Dólar, bonos y acciones: cómo prepararse para un segundo semestre clave
El autor es Head of Wealth Management de Cocos
Partimos desde una foto actual que muestra cierta estabilidad. La inflación continúa con una trayectoria a la baja, y el tipo de cambio, si bien subió en las últimas semanas, se mantiene estable y dentro de las bandas previstas.
De cara al segundo semestre, hay dos factores centrales que vale la pena monitorear con atención.
El primero es la política. En mercados emergentes las variables políticas suelen tener un peso mayor que las económicas, y Argentina no es la excepción. Aún sin elecciones en el horizonte inmediato, el debate sobre el rumbo del gobierno y las tensiones internas seguirán marcando el pulso del mercado.
El segundo punto clave es el flujo de divisas. Tradicionalmente, el segundo semestre representa un desafío para la estabilidad cambiaria debido a la menor liquidación del agro. Este factor reduce el flujo de dólares genuinos, lo que puede tensionar al mercado si no hay refuerzos desde otros frentes. En este sentido, el tipo de cambio real multilateral aparece algo atrasado frente al promedio histórico, aunque también debemos tener en cuenta que el DXY (índice que mide la fortaleza del dólar estadounidense frente a otras monedas) se encuentra a la baja desde febrero, la comparación internacional puede matizar esa lectura, lo cual debería generar presión hacia una apreciación del peso.
En este entorno, seguimos prefiriendo una posición defensiva con fuerte exposición a instrumentos en dólares. Creemos que los bonos soberanos ya recorrieron buena parte de su rally en esta etapa de compresión del riesgo país. Si bien queda algo de recorrido, el mercado parece estar esperando un nuevo driver para consolidar la tendencia: puede ser una acumulación sostenida de reservas, un avance en reformas estructurales o un respaldo político más claro. Hasta que eso ocurra, preferimos priorizar la cautela a través de obligaciones negociables de corto plazo o vehículos diversificados como fondos en dólares.
En el mundo pesos, las tasas reales siguen siendo atractivas. Los bonos CER de mediano plazo ofrecen cobertura ante eventuales sorpresas inflacionarias o virajes en el clima político. Un ejemplo es el TX26, que rinde actualmente en el orden de CER + 11,5%. En Argentina no es común ver tasas reales por encima del 10/11%, lo cual refuerza su atractivo en esta zona. Si bien algún bono a tasa fija podría superar esa renta en términos reales de acá a un año, no creemos que el premio compense el riesgo adicional que implica ese posicionamiento.
Dentro del equity argentino seguimos viendo valor en sectores vinculados a energía, particularmente Oil & Gas. Nombres como TGS o Pampa Energía combinan buenos balances, exposición al mercado externo y potencial defensivo frente a shocks locales.
Sin embargo, al igual que con la deuda soberana, creemos que al equity argentino también le falta un catalizador claro para impulsar una nueva etapa alcista. El mercado parece exigir señales más firmes: acumulación de reservas, avances legislativos o algún hito político que refuerce la continuidad de reformas.
En resumen, vemos un escenario de estabilidad relativa pero frágil, donde el principal riesgo no es una disrupción inmediata, sino la falta de catalizadores claros que permitan sostener o profundizar la recuperación de los activos argentinos. Sin un cambio de narrativa —ya sea por acumulación de reservas, señales políticas firmes o avances estructurales— es probable que el mercado mantenga un sesgo de cautela. En ese marco, creemos que la clave pasa por balancear exposición en dólares con cobertura en pesos vía CER, priorizando instrumentos de corto y mediano plazo, y siendo muy selectivos en equity local. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar