No es ninguna sorpresa que, lejos de impulsar políticas liberales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene una clara preferencia por el proteccionismo a la hora de hacer que su país sea "grande otra vez".
Pero el problema es que, desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha trastocado industrias enteras sin previo aviso, ya que adopta el enfoque más intervencionista en materia empresarial de cualquier presidente de la historia reciente.
Según Jeffrey Sonnenfeld, profesor de Yale citado por Financial Times, "MAGA se ha vuelto maoísta. Es capitalismo de Estado. No es ni remotamente conservador".
En otras palabras, los ejecutivos ya son conscientes del riesgo que supone provocar la ira del presidente. Por ello, intentando sufrir lo menos posible, solo unos pocos de las mayores empresas estadounidenses se han atrevido a desafiar a Trump.
Por ejemplo, el jefe de ExxonMobil, Darren Woods, hizo caso omiso la semana pasada de los llamamientos de Trump para que las empresas petroleras invirtieran miles de millones de dólares en Venezuela, calificando al país de "inviable para la inversión".
Por su parte, el director ejecutivo de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, también criticó a Trump cuando afirmó que los ataques al presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, podrían provocar un aumento de los tipos de interés y la inflación.
Como era de esperar, tanto Dimon como Woods se enfrentaron a rápidas reprimendas por parte de Trump, quien ha mostrado una fuerte voluntad de expresar sus opiniones sobre las empresas estadounidenses.
Según los líderes del sector, los acontecimientos de las últimas semanas (como la captura de Nicolás Maduro) son un anticipo de lo que está por venir, ya que es probable que el enfoque cada vez más imperioso de Trump se intensifique en 2026, con enormes consecuencias para las empresas estadounidenses.
En este sentido, los ejecutivos afirman que es probable que la lista de puntos conflictivos se amplíe.
Tras el ataque a Venezuela, los asesores señalan a Groenlandia, codiciada desde hace tiempo por Trump por su ubicación estratégica y sus recursos minerales, como posible próximo objetivo, una perspectiva que ya ha llamado la atención de las empresas energéticas y mineras.
Pero, para los directivos de las empresas, generalmente todo se reduce a su capacidad para establecer relaciones personales con Trump o ganarse su favor con compromisos llamativos o, por lo contrario, trata de pasar lo más desapercibidos posible.