La transformación de la matriz gasífera argentina, impulsada por el crecimiento de Vaca Muerta, está modificando la composición del gas natural que llega a hogares e industrias. Sin embargo, esas variaciones no representan un riesgo para los usuarios siempre que las instalaciones y los artefactos se encuentren en condiciones adecuadas de funcionamiento.
Esa fue la principal conclusión del webinar organizado por MEGSA, en el que el ingeniero Carlos Casares, consultor independiente y uno de los especialistas que participó en la actualización de la normativa del ENARGAS, analizó el impacto de la nueva calidad del gas.
El experto explicó que el incremento del contenido de etano, propano y butanos —conocido técnicamente como un gas más "húmedo"— implicó una variación de apenas 4,8% y 4,9% en el poder calorífico, valores que, según estudios nacionales e internacionales, no afectan el desempeño de los artefactos domiciliarios.
"Un mayor contenido de etano, propano y butanos no es condición suficiente para afirmar que la combustión será deficiente. Una combustión de calidad depende de una correcta mezcla entre aire y combustible, algo que solo garantizan artefactos nuevos o correctamente mantenidos", afirmó Casares.
Las estadísticas contradicen los temores
Uno de los datos más llamativos de la presentación fue la comparación entre distintas regiones del país. Mientras Camuzzi Gas del Sur, cuya red prácticamente no recibe gas de Vaca Muerta, registra la mayor tasa de incidentes y fallecimientos por monóxido de carbono, la zona de Camuzzi Gas Pampeana, una de las que más gas neuquino consume, mostró la mayor reducción de accidentes en los últimos tres años.
Para Casares, las estadísticas son contundentes: no existe una relación entre la composición del gas y los episodios de intoxicación por monóxido de carbono. "Los incidentes tienen una correlación mucho más fuerte con el estado de las instalaciones internas y la falta de mantenimiento de los gasodomésticos que con la calidad del gas", sostuvo.
El especialista consideró que el principal desafío regulatorio pasa por avanzar con la revisión periódica obligatoria de las instalaciones internas, una herramienta prevista por la normativa pero cuya implementación aún sigue pendiente.
A esa asignatura sumó otra preocupación: la falta de certificación de los detectores de monóxido de carbono que se comercializan en el país. "Hoy no existe un organismo que certifique esos equipos. Se pueden comprar por cualquier plataforma y no hay controles sobre su calidad ni sobre su vida útil", advirtió.
Casares reconoció que algunos procesos industriales altamente sensibles sí pueden verse afectados por cambios en la composición del gas. Mencionó como ejemplo el proceso de reducción directa de Acindar, donde la presencia de propano y butanos modifica el funcionamiento de los equipos.
No obstante, fue categórico respecto de la solución. "La calidad del gas no debe adaptarse a las necesidades de un usuario particular. Son las plantas industriales las que deben ajustarse al gas que recibirán", afirmó.
Durante la exposición también comparó la situación argentina con otros mercados. Recordó que Estados Unidos históricamente distribuyó un gas de bajo poder calorífico por la extracción de líquidos, mientras que Japón opera con uno de los valores más altos debido al uso de GNL.
Sin embargo, explicó que incluso en Estados Unidos hubo momentos en que los productores dejaron de extraer propano y butano durante los picos de demanda invernal para comercializarlos directamente junto al gas natural.
"Una cosa es la normativa y otra es la realidad del mercado", resumió. De cara al futuro, Casares advirtió que el contenido de etano en el gas de red continuará creciendo si ese componente no encuentra nuevos destinos industriales, como la petroquímica.
También señaló que Argentina todavía no inyecta hidrógeno en las redes, aunque Europa ya avanza con mezclas de hasta el 25%, y recordó que los principales desafíos tecnológicos no están en la combustión sino en la resistencia de los gasoductos.
Como conclusión, defendió la actualización de la normativa argentina, cuyos parámetros ya fueron tomados como referencia por Chile y que, según explicó, fueron diseñados para acompañar la expansión de Vaca Muerta y el desarrollo de las futuras exportaciones de GNL.
El mensaje final del webinar fue claro: la evolución de la calidad del gas natural no compromete la seguridad. El verdadero desafío sigue estando puertas adentro, en el mantenimiento de las instalaciones y de los artefactos que utilizan millones de usuarios.