Donald Trump lo ha vuelto a hacer: el mandatario anunció un arancel sorpresa del 50% a los productos de Brasil a partir del 1 de agosto, un nivel sorprendentemente alto para un país que tiene una relación comercial equilibrada con EE.UU.
Esta orden arancelaria se dio a conocer en una carta al presidente brasileño Lula da Silva, alegando una "caza de brujas" contra Jair Bolsonaro: "La persecución política de Bolsonaro, su familia y sus partidarios es vergonzosa e irrespetuosa con las tradiciones democráticas de Brasil".
Además, Trump criticó lo que ꟷsegún élꟷ eran ataques de Brasil a las elecciones libres, la libertad de expresión de los estadounidenses y las "órdenes de censura secretas e ilegales a las plataformas de redes sociales de Estados Unidos".
En este sentido, le ordenó a la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos que inicie una nueva investigación de prácticas comerciales desleales de la "Sección 301", que podría agregar aún más aranceles por "los continuos ataques de Brasil a las actividades comerciales digitales de las empresas estadounidenses".
Brasil es el 15° mayor socio comercial de Estados Unidos, con un comercio bilateral total de US$ 92.000 millones en 2024. El país norteamericano posee un superávit comercial de US$ 7.400 millones, según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos.
Las principales exportaciones de Estados Unidos a Brasil son de aviones comerciales, productos derivados del petróleo y petróleo crudo, carbón y semiconductores, mientras que las principales exportaciones de Brasil a Estados Unidos son de petróleo crudo, café, acero semiacabado y arrabio.
Lula contrataca
Brasil, potencia regional que forma parte del grupo de los BRICS, históricamente se ha negado a quedar a la merced de Estados Unidos, incluso desafiándolo muchas veces (cabe recordar que, por ejemplo, Brasil obligaba a los turistas estadounidenses a sacar una "visa" para visitar su territorio).
Por ello, como era de esperar, Lula no se iba a quedar de brazos cruzados ante las amenazas de Trump: el mandatario brasileño emitió un comunicado en el que dijo que cualquier medida unilateral para aumentar los aranceles sería recibida con una respuesta de acuerdo con la ley brasileña.
Además, afirmó que las acusaciones de Trump acerca de que el comercio entre los dos países resultaba desventajoso para Estados Unidos eran falsas, y enfatizó que dicho país tiene un superávit comercial con Brasil.
"La soberanía, el respeto y la defensa inquebrantable de los intereses del pueblo brasileño son los valores que guían nuestra relación con el mundo", agregó. Estados Unidos es el segundo mayor socio comercial de Brasil después de China.
El lunes, cuando Trump había amenazado con imponer un arancel adicional del 10% al grupo BRICS, Lula ya había dejado en claro que "el mundo ha cambiado. No queremos un emperador".

Más allá de Bolsonaro
Aunque la cercanía entre Trump y Bolsonaro podría ser un motivo de la reacción del líder norteamericano, la realidad es que Washington está mirando mucho más allá: durante la cumbre de los BRICS, celebrada el pasado fin de semana en Brasil, Lula subrayó el papel de los países fundadores del grupo en la construcción de "una nueva realidad multipolar para el siglo XXI".
Cabe recordar que este grupo ꟷcreado en 2009 por Brasil, Rusia, India y China, a los que se sumó luego Sudáfricaꟷ, tiene como principal objetivo presentar una alternativa para los países en desarrollo frente al orden liberal liderado por Estados Unidos.
Los BRICS ya aportan el 48,5% de la población global, concentran el 39% del PIB, son responsables del 24% del total del comercio exterior, el 43,6% de la producción petrolera y la reserva mundial, y el 78,2% de carbón mineral.
Por ello, ante el creciente poder del grupo (el cual también tiene importantes disputas internas, principalmente entre India y China), Lula abogó por una reforma de la gobernanza global y enfatizó la capacidad del bloque para convertirse en "una fuerza capaz de promover la paz y de prevenir y mediar conflictos" gracias a sus diversas realidades.
"Podemos sentar las bases para un sistema renovado de gobernanza. Para superar la crisis de confianza que ahora enfrentamos, debemos reformar fundamentalmente el Consejo de Seguridad haciéndolo más legítimo, representativo, efectivo y democrático", argumentó, además de dejar en claro que la sustitución del dólar por monedas locales en el comercio internacional entre los países del bloque es un proceso "que no tiene retorno".
Y como si todo esto no fuese suficiente, a la hora de poner en duda el liderazgo norteamericano, durante la cumbre Lula también anunció la creación de una vía transoceánica que conectará el Atlántico con el Pacífico en Sudamérica. El corredor logístico, que recibirá financiamiento chino, unirá Río de Janeiro, en la costa de Brasil, con el Puerto de Chancay, en Perú.
Pero el dato para tener en cuenta es que el puerto de Chancay representa la mayor inversión de Pekín en América del Sur (US$ 1.300 millones) e incluso el propio presidente chino, Xi Jinping, asistió en noviembre a la inauguración la terminal portuaria de aguas profundas. En otras palabras, el Gigante Asiático cada vez está más presente en el patio trasero de Estados Unidos.
¿Más TACO para Trump?
Más allá del impacto que los aranceles puedan tener en Brasil, lo cierto es que el Gigante Sudamericano tiene una posición más fuerte que muchas naciones en desarrollo, ya que su exposición comercial es relativamente menor a Estados Unidos en comparación con otros países como México.
Hoy en día, Estados Unidos recibe alrededor del 12% de las exportaciones de Brasil, menos de la mitad de lo que compra China, y solo representan alrededor del 1% del PIB.
Pero lo que sí es una realidad es que los aranceles a Brasil podrían tener un impacto significativo en los precios de los alimentos en Estados Unidos. Por ejemplo, alrededor de un tercio del café consumido en Estados Unidos, el mayor consumidor de esta bebida en el mundo, proviene de Brasil, que es el mayor productor a nivel internacional. Las exportaciones anuales de café brasileño a Estados Unidos se acercan a los 8 millones de sacos.
Además, más de la mitad del jugo de naranja que se vende en Estados Unidos proviene de Brasil, que tiene una participación del 80% en el comercio mundial del jugo.
Por ello, una de las grandes cuestiones es si Trump se mantendrá firme con su decisión o, caso contrario, le hará honor a su nuevo apodo TACO (Trump Always Chickens Out, por sus siglas en inglés): Trump siempre se acobarda.