¿Fue un destello fugaz? ¿Se trató de una imagen conciliadora que ofrece un "distinto y prudente" Donald Trump? Cuando asuma dentro de una semana la presidencia de los Estados Unidos, se sabrá.
Lo cierto es que en la despedida nacional de los despojos del ex presidente James Carter, fallecido a los 100 años de edad, se lo vio al republicano Trump departir muy amablemente con el ex presidente demócrata Barack Obama.
Por cierto, nada novedoso si se tratase de otros ex mandatarios. Pero nadie puede olvidar -menos sus protagonistas- cuando Trump afirmaba que Obama no había nacido en Estados Unidos, condición "sine qua non" para acceder a la máxima magistratura de ese país.
Aquello dejó dudas sobre el carácter racista de dicha afirmación. Tan sorprendente aún, como lo anterior, fue el apretón de manos con Mike Pence, su vicepresidente quién se negó a negar la certificación del Congreso al triunfo, hace cuatro años, del hoy saliente presidente Joseph Biden.
Aquella negativa de Pence motivó el intento de toma del Capitolio por parte de los "trumpistas" más extremistas. Ahora todo ocurre con "dulzura". Aparece un Trump "legalista" y moderado. Un Trump que acaba de zafar judicialmente de la correspondiente condena por desviar fondos de campaña.
La real o aparente moderación del impredecible presidente entrante choca con una agresividad casi nunca vista en materia de política exterior. Cierto es que, durante su anterior mandato, los soldados de Estados Unidos no se vieron implicados en ninguna nueva guerra.
Pero no se trata de guerra sino de un nacionalismo ofensivo. No es Franklin Roosevelt tras el ataque japonés a Pearl Harbour, ni es Harry Truman frente a Corea del Norte, ni es John Kennedy con Vietnam, por solo citar los casos más antiguos.
La comparación más adecuada es con principios del siglo XX. Por aquel entonces, la doctrina Monroe -así nombrada por su autor, el presidente James Monroe quien gobernó entre 1817 y 1825- pretendía alejar cualquier pretensión europea sobre el continente americano.
Fue inmediatamente posterior a la segunda guerra británico-norteamericana en 1812. Se trataba de una doctrina, que desvirtuada, dio pie para el desarrollo del posteriormente denominado como imperialismo norteamericano. Theodore Roosevelt era presidente entre 1901 y 1909.
En rigor, la doctrina Monroe postulaba un intercambio de abstenciones. Ni europeos interviniendo en América, ni norteamericanos interviniendo en Europa. Pero la buena intención, de parte y de otra, quedó en el olvido.
Ya en 1845, con la anexión de Texas, y en 1848, con la de California quedó demostrado que la aplicación de la doctrina superaba la etapa defensiva y habilitaba operaciones militares contra los vecinos, en esos casos, México.
En 1867, casi por un golpe de suerte, Alaska es comprada a los rusos que no querían venderla al Reino Unido. Con la guerra con España,1898, los Estados Unidos ocuparon y permanecieron por períodos más o menos prolongados, Cuba, Haití y Puerto Rico en el Mar Caribe y Filipinas y Guam en el Pacífico.
Con Theodore Roosevelt ya presidente, en 1903, el gobierno norteamericano "manipula" el independentismo panameño, que aspira separarse de Colombia, para finalizar y arrendar en franco abuso de canon -por lo bajo y por lo duradero- el Canal de Panamá.
La doctrina Monroe es entonces reformulada para auto arrogarse por parte de los Estados Unidos un "poder de policía" sobre el continente, en particular, sobre Centroamérica y el Caribe.
Hoy, Donald Trump apunta a retomar la línea de Theodore Roosevelt, solo que las víctimas son Panamá, Canadá y la posesión danesa de Groenlandia. En los tres casos, en desconocimiento de su soberanía.
¿Qué pensaría James Carter quien protagonizó la retrocesión del Canal a Panamá? Tal vez, por ello, en la catedral de Washington estaba presente el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Solo no lo estaba el rey Federico X de Dinamarca.
Alemania
Y lo que no puede uno, lo puede el otro. Casi por los desaguisados del autócrata ruso Vladimir Putin en sus intervenciones en los procesos electorales que incluyen un "intervencionismo" a favor del propio Trump en la reciente campaña electoral, el presidente entrante aparece como inhibido para operar en otras latitudes.
No así su momentáneo adlátere, el "nuevo rico" Elon Musk, quien ha hecho público, sin desautorización presidencial mediante, su apoyo a Alternativa para Alemania (AfD), partido político de extrema derecha.
Fue una entrevista con Alice Weidel, la máxima dirigente de AfD, difundida por X, la red social de Musk. Allí, el "nuevo rico" no se anduvo con chiquitas. Dijo que solo AfD era capaz de "salvar Alemania" y que si los votantes no se encolumnaban detrás "la situación va a empeorar verdaderamente".
Obviamente Weidel -¿billetera mediante?- reafirmaba cuanto decía Musk y ambos se deshacían en elogios para Trump. Llegaron al extremo -acomodaticio- de calificar a Adolf Hitler de comunista. Weidel, en cambio, se reivindicó conservadora.
Musk ha conseguido poner nerviosos a la mayoría de los dirigentes europeos. El propio canciller federal alemán Olaf Scholtz denunció la intervención de Musk en la campaña electoral que debe desembocar en la elección del próximo 23 de febrero.
Reino Unido
No conforme con su "participación" alemana, el propietario de Tesla y de X, también dedica parte de su tiempo a la política interna del Reino Unido. Claro, al igual que en Alemania, allí gestiona el Estado un gobierno de color socialdemócrata.
Entonces Musk dedica sus esfuerzos, red social mediante, a desinformar sobre algunos integrantes del gobierno del primer ministro Keir Starmer. Así trató de "apologista del genocidio por violación" a una subsecretaria reputada por su compromiso a favor de las víctimas de la violencia.
Fue más allá. Acusó a Starmer de "cómplice de las redes dedicadas a la pedocriminalidad". Obvio que sin pruebas. A las pruebas, las reemplaza Internet.
Pero la "pasión" intervencionista de Musk va más allá. Pretende -y millones le sobran- digitar, dentro de la extrema derecha siempre, al candidato de su agrado.
Musk había prometido US$ 100 millones para apoyar el partido de extrema derecha Reform UK, cuyo titular es el siempre sonriente Nigel Farage, pero esta vez se le borró la sonrisa cuando se enteró que los dólares prometidos no iban a llegar.
¿Razones? Al decir del propio Musk, porque Farage "no hizo cuanto se debe hacer para ser líder". Todo a las pocas horas de que Donald Trump reciba a Farage.
¿Hipótesis? O Farage no es lo suficientemente extremista, o Tommy Robinson es más barato. Robinson, cuyo verdadero nombre es Stephen Yaxley-Lennon, es un "influencer" británico de extrema derecha.
Es adepto a las teorías complotistas. Se presenta como anti inmigrantes y como anti musulmán. Actualmente, purga una pena de prisión por ultraje a un tribunal que lo condenó por difamación contra un ciudadano sirio. Es del agrado de Musk.
Posiblemente los admiradores del dueto Trump-Musk estarán de acuerdo con las intervenciones contra los socialdemócratas de Alemania y del Reino Unido. ¿Apoyarán también las eventuales conquistas militares de Canadá, Groenlandia y Panamá?