Trump asume el poder y la derecha global festeja. Marine Le Pen en Francia, Giorgia Meloni en Italia, el extremista Víktor Orbán en Hungría, Benjamin Netanyahu en Israel y Javier Milei, en el Río de la Plata, brindan con champagne y celebran la victoria de una cosmovisión representada por la familia tradicional, el hombre blanco heterosexual que lleva el pan a la casa y una mirada cristiana sobre el rol de la mujer. La ceremonia de Trump es una inyección de adrenalina para el nacionalismo en Occidente y para Javier Milei, en nuestro propio barrio.
El debate público nacional se va a ver afectado por Trump, que va a provocar cambios en la economía argentina, la conversación cultural y la seguridad. ¿Y ante el avance de estas derechas ultraconservadoras, cómo va a redefinirse la centroizquierda?
1. Economía
La palabra favorita del diccionario de Trump es "tariffs" (aranceles). Lo que Trump busca hacer con los aranceles va a afectar la economía argentina por el modelo de apertura económica que tiene Javier Milei en la cabeza. La presidencia de Trump puede tener un efecto negativo en las exportaciones de Argentina y probablemente contribuya a presionar la inflación, porque el aumento de los aranceles va a hacer que los productos a nivel global se encarezcan.
"Una buena relación con Trump -detalla Ignacio Labaqui, politólogo y profesor en UCA/UCEMA- tal vez ayude a que la Argentina sea exceptuada de medidas proteccionistas como las que promete aplicar Trump, aunque eso está por verse. Hay que prestar atención al impacto sistémico o global de sus medidas. Si las políticas de Trump generan presiones inflacionarias en Estados Unidos, eso va a llevar a que haya una suba de tasas, a un dólar fuerte y a precios bajos de materias primas. Es decir, aunque Trump tenga un buen trato con Argentina en lo bilateral, hay un potencial de riesgos por el efecto sistémico de su política económica".
Asimismo, Labaqui sostiene que la buena relación a nivel bilateral con los Estados Unidos probablemente ayude en la negociación de un nuevo programa con el FMI. "En la prensa se ha mencionado también la posibilidad de un nuevo acuerdo comercial con EE.UU., aunque eso es más difícil de implementar, ya que Argentina sigue siendo parte del Mercosur y no puede negociar por fuera del bloque; salir del Mercosur requiere el aval del Congreso". "A nivel financiero, es una ventaja que Milei y Trump tengan una buena relación", señala el politólogo Gerardo Delgado Stutz.
Si en efecto hay un rebrote inflacionario en Occidente, va a haber un aumento en el costo de vida; a su vez, como Trump tiene pensado aportar menos dinero a la OTAN, esto implica que los países europeos tengan que gastar más dinero en su propia defensa, lo que significa presupuestos europeos más ajustados y menos exportaciones argentinas a Europa. "Trump tiene en su política exterior la idea de America First, que es una política aislacionista a nivel económico, comercial y de geopolítica. Trump respalda la idea de desfinanciar a organismos multilaterales", destaca Stutz.
Si Trump sigue adelante con su política de aranceles, "son noticias complicadas para la economía argentina, porque afecta al campo, a la minería y a la industria petrolera", asegura un economista de una importante empresa multinacional que opera en Argentina. "Su secretario de Estado va a ser Marco Rubio, un republicano de Florida, perteneciente a la comunidad cubana de Miami -menciona Stutz-, por ende es probable que haya mayor intervención de EE.UU. en los asuntos de la región. La política America First podría afectar nuestras exportaciones si no hay una buena negociación. Exportaciones como energía, carne, limones y arándanos podrían verse afectadas".
Aunque Trump busca contentar a los trabajadores blancos estadounidenses de los cordones industriales, aumentar aranceles para reconstruir su industria y relocalizar las fábricas de Asia a Estados Unidos con el fenómeno del reshoring, es probable que haya acuerdos distintivos en cada país con respecto a los aranceles. En ese sentido, es mejor tener a un presidente argentino que el estadounidense no detesta, para que el muro arancelario impuesto a la Argentina sea más bajo. Hay una larga negociación económica por delante, pero es probable que nos juegue a favor no tener a un presidente que le grita nazi y xenófobo en la cara a Trump.

2. Conversación cultural
"La victoria de Trump legitima la agenda cultural de Milei", asegura Ignacio Santoro, politólogo y estudiante del doctorado en Ciencia Política de la Rice University, en Houston, Texas. "Es una victoria de un partido ultraconservador -detalla Santoro-. El triunfo más importante entre los partidos conservadores del mundo reunidos en el grupo CPAC, del que Milei forma parte y donde se encontró por primera vez con Donald Trump. La reelección del magnate estadounidense es, a nivel mundial, una legitimación de la agenda ultraconservadora en la democracia más fuerte y más antigua del mundo".
Sumado a esto, sobre la llegada de Elon Musk a la estructura del gobierno estadounidense, Santoro reflexiona: "Musk llega con algo que a Milei le interesa mucho, como lo es la desregulación del Estado con su Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés). Se habla de un posible contacto que tuvo Musk con Federico Sturzenegger, lo que legitima el desmantelamiento del Estado que está llevando adelante Milei".

