La nueva carrera espacial inicia el 2025 a máxima potencia
Durante mucho tiempo, se sugirió que una nueva carrera espacial estaba cerca de comenzar. Sin embargo, el mes de enero de 2025 dejó en evidencia que ya estamos sumergidos de lleno en ella.
Aunque el año recién comienza, en apenas 15 días, una gran cantidad de sucesos en la materia se ha concretado.
Esta misma semana, intentando allanar el camino para el envío de astronautas a la Luna, un cohete de SpaceX lanzó el módulo de aterrizaje Blue Ghost al satélite natural.
Esta estructura, de la empresa privada Firefly, llegará a la Luna dentro de unos dos meses con el objetivo de llevar a cabo varias misiones con instrumentos de la NASA para que la agencia espacial pruebe su tecnología de perforación lunar y las capacidades de recolección de muestras de regolito (rocas y suelo lunares).
La realidad es que, a través del programa Artemisa, la NASA aspira a enviar astronautas a la Luna antes de que termine esta década, buscando evitar que China se apodere del satélite.
Para EE.UU., llegar a la Luna más de cincuenta años después de la última misión Apolo es de vital importancia por dos motivos: en primer lugar, se cree que allí hay una enorme cantidad de agua congelada, lo que permitiría construir una base permanente.
Y, a su vez, esto último sería clave de cara al objetivo final de la agencia de enviar astronautas a Marte: teniendo en cuenta la menor gravedad de la Luna, un despegue desde allí con destino al planeta rojo sería mucho más "económico".
Pero, más allá de esta cuestión, esta misma semana Blue Origin, empresa fundada por Jeff Bezos, concretó el vuelo debut de su supercohete New Glenn.
Con esta nave, Blue Origin busca competir en el cada vez más exigente mercado de los lanzamientos espaciales con SpaceX, empresa que domina el mercado con su cohete Falcon 9.
Sin embargo, New Glenn es aproximadamente dos veces más potente que el Falcon 9 y es capaz de transportar 50 toneladas (45 toneladas métricas) de carga útil a la órbita terrestre baja (LEO).
Incluso, el propio Elon Musk, fundador de SpaceX, felicitó a Bezos por el logro y ambos intercambiaron una serie de chistes en referencia a una supuesta vieja amistad.
Igualmente, pese a los avances de la empresa de Bezos, Musk sabe que lleva la delantera: en 2024, su empresa superó los 120 lanzamientos anules.
Incluso este mismo jueves SpaceX llevó a cabo el séptimo vuelo de prueba del Starship, el cohete más poderoso jamás construido, aunque la mala noticia de la jornada fue que la segunda etapa de la nave (Ship) terminó explotando.
El Starship, de 120 metros de altura y con una capacidad de carga de 150 toneladas, es el cohete que la NASA planea utilizar para llegar a la Luna y Marte.
Por el momento, el vehículo está en pleno desarrollo, aunque ya ha alcanzado increíbles logros: tanto durante el quinto vuelo de prueba como durante el séptimo, la primera etapa de la nave (Super Heavy) regresó a la Tierra y fue atrapada por los brazos mecánicos de la plataforma de lanzamiento.
La "reutilización" de los cohetes es un paso fundamental para abaratar costos, tal como lo demuestra el propio Falcon 9.
El poderío del Starship es tan impresionante que el propio Donald Trump estuvo presente en una de las pruebas del 2024.
Trump, que durante su primer mandato creó la Fuerza Espacial de EE.UU. y el Programa Artemisa, planea darle un nuevo impulso a la NASA.
Y es casi una obviedad que Musk, quien ocupará un cargo en su nuevo gobierno, se verá beneficiado de esta situación.
No todo es EE.UU.
Más allá del poderío de EE.UU. en la materia, otros países como China e India también están dando que hablar.
Esta misma semana, India se convirtió en el cuarto país en la historia de la humanidad en lograr un acoplamiento espacial.
Específicamente, Target y Chaser, dos satélites de la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO), se acoplaron con éxito, una maniobra fundamental de cara a las aspiraciones indias de construir su propia estación espacial.
Cabe recordar que, en 2023, India también se convirtió en el cuarto país en lograr aterrizar en la Luna con su módulo no tripulado Chandrayaan-3.
Ahora bien, si tenemos que hablar de potencias espaciales consolidades, sin dudas, China es quien más puede competir con EE.UU.
EL Gigante Asiático, único país con una Estación Espacial propia (la otra que existe es la Estación Espacial Internacional de EE.UU.y la Unión Europea, entre otros), ya ha confirmado que planea enviar astronautas a la Luna dentro de unos años.
Mientras tanto, continúa alcanzado increíbles hitos: en 2024, China se convirtió en el primer país en traer a la Tierra muestras de la cara oculta de la Luna.
La misión Chang'e-6 recogió las muestras en el Polo Sur-Aitken, un cráter en el lado del satélite natural que siempre está de espaldas a la Tierra.
Hay que destacar que el lado oculto es más difícil de explorar por estar orientado hacia afuera de la Tierra, lo que obliga a utilizar satélites de retransmisión para comunicarse con las naves espaciales que operan allí.
La fundamental industria de los satélites
Además de los viajes espaciales, es la industria de los satélites la que cada vez cobra mayor relevancia.
Por ejemplo, gracias a la red de Internet satelital Starlink, de SpaceX, ahora miles de personas en áreas rurales tienen conectividad.
La verdadera importancia de estas redes quedó en evidencia en la guerra en Ucrania, ya que Starlink le ha proporcionado conectividad a Kiev para hacerle frente a la invasión rusa.
De todas formas, la gran preocupación de muchos políticos es que, al ser una red privada, se corre el riesgo de perder el acceso a estos servicios si los CEOs, como el propio Musk, así lo deciden.
Conscientes de esta situación, en la Unión Europea están desarrollando el IRIS2, una constelación multiorbital de 290 satélites, valorada en 10.000 millones de euros, que no estará plenamente operativa antes de 2030.
Este proyecto es uno de los principales pilares de la estrategia de Defensa de la UE.
Sin embargo, una gran polémica se ha desatado en las últimas semanas, ya que la Italia de Giorgia Meloni estaría en negociaciones con Starlink para adquirir sus servicios, algo que, por enésima vez, pondría en jaque la solidaridad e integración europea. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar