Este martes, cientos de manifestantes salieron a las calles de Venezuela para exigir que el presidente, Nicolás Maduro, reconozca que perdió las elecciones del domingo ante la oposición.
Las protestas, que el gobierno denunció como un intento de "golpe de Estado", comenzaron después de que la Junta Electoral declarara que Maduro había ganado un tercer mandato con el 51% de los votos.
Los manifestantes opositores marcharon en la capital, Caracas, y en las ciudades de Valencia, Maracay, San Cristóbal, Maracaibo y Barquisimeto en donde, además de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, derribaron varias estatuas del expresidente Hugo Chávez. En total, el número de detenidos asciende a más de 700 desde el domingo.
Por otra parte, a nivel internacional, el Departamento de Observación Electoral de la OEA anunció que no puede reconocer los resultados del Consejo Nacional Electoral de Venezuela.
Según el organismo regional de 35 miembros, que se reunirá para abordar la cuestión el miércoles, el Consejo Nacional Electoral se ha mostrado sesgado hacia el gobierno.
"Los acontecimientos de la noche electoral confirman una estrategia coordinada, desarrollada en los últimos meses, para socavar la integridad del proceso electoral", explicó el organismo de la OEA.
"La evidencia muestra un esfuerzo por parte del régimen para ignorar la voluntad de la mayoría expresada en las urnas por millones de hombres y mujeres venezolanos. Lo ocurrido demuestra, una vez más, que el CNE, sus autoridades y el sistema electoral venezolano están al servicio del Poder Ejecutivo, no de los ciudadanos", agregó.
En este sentido, en Estados Unidos, altos funcionarios continúan analizando cómo proceder, aunque la realidad es que las tensiones geopolíticas en Ucrania, Gaza y Taiwán mantiene la atención de Washington desviada.
Entre las medidas que EE.UU. considera implementar, se destacan sanciones individuales o prohibiciones de viaje a Estados Unidos de funcionarios venezolanos, incluidos aquellos vinculados a las elecciones.
"Tenemos una serie de opciones y consideraciones que podemos aplicar a esta situación mientras vemos cuáles son las decisiones que tomará el Consejo Nacional Electoral en los próximos días con respecto a la publicación de los datos que ya se han mencionado", dijo un funcionario anónimo citado por Reuters.
Sin embargo, como era de esperar, Rusia y China respaldaron a Maduro: el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, consideró que la "oposición no quiere aceptar su derrota, pero creemos que la oposición debe hacer esto, debe felicitar al ganador de estas elecciones".
"Es muy importante que estos intentos de sacudir la situación dentro de Venezuela no sean alimentados por terceros países, y que Venezuela esté libre de interferencias externas", agregó Peskov, en clara referencia a EE.UU.
Por su parte, el presidente de China, Xi Jinping, se expresó públicamente sobre el asunto: "China, como siempre, apoyará firmemente los esfuerzos de Venezuela para salvaguardar la soberanía nacional, la dignidad nacional y la estabilidad social, y apoyará firmemente la justa causa de Venezuela de oponerse a la interferencia externa".
Sin embargo, sin dudas la declaración más polémica de la jornada fue la del presidente de Brasil, Lula da Silva, quien aseguró estar convencido de que las elecciones en Venezuela fueron un "proceso normal y tranquilo", aunque instó a Caracas a publicar las actas de votación.
Así, con Moscú y Pekín apoyando a Maduro, y con Washington, que tiene demasiados frentes que cubrir, se hace difícil creer que el régimen reconocerá su derrota en las últimas elecciones presidenciales.