La provincia del Neuquén, después de la reforma constitucional de 1994, posee el dominio de sus recursos hidrocarburíferos. Eso significa que tiene a su cargo la responsabilidad de procurar la monetización de esos recursos, que en el subsuelo valen cero.
Más aún, debería ponerlos en valor en los próximos 40 años, plazo mayormente aceptado para la transición energética hacia cero combustiones fósiles.
Es decir que lo que no se haya explotado durante la transición quedará prácticamente sin valor bajo tierra. Neuquén alberga el mayor recurso de hidrocarburos del país y si los ingresos a generar se usaran mayoritariamente para gasto y no para inversión, como ha ocurrido hasta ahora, la provincia se encontrará sin recursos económicos que reemplacen al generado por la industria petrolera al finalizar la transición.
Es lo que ocurre con muchas republiquetas que desprecian el largo plazo y se concentran en políticas de poder coyunturales. Neuquén, por la riqueza de su mega yacimiento gasífero Loma de La Lata, desde la década del '70 ha tenido ingentes ingresos por regalías, pero su declinación y la falta de inversiones para sustituir sus ingresos por nuevos desarrollos productivos, presagiaban hasta hace muy poco un futuro complicado para la provincia que un nuevo y excepcional descubrimiento puede evitar, con un mejor uso de la renta petrolera que capta la provincia.
A raíz de un relevamiento llevado a cabo por la EIA, agencia de información energética de Estados Unidos, en 2011 y ratificado en 2013 se confirmo la presencia en la Argentina de formaciones generadoras de hidrocarburos, o rocas madre, con cuantiosos recursos de gas y petróleo, extraíbles comercialmente gracias al desarrollo avanzado del sistema de fractura hidráulica.
Ese relevamiento indicó que en nuestro país había recursos técnicamente explotables por 802 TCF de gas y 480.000 millones de barriles de petróleo. Recursos de escala mundial: segundo y cuarto respectivamente. Pero lo significativo del caso es que la mayoría se encuentran en territorio neuquino que, por ejemplo, cuenta con el 67% del shale gas del país.
Además, en Neuquén está el único yacimiento de shale en explotación comercial que produce la mitad del total país y es en Vaca Muerta donde se aplica la técnica de fractura hidráulica más importante a nivel mundial después de EEUU. La producción no convencional está cubriendo los faltantes por declinación de la mayoría los yacimientos convencionales del país y esa tendencia indica que en unos 10 años los shale significarán más del 80% de la producción, con la particularidad que esa producción se concentrará en territorio neuquino.
De ser así, Neuquén se transformará en el generador de divisas más importante del país mediante las exportaciones de crudo, al principio, y de LNG en los siguientes 30 años, por magnitudes que pueden superar las generadas por el campo. Ante este escenario, muy factible si Argentina hace las cosas bien en lo económico, político e institucional, la provincia debería replantease el uso de los inmensos ingresos que significará la puesta en valor de los recursos shale en su territorio, mediante un marco legal con respaldo político que establezca para las próximas décadas el destino de esos ingresos, limitando en todo lo posible el gasto corriente.
Por ley se deberían definir los destinos de la renta petrolera que captará la provincia, definiendo las partidas para:
- Inversión en infraestructura necesaria para bajar costos en la producción petrolera y promover el otro gran recuso postergado sin límites en el futuro, el turismo.
- Inversión transgeneracional, como la educación y el conocimiento, orientados al desarrollo de actividades tradicionales de la provincia como como la frutihortícola y la vitivinícola y al desarrollo de tecnologías e informática.