No hay casi ninguna novedad entre el discurso inaugural de Trump de 2017 y el de 2025. A la par del contenido, su oratoria clara y directa, ya marca registrada, facilita la interpretación rápida de sus palabras.
- America First, la protección orientada a la creación de puestos de trabajo, el combate al crimen y a las drogas, la polarización con un establishment opuesto a los intereses del pueblo norteamericano y la preservación de las fronteras.
En ese ámbito, nada nuevo bajo el sol, salvo la mirada escéptica de quienes pensaron que Trump era una golondrina que no haría verano.
Como reza el viejo adagio, las sorpresas no existen, sino los sorprendidos. En particular, aquellos que fantasearon con que el playboy neoyorquino no le ganaría a Hillary Clinton y, peor aún, que tras las elecciones sería un presidente más, del montón. Semejante visión incubaba un gran pecado original, más bien mortal. En su rasgo más profundo, el de no comprender o, más grave aún, el de negar lo que emergió tras el pandemónium financiero de 2008 mal llamado "de las hipotecas" que apenas eran un átomo de una bomba sólo imaginable por Robert Oppenheimer.
En tal ámbito, aquél evento que involucró a una serie de herramientas financieras refinadas al extremo, entre otros aportes, por la mano de obra desocupada con alta formación en ciencias exactas proveniente de la implosionada Unión Soviética, le ponía la última tachuela al ataúd de los sucesivos intentos de restaurar el largo ciclo de prosperidad de posguerra de Estados Unidos, así como de Occidente en general, interrumpido a mediados de la década del '70 por el mazazo proveniente de los Emiratos Energéticos de Medio Oriente que, al unísono, decidieron clausurar la fiesta en 1973.
Game over. Era la clausura de una amplia ventana de 35 años que no dejó anabólicos financieros sin ensayar. ¡Pero ya no entraba más mugre bajo la alfombra! Ni siquiera con los súper estimulantes tan sofisticados como adictivos incentivados por una Reserva Federal dónde su máxima autoridad por casi 20 años, Alan Greenspan, afirmaba que "dejando de lado la regulación de seguridad y solidez de los operadores en virtud de las leyes bancarias y de valores, resulta innecesaria la regulación de las transacciones de derivados negociadas en privado por profesionales".
MAGA, el partido de los trabajadores
En tal contexto, Trump y su movimiento, que trasciende y reformula los límites del Partido Republicano, representó la ambulancia que levantó a los heridos de un sector huérfano de representación política desde aquellos tiempos marcados por el desmantelamiento del tejido industrial del medio oeste de Estados Unidos que migró a China, México y otros países del sudeste asiático o que, en simultáneo, se evaporó a caballo de un proceso de cambio tecnológico que siempre lleva aparejado la creación y destrucción de empresas, al igual que de puestos de trabajo.
Es ahí, en ese cuadrante del GPS político que tanto Trump como su partido Make America Great Again construyeron una narrativa que se mantuvo incólume en ambos discursos presidenciales inaugurales.

En palabras de Steve Bannon, el presidente que hoy vuelve a lo Perón en 1974 convirtió al Viejo Gran Partido en el partido de los trabajadores, pero no de cualquier trabajador, sino de aquellos trabajadores bien distantes de pilares republicanos tradicionales como la libre inmigración y comercio que, a causa de esa "traición" de la dirigencia, se quedaron sin nada.
Hasta aquí, ello es la descripción pura y dura del genoma trumpista. Por cierto, una matriz política exacerbada por su victoria de 2016 acotada al Colegio Electoral y, más aún, por una derrota en ambos planos en 2020 que activó un componente explosivo para cualquier movimiento político: la toma del Capitolio con la lógica percepción de un bautismo de fuego histórico. Hablando de peronismo, lo que significó el 17 de octubre en cuanto a la conexión de un líder con sus fieles y la verosimilitud respecto a la existencia de un establishment conspirador y traicionero.
No obstante, el 5 de noviembre de 2024 pasaron cosas. En especial, aquél Trump de nicho de 2016 que quedó 3 millones de votos abajo de su contrincante demócrata, se encontró con una victoria de una transversalidad territorial y sectorial insospechada por las encuestas preelectorales que, sin perjuicio de su intencionalidad política, tuvieron una vez más muchas dificultades para captar el poderoso componente suburbano de los votantes de pequeñas ciudades de menos de 15.000 habitantes o, en las grandes urbes, para quebrar la espiral de silencio alrededor de un nombre que continúa siendo tabú.
Transversalidad y legado
En ese plano, el presidente que estuvo al borde la cárcel y hoy emprende su segunda aventura política introdujo en su discurso tres grandes novedades que, aún no explicando los trece minutos adicionales de duración en su mayoría concentrados en brindar más detalles a su guión de siempre, igual representan tres poderosas señales a futuro.
- En primer término, la lectura de Trump del proceso electoral así como diluye en general el perfil de pandilla de su falange política, a la par descafeína una columna central y polémica de su campaña referida a la idea de una "batalla final".
Por cierto, un mantra que sintoniza bien con un movimiento político de nicho, pero que resulta difícil maridarlo con la consigna de un presidente que gobierna para todos sin importar su origen social, profesional o territorial. En una palabra, un presidente emanado del voto popular y no resultante de la alquimia del Colegio Electoral diseñada por los padres fundadores de Estados Unidos, con el objetivo político de aislar al proceso electoral de las preferencias de las mayorías populares. En tal aspecto, Trump ya no es más el presidente raro sustentado por los votantes raros del Estados Unidos profundo.
- En segundo lugar, la alusión al área de salud conlleva una poderosa señal política asociada a una inquietud tradicional de la base electoral demócrata que fue testigo en los '90 de un primer intento de reforma frustrada, el Hillarycare, y después de otra exitosa, el Obamacare. En simultáneo, la mención a la salud también sugiere que el presidente entrante levantó el guante en cuanto a un incidente que está muy a flor de piel en la opinión pública luego del asesinato del CEO de United Healthcare a manos de un Luigi Mangione que generó entre simpatía e idolatría en el segmento de jóvenes sub 30.
- Por último, el antiguo conductor del reality El Aprendiz meneó en su nuevo discurso inaugural una palabra clave cargada de futuro: legado. Por cierto, una referencia nada inocente que, más allá de la alusión específica al arquetipo del Pacificador que implica bondad y tolerancia entre otras virtudes, en simultáneo activa el proceso más importante así como traumático en la esfera de la política: la sucesión.
Volviendo una vez más a la referencia local, ¿conseguirá Trump el éxito que no tuvo el entonces moribundo líder argentino en su tránsito a la alimentación herbívora?
El final está abierto.