Otra dimensión política que puede tener efectos en Argentina son los retrocesos y la restricción al aborto que logró Donald Trump en Estados Unidos. El gobierno de Milei amenaza con llevar adelante un proyecto en el Congreso para dar marcha atrás con el aborto legal, aprobado a fines de 2020. Igualmente, es esperable que haya un retroceso en la educación sexual integral y en las políticas de diversidad de género. Además, Elon Musk es un férreo defensor de la familia tradicional y esa mirada puede tener repercusiones en Argentina. Quizá no signifique cambios en la legislación, pero sí nuevas discusiones en la arena pública y en los medios de comunicación sobre la familia tradicional.
Trump también ganó por su odio a la inmigración ilegal. Quiere poner a los inmigrantes en campos separados, en campamentos, y deportarlos. "Vamos a meter a los criminales sanguinarios en la cárcel o los vamos a echar a patadas de nuestro país tan rápido como podamos", dijo durante la campaña. Su retórica va a tener efectos políticos en el Reino Unido, en Europa, en Chile, con la alta inmigración proveniente de Haití y Venezuela, y ¿en Argentina? Ignacio Santoro señala que en Estados Unidos las políticas inmigratorias "son un tema central. En Argentina son un tema periférico, pero hoy reaparecen constantemente en la agenda, como, por ejemplo, cuando el gobierno anunció el cobro de aranceles a estudiantes extranjeros en las universidades nacionales. Si bien la inmigración no tiene la misma relevancia que en Estados Unidos, no sería raro que ganara más protagonismo en la agenda pública de Argentina".

3. Seguridad
Trump ha dicho que puede acabar con la guerra en Ucrania en un solo día si llega a la presidencia. "Antes incluso de que llegue al Despacho Oval, tendré resuelta la desastrosa guerra entre Rusia y Ucrania", dijo. Sergei Markov, profesor de política en la Universidad Estatal de Moscú y antiguo asesor del presidente Putin, le dijo a la revista británica The New Statesman que Putin espera recibir muy pronto una llamada del presidente electo Trump pidiéndole un alto el fuego inmediato en Ucrania. El intelectual Wolfgang Münchau escribió: "Vladimir Putin va camino a ganar la guerra en Ucrania".
Es probable que Trump imponga un acuerdo de paz a ambas partes. Rusia mantendría las regiones del este de Ucrania —el Donbás y Crimea, de las que ya se ha apoderado— y buscaría un armisticio en el centro de Ucrania, cediendo ese territorio a Kiev. El peligro para Europa es que Rusia quedaría fortalecida y las fronteras con Polonia y el Báltico, tremendamente descuidadas. Por eso, la inversión de la OTAN tendrá que aumentar, y el presidente estadounidense quiere que los países miembros incrementen sus gastos en defensa para, además, venderles armas. Trump no quiere proteger a Europa, sino que quiere que pague la cuenta.
Esto también complica la relación entre Javier Milei y Volodímir Zelenski. ¿Va a intentar el presidente sudamericano por su propia cuenta ayudar a Ucrania en su lucha militar contra Rusia? Esa pregunta también va a formar parte de la conversación pública que tendrá Argentina por delante.

Elsa Llenderrozas, politóloga y directora de la carrera de Ciencia Política de la UBA, advierte que el próximo gobierno de Trump "aumentará la inestabilidad global, la inseguridad en Europa y la desconfianza de los países europeos sobre el respaldo de su socio estratégico, entre otros puntos. En cuanto a la relación con Argentina, el vínculo personal y el apoyo a Milei podrían suponer mayor respaldo internacional, particularmente con los organismos financieros. Pero la posible designación de Maurice Claver-Carone como principal funcionario para la región genera dudas sobre el papel de Argentina en la agenda de prioridades del gobierno norteamericano, teniendo en cuenta la pésima relación con algunos de los miembros de este gobierno. Otro factor depende del vínculo de Milei con Elon Musk, aunque esto dependerá del lugar que finalmente tenga el dueño de X en la administración estadounidense".

4. El futuro de la centroizquierda
"Es interesante pensar, tanto en Argentina como en Estados Unidos, el rol de la oposición, el rol de la izquierda del Partido Demócrata, de la izquierda del peronismo o de la izquierda en general en el mundo, que son espacios que están intentando repensarse en este momento ante el avance de derechas ultraconservadoras. Si bien sus ideas han fracasado por el momento, es importante ver cómo se reinventan para enfrentar a estos nuevos líderes, tan agresivos para las ideas que la izquierda defiende en el mundo", remarca el politólogo Santoro.
"Si el progreso es posible, también lo es el retroceso", escribe Susan Neiman en su libro Izquierda no es woke. La reconstrucción estadounidense —el período posterior a la Guerra de Secesión en el que se abolió la esclavitud y se introdujeron leyes para garantizar la igualdad, que duró desde 1865 hasta 1877— desató una feroz reacción conservadora. El Ku Klux Klan y otras fuerzas supremacistas restauraron el poder blanco mediante la violencia. Cada avance en la justicia ha generado su contragolpe. Lo mismo ocurrió tras la elección de Barack Obama en 2008, cuando muchos creyeron que la historia finalmente se orientaba hacia la justicia, solo para ver, ocho años después, el ascenso de Trump como reacción.
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"Si la historia estadounidense se halla enraizada en la conquista y la esclavitud, lo cierto es que también lo está en la resistencia a la conquista y a la esclavitud", escribe Neiman. Lo mismo puede decirse del presente: la reelección de Trump y el avance de las ultraderechas no son el capítulo final de la historia, sino un obstáculo a sortear. El éxito de quienes se oponen a estos nuevos liderazgos dependerá de su compromiso con el universalismo y con las demandas de los trabajadores, en toda su diversidad y heterogeneidad, de su capacidad para distinguir justicia de poder y de su fe en la posibilidad de progreso.
La pregunta es si la izquierda puede articular algo más grande que cambios superficiales, si es capaz de proyectar una transformación real. Porque el problema no es solo cambiar los pronombres. Es cambiar el mundo.
