La competitividad del gas de Vaca Muerta empieza a modificar el mapa energético del Cono Sur. De acuerdo con estimaciones de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), un proceso de integración gasífera entre Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay permitiría generar ahorros de entre US$ 1.600 millones y US$ 2.400 millones por año mediante el reemplazo de importaciones de gas natural licuado (GNL) por producción regional.
Durante un webinar organizado por OLADE, Guido Gubinelli, especialista del organismo, sostuvo que esos beneficios no solo mejorarían la balanza comercial de los países importadores, sino que reducirían los costos energéticos para la industria, especialmente en el sur de Brasil, uno de los principales polos manufactureros de América Latina.
El caso más avanzado es el de Chile. Tras la reapertura de las exportaciones argentinas en 2018, el país pasó de no vender gas a abastecer cerca de dos tercios de la demanda chilena, con una creciente participación de contratos firmes. Para ambos mercados, el resultado fue una reducción de costos energéticos para Chile y un nuevo flujo de divisas para la Argentina.
La siguiente etapa apunta a proyectos de mayor escala. Entre ellos sobresale la posibilidad de utilizar terminales chilenas para licuar gas proveniente de Vaca Muerta y exportarlo como GNL hacia los mercados del Pacífico. Para concretar esas inversiones será necesario consolidar acuerdos de largo plazo que otorguen previsibilidad comercial y regulatoria.
En paralelo, el Mercosur avanza en la construcción de un mercado regional de gas. Actualmente se trabaja en la armonización de normas técnicas, estándares de calidad y mecanismos transparentes para definir las tarifas del transporte de gas a través de Bolivia, uno de los corredores estratégicos para conectar Vaca Muerta con Brasil.
En esa misma dirección se inscribe el memorando de entendimiento firmado entre Argentina y Brasil para analizar alternativas que permitan al gas argentino competir con la producción offshore del presal brasileño. El objetivo es ampliar la oferta disponible para la industria brasileña y generar una mayor competencia entre proveedores.
Según Gubinelli, el respaldo de organismos multilaterales como CAF resulta clave para financiar la infraestructura necesaria. El banco de desarrollo mantiene su apoyo a proyectos vinculados al gas natural al considerarlo un combustible de transición que facilita el proceso de descarbonización sin comprometer la seguridad energética.
El desafío, sin embargo, excede la construcción de gasoductos. La integración dependerá de la capacidad de los países para armonizar regulaciones, garantizar estabilidad jurídica y hacer compatibles los contratos entre los distintos mercados. Solo con reglas previsibles, sostienen en OLADE, el gas de Vaca Muerta podrá consolidarse como el motor de un mercado energético regional más competitivo, seguro y eficiente.