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Turquía no afecta (por ahora) a los mercados emergentes

En la medida en que el presidente Erdogan controle la situación interna, aun con instrumentos y políticas no digeribles por otros gobiernos, la volatilidad y el riesgo de los activos y bonos de Turquía no afectarán a la demanda de bonos de los mercados emergentes.

21-07-2016
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por Héctor Rubini (*)

El levantamiento militar del viernes pasado en Turquía fue rápidamente sofocado por el Gobierno. Eso ha sido bien recibido por los grandes inversores globales, ya que el clima interno venía empeorando desde hace varios meses.

La película

Antes del fallido golpe militar del viernes pasado, estallaron bombas en Ankara en febrero y marzo, atribuidas a los llamados “Halcones de la Libertad de Kurdistán”, y el pasado 29 de junio el ISIS concretó un atentado en el aeropuerto de Estambul.

El gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan no sólo llamó a la población a resistir la rebelión militar, que ya ha costado cientos de muertes. El Gobierno procedió a la detención de más de 7.500 soldados, junto a más de 100 generales y almirantes y 1.000 agentes policiales. Además, en el fin último de semana libró órdenes de captura contra más de 2.700 jueces y fiscales, a lo que siguió una suerte de “purga” en el sector público, con alcances y derivaciones todavía desconocidos. Dentro de la administración central, fueron despedidos casi 60.000 empleados públicos y, 9.000 de ellos, se encuentran bajo custodia policial. Además, el Gobierno ha emprendido una furiosa persecución en el sistema educativo, con el despido de 15.000 empleados del Ministerio de Educación, la quita de permisos para ejercer la docencia a más de 21.000 maestros de colegios privados, y forzando la renuncia de casi 1.600 decanos y directores de carreras en diversas universidades del país.

La idea inicial de ir hacia una “limpieza total” del sector público se topó con la advertencia de la Unión Europea (UE) respecto de que no aceptará la incorporación de Turquía en caso de reintroducir la pena de muerte, derogada en 2004. Igualmente, no es claro cómo continuará la serie de represalias oficiales.

El Presidente turco insiste con la hipótesis de que la rebelión militar del viernes pasado fue instigada por su ex aliado Fethullah Gülen, un clérigo islámico exiliado en Estados Unidos. La misma, hasta ahora, no ha gozado de gran credibilidad. Por el contrario, crecen las sospechas de que la maniobra contra Erdogan habría sido fomentada por ex miembros de su propio Gobierno para profundizar sus tácticas de persecución a opositores. Esta hipótesis ha cobrado más fuerza ayer luego de que el Presidente turco anunciara la imposición de una suerte de “estado de emergencia” por tres meses para prevenir supuestos nuevos intentos golpistas y preservar las instituciones democráticas. En realidad, bajo dicho estado, el presidente Erdogan y sus ministros pueden dictar leyes sin pasar por ningún debate previo en el Parlamento, y limitar libertades y el ejercicio de derechos con total discrecionalidad.

La economía

Todo esto, obviamente, complica la situación económica de este país. A pesar de la devaluación de la lira turca (que se ha devaluado 20% desde principios de 2015), tanto los atentados terroristas como la suspensión de relaciones diplomáticas con Rusia han desalentado la inversión e impedido la recuperación en la actividad industrial y en el turismo receptivo. De observarse una fuerte desaceleración económica es de esperar un significativo empeoramiento de las cuentas fiscales y el encarecimiento del crédito al sector privado.

Si bien no se espera por ahora ningún efecto contagio a otros países, Standard and Poor's redujo ayer la calificación de riesgo de la deuda soberana turca en moneda extranjera de BB+/B a BB/B, y la deuda en moneda local de BBB-/A-3 a BB+/B. Según esta agencia, el Gobierno turco tiene que refinanciar en los próximos 12 meses el 42% de su deuda externa total, que asciende a U$S 170.000 millones (24% del PIB estimado para este año).

Sin embargo, el Gobierno turco tiene como ventaja el hecho de que 2/3 de la deuda pública esté denominada en moneda local, y emitida a tasas fijas. Para las próximas semanas se espera además que Moody's y Fitch también reduzcan la calificación de la deuda de Turquía, pero su efecto no sería significativo. Al menos hasta ahora, no se percibe ningún efecto derrame negativo sobre otros países emergentes.

En la medida en que el presidente Erdogan controle la situación interna, aun con instrumentos y políticas no digeribles por otros gobiernos, la volatilidad y el riesgo de los activos y bonos de Turquía no afectarán a la demanda de bonos de los mercados emergentes. En el caso de los emisores de nuestro país, esta vez afortunadamente no habría ningún contagio visible que obligue a pagar mayores tasas de interés por la colocación de nueva deuda en los mercados del exterior.

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL

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