Informe

No imprime más billetes, pero igual obedece al Gobierno: el nuevo rol del BCRA

El Gobierno endurece la política monetaria para frenar al dólar antes de las elecciones. ¿Vuelve la dominancia fiscal? Un informe revela datos clave.
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La política monetaria argentina vive una paradoja: aunque ya no financia directamente al fisco ni hay "maquinita" operando, está cada vez más supeditada a las urgencias del Gobierno. Hoy, su objetivo excluyente es uno: contener la presión cambiaria en la antesala de las elecciones. 

Así lo advierte un informe de Invecq, que analiza las últimas decisiones del Banco Central y sus consecuencias. El título del informe es más que sugerente: "¿Volvió la dominancia fiscal?".

Encajes en niveles récord

El Banco Central dispuso una nueva suba de los encajes y elevó la proporción integrable con títulos públicos. Es el cuarto ajuste desde julio y llevó la exigencia de efectivo mínimo por encima del 50%, el nivel más alto desde los primeros años '90.

La maniobra tiene un doble propósito, aunque ambas vertientes se subordinan al mismo fin: frenar un salto cambiario. Por un lado, facilitar que el Tesoro renueve sus vencimientos y extienda duration en un escenario cada vez más adverso. Por el otro, absorber pesos y endurecer la política monetaria para limitar la dolarización.

El mito de "no hay pesos"

El discurso oficial repite que la base monetaria está fija y que "no hay pesos para correr al dólar". Pero los datos contradicen ese relato. Según Invecq, el M3 privado creció en términos reales en 14 de los últimos 16 meses, con solo dos bajas marginales. Hoy alcanza los $115 billones, prácticamente en los mismos niveles de fines de 2023, y medido al CCL equivale a US$ 86.000 millones, 122% más que antes de la llegada de Javier Milei al poder.

Además, la imposibilidad del Tesoro de refinanciar íntegramente sus compromisos y la transferencia de $12 billones en utilidades desde el BCRA en abril —expansiva en los hechos, pese al relato oficial de neutralidad— alimentaron la oferta de pesos.

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Tasas en el límite

Tras el desarme de las LEFI, las tasas de interés se volvieron volátiles y se ubican en niveles históricamente elevados en términos reales. Si bien el Gobierno reconoce que este endurecimiento asfixia la actividad, lo presenta como un sacrificio transitorio que se extenderá hasta las elecciones.

En los hechos, la estrategia oficial es clara: tolerar recesión y caída de la actividad a cambio de reforzar el control del dólar y la inflación.

El día después

De aquí a octubre, el equipo económico jugará todas sus fichas a sostener el tipo de cambio. El rumbo futuro dependerá del resultado electoral.

Si el oficialismo logra una victoria amplia, buscará mantener el dólar estable —e incluso algo más bajo— con apoyo de un eventual ingreso de capitales frescos.

El escenario más probable, sin embargo, es un ajuste: una corrección cambiaria moderada del orden del 10-20%, con pass-through acotado, acompañada por una baja de tasas. El objetivo será recomponer reservas, aliviar la necesidad de financiamiento y devolver oxígeno a la economía real.

En otras palabras, resume Invecq, la cuarentena monetaria puede prolongarse un poco más, pero el día después exigirá cirugía mayor.

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