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Los oficialismos, con márgenes mayores

Las consecuencias políticas de la aprobación del Pacto Fiscal y las perspectivas de Cambiemos en el GBA

03-01-2018
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Por Juan Radonjic

Las leyes que acaba de sancionar el Congreso referidas a la distribución de fondos entre la Nación y las provincias tendrán consecuencias políticas porque favorecerán a los que hoy gobiernan y aspiran a ser reelectos en 2019.

Un caso especial es el de la provincia de Buenos Aires porque recibirá en los próximos dos años $65.000 millones como compensación por la pérdida del Fondo del Conurbano lo cual le dará un margen de maniobra importante para definir su estrategia de inversión en infraestructura.  Por lo tanto, el impacto político que puede tener el manejo de esos recursos puede ser relevante y desde La Plata se hará todo lo posible para que así sea.

Cambiemos comienza a preparase para la conquista de su tercera colina en la provincia de Buenos Aires. En 2015 ganó la gobernación, en 2017 la Legislatura y en 2019 puede extender su dominio territorial a varios distritos del GBA que están en manos del peronismo.

Los oficialismos corren con ventaja en todos los niveles y derrotar a un intendente no es una tarea sencilla. Puede ocurrir en dos casos: si su gestión es considera mala, lo que no suele ser habitual a la luz de la alta tasa de reelecciones, o si hay un fuerte afecto arrastre de los primeros tramos de la boleta. En Cambiemos apuestan por la segunda alterativa porque entienden que Mauricio Macri y María Eugenia Vidal ganarán con comodidad sus respectivas reelecciones y eso se hará sentir “boleta abajo”. La composición social de los distritos que componen el heterogéneo GBA es la principal explicación para determinar los comportamientos electorales. Allí en donde los ingresos son más altos y los sectores medios tienen más presencia,  las alternativas no peronistas  siempre tuvieron sus mejores desempeños. Mientras que en los distritos con más carencias sociales predomino el voto al peronismo. Ese patrón electoral tiene décadas de vigencia lo cual ratifica la vigencia de las identidades políticas influenciadas por  las distintas realidades sociales. No se trata de un fenómeno nuevo porque en 2017, peronistas y no peronistas hicieron sus mejores elecciones en los mismos distritos que en 1983, 1973 y 1965 y se puede ir aún más atrás en el tiempo.

Falta mucho para las elecciones de 2019 pero el oficialismo empieza a preparar el terreno en aquellos distritos en los cuales, dada su composición social y los recientes resultados electorales, cree tener posibilidades de consagrar un intendente afín. En 2017 Cambiemos ganó las elecciones para diputados nacionales en dos distritos gobernados por el peronismo: Hurlingham e Ituzaingó. Y en dos que conduce el massismo que son Tigre y San Fernando. En La Plata también consideran ganables aquellos distritos en los cuales Cambiemos perdió por menos de diez puntos. En la lista figuran Avellaneda, San Martín, Lomas de Zamora y Esteban Echeverría. Mientras que entre los distritos propios, los que corren más riesgos, porque Cambiemos ganó por poco, son Quilmes y Lanús.

Ese es el escenario partiendo de las últimas elecciones pero aún frente a una ola nacional y provincial adversa, los intendentes peronistas podrán defender sus distritos con buenas gestiones. Y, además de Macri y Vidal, Cambiemos necesitará buenos candidatos para las intendencias. Porque no todos los llamados “sin tierra”, que son las figuras locales de Cambiemos que no gobiernan sus distritos, están en condiciones de ganar.

De todas maneras, todos los pronósticos en el castigado GBA quedan sujetos a que los optimistas números que plantea el Gobierno para 2018 y 2019 guarden cierta relación con la realidad.

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