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Guerra en Ucrania

Alemania ya tomó una decisión

El Gobierno de Olaf Scholz abandonó la ambigüedad estratégica

Alemania ya tomó una decisión
Alemania ya tomó una decisión
Franco Marinone Franco Marinone 03-03-2022
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Alemania ha tomado una decisión trascendental para su futuro, y de alcance aún desconocido. En un inicio, había optado por cierta moderación ante el conflicto que se vive en Ucrania. Pero la semana pasada el canciller Olaf Scholz anunció la suspensión de la autorización para el gasoducto Nord Stream 2, el envío de armas a Ucrania y una partida de US$ 113.000 millones adicionales para financiar al Ejército alemán. 

En la misma línea, Alemania ha suscrito a las nuevas sanciones europeas que, al contrario de las anteriores, sí pueden generar un gran daño a la economía rusa, ya que incluyen la desconexión de parte de la banca rusa del sistema SWIFT y la congelación de las reservas exteriores del Banco Central de Rusia.

Quisiera pensar que estas medidas se aprobaron desde la autonomía plena de la política alemana, pero la realidad es que se han realizado debido a la presión ejercida desde el exterior, en particular desde Estados Unidos

A quien dude de ello quizá le sean reveladoras las palabras de Joe Biden ante la pregunta de una periodista, hace unas semanas, que le cuestionaba cómo iban a paralizar el gasoducto Nord Stream 2 si se encontraba bajo control alemán. Biden respondió: “No se preocupe, lo haremos”. Olaf Scholz, a su lado, guardaba silencio. 

El fin de la ambigüedad estratégica de Alemania respecto al conflicto ucraniano, al igual que para el resto de Europa, tendrá graves consecuencias. Ahora que la guerra está en marcha, el alineamiento con Estados Unidos cobra más sentido, pero este enfrentamiento podría haber sido evitado si la presión de la OTAN y el juego de seducción de la UE sobre los países del este europeo no se hubiese dado. 

Los principales dirigentes de Occidente sabían que Ucrania era una línea roja, y han intentado traspasarla, provocando una reacción desmesurada de Rusia. 

El Gobierno ruso por su parte ha llevado a sus ciudadanos a la guerra, y por ende también a la ciudadanía ucraniana, saltándose todas las reglas vigentes del derecho internacional, y trayendo, no lo olvidemos, la muerte a las calles de Ucrania.

Alemania congela activos y Rusia, alemanes

La transición verde de Europa tiene un sentido más allá del propagandístico cuidado del planeta, y es la terrible dependencia de la UE en materia energética, especialmente de Rusia. 

Es algo que siempre estuvo sobre la mesa de discusión, pero debería haberse sumado al debate la dependencia europea en materia de seguridad, ya que ahora se ha visto forzada a tomar decisiones apresuras ante la amenazas del Gobierno ruso. 

La paralización de la puesta en funcionamiento del Nord Stream 2 supone poner fin a la llegada de 55.000 millones de metros cúbicos de gas a los depósitos alemanes. Pero las consecuencias podrían ser mayores si Rusia decidiera cerrar el grifo del Nord Stream I, que suministra 59.000 millones de metros cúbicos de gas natural al año a Alemania. 

Teniendo en cuenta que 54% del gas consumido en el país germano proviene de Rusia, en caso de que Putin decidiera cortar el suministro, podría interrumpirse el funcionamiento de industrias estratégicas, y muchos ciudadanos alemanes quedarían sin calefacción en un país donde en invierno la temperatura media oscila entre 1,5 y 6 grados bajo cero, según la región. 

Ante este panorama, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que “Europa está preparada” para prescindir del gas ruso, mencionando a otros proveedores como Estados Unidos, Argelia, Qatar, o Noruega. No le falta razón en que  la UE sería capaz de suplir al gas ruso, pero a un elevado precio al que ya ha hecho alusión el expresidente ruso Dmitry Medvedev. “Bienvenidos al nuevo mundo feliz donde los europeos van a pagar muy pronto 2.000 euros por 1.000 metros cúbicos de gas natural”, tuiteó Medvedev.

Y es que los precios de la energía se dispararon en Europa, lo que entre otras cuestiones genera un alza inflacionaria que ha encendido todas las alarmas del Banco Central Europeo. Para 2022, ya se había planteado la idea de subir las tasas de interés y retirar el programa de compra de deuda de los países de la UE. Sin embargo, las consecuencias económicas de este conflicto han paralizado estas acciones.  

Si Alemania, y la UE, quieren jugar un papel relevante en este nuevo escenario internacional tiene que profundizar su integración política, y eso pasa necesariamente por la articulación de una sólida política exterior común que incluya una auténtica política cohesionada en el ámbito de la seguridad y la defensa. 

Quizá la presión ejercida hoy por Rusia sobre los países europeos sirva para poner en marcha nuevamente el proceso de integración europea para que alcance un estado de independencia que le permita, en el futuro, tomar decisiones que favorezcan a los estados integrantes de la unión. 

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