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Informe del IAE

“La situación productiva y financiera de YPF es frágil”

“El Gobierno debe comprender que YPF debe ser parte de la solución a los desafíos que presenta el sector energético”, dice un documento del IAE Gral. Mosconi

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13-12-2021
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Hoy se cumplen 114 años del descubrimiento del petróleo argentino en Comodoro Rivadavia por parte del Estado Nacional. Por eso, cada 13 de diciembre se celebra el Día del Petróleo Argentino.

La Comisión Directiva del IAE Gral. Mosconi decidió aprovechar la fecha para expresar “su honda preocupación por la empresa YPF, que fue, y sigue siendo la columna vertebral del sistema energético argentino, bajo la premisa de que una YPF en funcionamiento normal armoniza y aporta racionalidad al conjunto energético nacional”. Por el contrario, “la situación contraria desestabiliza a todo el sistema energético generando dudas, enormes ineficiencias al conjunto y sobrecostos a la hacienda pública”. 

El aporte, dicen en el Mosconi, está dirigido en primer lugar al Gobierno, pero también y en forma paralela a los partidos políticos con representación parlamentaria, a la comunidad de trabajo de YPF y a todos los que de una forma u otra integran el sector energético argentino y no pretende otra cosa que abrir una instancia de debate sobre los grandes problemas de un sector en “transición profunda”.

YPF: ¿en camino a una nueva crisis? 

La situación productiva y financiera de YPF es frágil porque el Gobierno le impone restricciones que la perjudican.

YPF produce el 47% del petróleo, casi el 30% del gas natural y 55% de los combustibles refinados del país. “A raíz de ello es la columna vertebral del sistema energético nacional que depende en 85% del petróleo y del gas natural que, en gran parte, produce YPF”, destacan. 

Desde su privatización a inicios de los '90 hasta su actual conformación donde el Estado es titular del 51% del paquete accionario, YPF fue gestionada con diversos modelos empresarios que, en esencia, despojaron a la compañía de su rol estratégico para afrontar un futuro de enormes desafíos. 

“El resultado es una YPF sin estrategia y con un presente preocupante. La coyuntura nos muestra una empresa que carga una pesada deuda financiera, fuera del mercado internacional de créditos y que se financia en los últimos años solo a partir de su flujo de fondos que, a su vez, depende casi en su totalidad del mercado doméstico. La evolución productiva de YPF, así como la situación económica y financiera reciente de la empresa, revelan dificultades de magnitud a las que es necesario prestar atención”, agregan desde el IAE. 

La producción acumulada de YPF (petróleo + gas) presenta una decadencia crónica como consecuencia de la declinación de sus históricos yacimientos convencionales de bajo costo de producción. Esta declinación no pudo ser revertida ni por el aporte de nuevos descubrimientos en el Siglo XXI ni por la producción secundaria/terciaria y tampoco por el aumento de la producción no convencional que muestra un incremento interanual cercano al 30%. 

A esta situación se suma la caída de reservas de los últimos años que se refleja en índices de reposición de reservas comprobadas inferiores a la unidad, lo que configura un escenario de incertidumbre en caso de continuar las tendencias actuales. Las reservas de YPF son en la actualidad 19% inferiores a las de 2008.

“La situación económico-financiera de YPF luce frágil y con fuerte dependencia de la evolución del mercado doméstico. No solo por parte de la demanda sino también por la evolución de los precios internos de la energía, y particularmente de los combustibles, que a su vez son consecuencia de las pendulares políticas públicas de los últimos años. Lo anterior explica la fuerte correlación observada entre el valor bursátil de la empresa y la evolución del riesgo país. A la fecha, el valor bursátil de YPF asciende a US$ 1.377 millones equivalente al 10% de su valor en 2008”, dicen desde IAE.

Los ingresos promedio y el EBITDA (resultado bruto) de los últimos años se ubican en los US$ 14.000 y US$ 4.000 millones, respectivamente. Con ese nivel de EBITDA la empresa solventa inversiones anuales que se ubican en el entorno de los US$ 3.000 millones y, a su vez, paga intereses por otros US$ 1.000 millones.

Deuda e inversión

“La empresa carga con un endeudamiento superior a los US$ 7.400 millones cuyo origen es un proceso de inversión que no logró valorizar activos ni alcanzar los objetivos de producción. Y, si bien las inversiones de YPF acotaron parte de los riesgos en el yacimiento Vaca Muerta, la política de inversión agotó los recursos de la empresa y la dejó fuera del mercado financiero nacional e internacional”, agrega el trabajo del IAE. 

