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Cambiemos mantiene sus votos

Macri retiene una porción importante del apoyo citadino que recibió allá por 2015. Perdió algo, es cierto, y ciertamente, podría haber sido peor por los mediocres guarismos de “la macro”

19 abril de 2017

Si las encuestas todavía tienen alguna validez, podemos decir que Mauricio Macri retiene una porción importante del apoyo citadino que recibió allá por 2015. Perdió algo, es cierto, pero no ha sido demasiado y, ciertamente, podría haber sido peor dado, por caso, los mediocres guarismos de “la macro”. Pero no lo fue.

Algunos números: según Poliarquía, 53% aprueba su gestión, 41,6% dice M&F y 44,1% Observatorio Electoral. Las encuestas muestran caídas de 10 puntos, o más, contra diciembre de 2015 (algo lógico), pero muestran tendencias estables y números, pese a la diferencias, elevados. Macri es, en el concierto global, un Presidente popular (no hiperpopular, como lo fue Néstor Kirchner allá por 2007). También, es cierto, tiene niveles de rechazo que merodean el 40%.

Si indagamos un poco más veremos que esos apoyos que mantiene Macri son los mismos que lo llevaron a la Casa Rosada. Según números de Management & Fit, retiene 73% de sus votos. No es poco. Ha perdido algunos y sumado otros. El neto es negativo. Pero los que ha sumado son pocos y no ha convertido opositores en oficialistas. En otras palabras, no construyó poder.

La economía tiene allí una gran responsabilidad. No solo nunca arrancó (más allá de la estadística) sino que “los perdedores”, aquellos más golpeados en términos relativos en estos primeros quince meses, eran y siguen siendo opositores. “En perspectiva económica, sufrieron más los sectores ligados al mercado interno (por la recesión) y los que compiten con las importaciones (por la apertura). Ambas características son comunes a la actividad del Gran Buenos Aires, lo cual explica, en parte, por qué hay más desempleo e informalidad que en el resto del país. Una lectura política diría que entre los perdedores del primer año de Macri estuvieron las zonas donde el peronismo (en su variante kirchnerista, renovadora o tradicional) es relativamente más fuerte”, dice Matías Carugati, economista jefe de Management & Fit. Allí Cambiemos no debería tener grandes performances en octubre, y lo reconocen sotto voce.

Lo contrario también es cierto: “los ganadores” de la política económica, hasta ahora por lo menos, han sido las clases medias-altas y altas del centro del país, su base de apoyo de 2015. Retenciones (y devaluación) para los votantes del agro. Ganancias y levantamiento del cepo para las clases media-altas urbanas. Y, en líneas generales, un enfoque macro más sustentable para quienes temían el recorrido del populismo kirchnerista. Sólo por nombrar algunos casos. “Nuestra interpretación es que Cambiemos está trabajando para consolidar la base que lo llevó al poder”, dice Carugati.

La apuesta de Macri es, y debe ser, ir más allá y superar esas fronteras. Con gradualismo: inyectando dinero en los deciles más bajos (algo que nunca se cortó) y dosificando la apertura de la economía (algo necesario). Su camino, quedó demostrado en las últimas semanas, pasa más por domar el potro inflacionario que por estimular el consumo y la demanda agregada. Es una apuesta riesgoso pues, en Argentina, el gran público siempre prefiere el crecimiento por sobre la inflación. Es cierto: la desinflación puede ser reactivante. Pero eso lleva su tiempo, y más si hay que ajustar tarifas y, quizás, el dólar también. El mix elegido debe ser el correcto y Macri debe ser firme y convincente.

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