políticamente que hace un mes, por ejemplo. ¿A qué lo adjudica?Los factores que constriñen las posibilidades del Gobierno son los números de la economía y la dependencia extrema que tienen sus decisiones respecto de la tasa de inflación. Y esto, a pesar de que las estadísticas sigan siendo no confiables. Está muy débil en su capacidad de argumental porque, entre otras cosas, ha renunciado deliberadamente a los argumentos racionales, empíricos. No puede ser que en cuatro meses no haya podido diseñar un Indice de Precios al Consumidor confiable. Es inaceptable. Eso complica mucho las cosas porque los números de la inflación no tienen fuentes conocidas y se supone, falsamente, que las fuentes privadas pueden reemplazarlo. El segundo factor es que la oposición decidió, ante todo, exhibir cuáles son sus puntos fuertes: la calle, tanto en el caso de Cristina como el de los sindicatos. La expresidenta o tuvo ningún apoyo que no fuera el del kirchnerismo explícito y los líderes sindicales ninguno que no fuera el de sus sectores encuadrados. Pero, sin embargo, han exhibido una capacidad de movilización más que importante. Y después está la aritmética parlamentaria.

¿En qué sentido?

La oposición se podía haber ahorrado la discusión de una ley como la que propone. Pero quiso mostrarle al Gobierno que está muy lejos de tener mayorías parlamentaria y que, ante la posibilidad del veto, hasta puede insistir con la posibilidad de lograr los dos tercios necesarios para imponerla. Con lo cual, el Ejecutivo tendría que aceptar una ley que antes vetó. Pero hay cuestiones relacionadas que lo benefician.

¿Cuáles?

El tipo de discusión que le plantea el kirchnerismo, por ejemplo. Porque revela cierto carácter duro no atado al largo plazo, que ya le valió su aislamiento en la organización del PJ. Mientras que la protesta sindical terminó centrándose en un tema, como la prohibición de despidos, que no tiene mucho sustento real. Que el sindicalismo haya renunciado a otras reivindicaciones mucho más racionales, vinculadas a la inflación o el impuesto a las ganancias, que lo conectaba con las clases medias, de alguna manera puede beneficiar al Gobierno. Porque aleja a los dirigentes sindicales de la búsqueda de soluciones y los coloca en una posición testimonial, que corre el riesgo de prosperar, pero no por razonabilidad sino por la fuerza. Esto puede poner en el centro a una oposición salvaje, retrospectiva, cerrada y sin propuestas.

¿Qué evaluación hace de las encuestas que circularon por estos días, con cierta caída de la imagen del Gobierno?

Las encuestas volvieron a mostrar un agrietamiento del apoyo: perdió 14 puntos en la evaluación del desempeño de la gestión, pero sólo 9 en los apoyos. Es decir, hay respaldo, a pesar de que no haya acuerdo con la política económica. Y esto tiene que ver con un fuerte optimismo. Más del 60% de los argentinos sigue sosteniendo que esta situación se va a superar y que el Gobierno va a ser capaz de organizarse y afrentar la crisis.

¿Cree que el sindicalismo puede convertirse en un factor de conflictividad en ascenso?

Creo que sí. Pero puede que sea un conflicto casi ideal, porque no rompe la baraja. Puede ser vociferante, pero el sindicalismo no tiene voluntad de quebrar la relación abiertamente. No lo veo con una posición antisistema. Por el otro lado, los dirigentes tienen mucho que perder y están condicionados por su propia historia de colaboración para que el sistema funcione.

