El 2024 cierra con un balance positivo en términos económicos, aunque deja sobre la mesa importantes desafíos para el 2025.
Este año estuvo marcado por avances clave: una consolidación fiscal inédita en más de una década, una notable desaceleración inflacionaria y una recesión mucho más moderada de lo esperado.
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El "semáforo" que hemos utilizado para evaluar las principales variables cerró mayormente en verde, reflejando avances significativos en áreas como la estabilidad cambiaria, el control de la brecha y un repunte de la actividad económica, impulsado fundamentalmente por la cosecha agrícola, el sector energético y la estabilización del crédito.
Entre los logros más destacados se encuentra el superávit fiscal, que fue posible gracias a una disciplina que sorprendió tanto por su alcance como por su sostenibilidad, y que contribuyó a reducir la volatilidad económica.
Además, el gobierno logró contener la brecha cambiaria y presentó una política monetaria que ayudó a anclar las expectativas inflacionarias. Esto permitió cerrar el año con un contexto más predecible, algo valioso en una economía históricamente volátil. La calle ordenada, la agenda política alineada con estos objetivos y el repunte del crédito completan un panorama donde el balance es claramente favorable.
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Sin embargo, los desafíos de 2025 no son menores, pues la sostenibilidad de estos logros dependerá de abordar problemas estructurales como el déficit de cuenta corriente, el fortalecimiento de las reservas internacionales y el atraso cambiario.
Además, será esencial reducir la pobreza, reactivar la economía urbana y avanzar en la salida del cepo, todo esto en un año electoral que traerá como siempre incertidumbre y volatilidad.