Trump ganó cómodamente las elecciones y volverá a la Casa Blanca con la particularidad de poder gobernar los primeros dos años con mayoría en ambas cámaras legislativas.
Esto le permitiría avanzar de forma rápida en sus promesas de campaña, entre las que destacan el aumento significativo de los aranceles a las importaciones, la reducción de impuestos y una política inmigratoria más estricta.
Estas medidas tendrían impacto en el corto plazo, aunque en el mediano plazo ejercerían más presión sobre la inflación, la deuda pública y la expansión económica. Mientras tanto, la economía sigue creciendo con fuerza, el mercado laboral se mantiene sólido con una buena creación de empleos -a pesar del mal dato de octubre a raíz del impacto de los huracanes- y con salarios en alza, en tanto que el proceso de desinflación se ha detenido.
No obstante, la Fed volvió a bajar las tasas de interés -esta vez en 25 pb- y promete que lo seguirá haciendo en la medida en que los indicadores se alineen con sus objetivos. En este contexto, los inversores han reajustado sus expectativas, anticipando un camino más lento de recortes de tasas, con una inflación más elevada y tasas de interés más altas que ejercen presión sobre la curva de rendimientos de los bonos del Tesoro, fortaleciendo al dólar y afectando a los commodities, mientras que las acciones continúan alcanzando nuevos máximos.
Superada la incertidumbre electoral, la atención se centra ahora en las primeras medidas que adopte Trump y en la postura de la Fed frente a este nuevo desafío.
En nuestra cartera global, incrementamos la exposición en renta variable, priorizando empresas de menor capitalización; reducimos la participación en renta fija, enfocándonos en el tramo medio de la curva y en bonos corporativos de alto rendimiento; y mantuvimos la exposición al oro ante los riesgos geopolíticos actuales.