En las últimas semanas parecería haber una presencia más directa del Presidente en la comunicación de los actos de Gobierno, sin tantas mediaciones. No pasaba eso en los primeros meses. ¿Comparte?Si es un cambio de estrategia resulta inteligente, porque se ha deteriorado mucho la consideración social de la mayoría de las decisiones de Gobierno. En especial, las económicas, que tienen un apoyo entre el 35 y el 40%. Probablemente con esta estrategia lo que se pretenda es preservar los acuerdos que se tienen y dejar de ofrecer un flanco en aquellas cosas que la gente cuestiona. A Macri lo apoyan no porque lo adoren ni porque sea un líder carismático, sino porque tiene el apoyo de seis de cada diez argentinos que pretenden que las cosas funcionen. Estas cuestiones se saben que son provisorias, pero no se saben cuáles son los factores que van a condicionar esa provisoriedad.

Hay cierto regreso, también, al discurso de la herencia recibida.

Esa es una cuestión que al Gobierno le interesa mucho. Ahora, cuando a la gente se le pregunta qué le parece, cerca del 60% no está de acuerdo con usar el argumento de la herencia recibida, más allá de que repudie esa herencia. Ya no le tolera tanto que se funde sobre esa base o que sirva para encubrir demoras, falta de convicción o de coraje. Pero el Gobierno sigue con la sospecha de que el discurso de la herencia tiene algo de táctico.

Y junto con el discurso de la herencia recibida, el de la polarización con el kirchnerismo.

Sí, el tema es que el kirchnerismo trajo a la reina de corazones. Le puso una carta fuerte. No es una polarización creada, ficticia. Cristina se subió al balcón y fue genio y figura. Lo que en todo caso ha intentado aprovechar el Gobierno fue la decisión del kirchnerismo de poner todo sobre la mesa.

"Puede ser vociferante, pero el sindicalismo no tiene voluntad de quebrar la relación abiertamente. No lo veo con una posición antisistema".

Sergio Massa, en los primeros meses de la gestión de Macri, tuvo una posición negociadora, de garante de la gobernabilidad. En las últimas semanas, sin embargo, parece haber endurecido ciertas facetas de su discurso. ¿Qué evaluación hace?

El Gobierno busca polarizar, igual que el kirchnerismo. Con esos dos extremos en disputa hay poco espacio para el centro. No sé si es la actitud más inteligente de parte del Gobierno, pero es la única que percibe como posible. No sé si tiene un marco de referencia, de corto, mediano y largo plazo. Hay ideas, papers, posiciones, pero no políticas de Estado, que puedan trascender el juego institucional y convocar a otros sectores. Es una dificultad concreta que tiene.¿Y Massa?

La sigue teniendo muy complicada. No va a jugar dentro del peronismo. Pero tampoco quiere que lo vean afuera o en contra. Por eso, el posible voto a favor sobre la ley antidespidos. De alguna manera, abriga la esperanza de volver al peronismo. Pero hoy la posición de quienes lo apoyan para acercarse al Gobierno es más fuerte que las posiciones de quienes lo apoyan para acercarse al peronismo. Mucho más en áreas urbanas o metropolitanas. Es más, Massa no está instalado como una alternativa frente a Cambiemos. Por el contrario, muchos lo piensan como parte del campo de Cambiemos.

En cuanto a Cristina, ¿se puede esperar una recuperación de aceptación política más allá de su núcleo duro?

Si, puede. Si la política económica sigue produciendo efectos contrarios a los previstos, si la tasa de inflación sigue creciendo y condiciona ese autopronóstico que ha hecho Macri de mejorar el segundo semestre, la situación del Gobierno se complica. ¿Qué pasaría, por caso, si en lugar de mejorar durante ese segundo semestre, el país empeora? Evidentemente, su imagen se va a ver muy deteriorada. Hay que recordar que el electorado base de Macri es ese 24% que lo votó en las primarias, que se sumó luego a las otras fracciones de Cambiemos y que, gracias al balotaje, lo convirtió en Presidente. Es cierto, con mucho de originalidad y audacia, pero éstos son sus números. Néstor Kirchner también arrancó desde un piso bajo, en 2003. Por eso digo que Macri también busca polarizar: porque su polo crece. Lo mismo para el kirchnerismo.

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