Carlos Casares presentó su renuncia indeclinable al cargo de interventor del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas) luego de no ser seleccionado para integrar el directorio del flamante Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE).
La decisión se conoció a través de una carta dirigida a la secretaria de Energía, María Tettamanti, y al secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González.
"Entiendo que no he satisfecho vuestras expectativas y/o no cuento ya con vuestra confianza para continuar colaborando", escribió Casares, justificando su salida como consecuencia de la falta de respaldo político evidenciada en el cuestionado concurso público para conformar la conducción del nuevo organismo.
En su misiva, el ahora ex funcionario repasó los principales hitos de su gestión desde enero de 2024, entre los que destacó la implementación de la Adecuación Tarifaria Transitoria con obligación de inversiones, la puesta en marcha de la Revisión Quinquenal Tarifaria 2025-2030 —la primera integral en más de dos décadas— y la ejecución de ajustes mensuales que aportaron previsibilidad a los usuarios.
Casares también subrayó la racionalización del plantel del organismo, que pasó de 707 a 516 empleados, la regularización de más de 1.000 expedientes sancionatorios pendientes y la actualización de normas técnicas clave. Asimismo, resaltó los avances en transparencia institucional, con un índice de acceso a la información que creció del 66% al 92,6% en menos de dos años.
Además, el interventor recordó la colaboración del Enargas en proyectos estratégicos, como la ampliación del Gasoducto Perito Moreno, la reglamentación de la Ley de Bases en materia de hidrocarburos y el diseño del esquema de focalización de subsidios al gas, todas iniciativas fundamentales dentro del plan energético impulsado por La Libertad Avanza desde 2023.
Pese a este balance, Casares consideró que su continuidad carecía de sentido ante la elección de Néstor Lamboglia para presidir el nuevo ente y la ausencia de criterios técnicos claros en el proceso de selección, que privilegió a funcionarios cercanos al oficialismo.
La renuncia marca un quiebre en la transición hacia el ENRGE, que aún no cuenta con autoridades plenamente designadas y enfrenta la implementación pendiente de nuevos esquemas de subsidios y regulaciones. Con su salida, Casares cierra una etapa de dos años al frente del Enargas, dejando al descubierto las tensiones políticas que atraviesan la conformación del nuevo regulador energético del país.