Hoy, YPF sólo encuentra financiamiento en “beneficios fiscales espurios como el diferimiento del pago del impuesto a los combustibles, parte de la recaudación del impuesto a la riqueza, la colación de obligaciones negociables a tasa subsidiada al Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses que perjudican a la clase pasiva, en programas de promoción industrial a partir del proyecto de promoción de hidrocarburos en tratamiento (postergado) en el Congreso y la nueva ley de biocombustibles que reduce el corte perjudicando al ambiente pero favoreciendo a las petroleras”, señala el trabajo. 

Las necesidades financieras para lo que resta del año y el 2022 destinadas al pago de la deuda, capital e intereses no parecen ser un problema, pero dejan a la compañía sin margen para las inversiones adicionales que YPF anuncia para 2022. En un contexto de fragilidad, dice el documento, YPF enfrenta el gran desafío que representa la transición energética que a su vez implica un futuro cercano con menor uso de hidrocarburos y por lo tanto una fecha de vencimiento para su actual modelo de negocios y de gran parte de sus activos.

La gestión de YPF enfrenta condicionamientos que exceden su capacidad de gestión, dice el IAE y pone dos ejemplos. 

La intervención de hecho de los precios domésticos del petróleo, combustibles y gas natural afectan de manera directa a la economía de YPF cuyos ingresos dependen en más de 80% del mercado local. En ese punto, una disrupción macroeconómica tendría efectos directos en la economía de la compañía, en su capacidad de inversión y por consecuencia en el abastecimiento de energía. 

La gestión de la deuda, que obliga a YPF a destinar gran parte de su flujo de fondos al pago de obligaciones financieras le resta capacidad de inversión, y las restricciones al mercado de cambios la obliga a enfrentar innecesarias renegociaciones que la alejan del mercado de crédito internacional. 

“Es claro que las decisiones del Gobierno llevan a YPF a asumir costos que exceden su capacidad de pago y a una crisis que posteriormente podría requerir un 'rescate'. Esto significa aportes de recursos que directa o indirectamente provienen del Tesoro, es decir, de todos los contribuyentes”, dicen.

Cambios necesarios en el curso de acción

Según el IAE, no quedan dudas de que se requiere un cambio de curso en las decisiones del Gobierno que afectan y limitan las acciones de la empresa “y eso incluye una alta gerencia que oriente la gestión a la creación de valor y al resguardo de los intereses de los accionistas (tanto el Estado como los privados)”. 

“Debe permitirse que YPF pueda disponer libremente del petróleo que produce, sea con destino al mercado interno o la exportación. Los precios de la energía primaria que se transen en mercados competitivos deben estar relacionados con valores internacionales. Esto no significa desabastecimiento doméstico, sino reconocer precios internos mayoristas similares a la paridad de exportación”, señalan desde el IAE y concluyen: “Debe permitirse que YPF opere en un entorno de mayor flexibilidad, según reglas de mercado y sin asumir funciones 'extra-empresariales'. YPF, la empresa energética más importante del país no solo por historia sino por su presente, tiene capacidad de recuperación si se le brindan los medios. El gobierno debe comprender que YPF debe ser parte de la solución a los desafíos que presenta el sector energético en la actualidad”.

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General Enrique Mosconi

El General Enrique Mosconi

El General Enrique Carlos Alberto Mosconi (1877-1940) fue un militar. Alcanzó el grado de general de división. Se graduó de ingeniero civil en la Universidad de Buenos Aires y de ingeniero militar de la Academia Técnica de Prusia. Fue el promotor y organizador de la explotación integral del petróleo en Argentina. En 1922 se lo designó director general de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, cargo que desempeñó durante ocho años. Promovió la construcción de la monumental destilería de La Plata, inaugurada en 1925; llevó adelante la electrificación de Comodoro Rivadavia y echó las bases de una flota de buques tanque. Hijo de Enrico Mosconi, un ingeniero italiano dedicado al tendido de vías férreas y de María Juana Canavery, una argentina de ascendencia irlandesa, Mosconi creció en la ciudad de Buenos Aires. Mosconi, leal a sus ideas radicales, no quiso colaborar en la Década Infame cuando los militares del momento se lo pidieron

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