El impensado problema detrás del boom del café de especialidad empieza a hacerse visible: los vasos descartables que acompañan el consumo "para llevar" están generando un volumen de residuos difícil de manejar y potencialmente tóxico.
- Un informe reciente advierte que en Argentina se usarían 1.615 millones de recipientes al año, pero solo el 1% se recicla.
Aunque el café gana terreno como hábito urbano —especialmente entre jóvenes y trabajadores— esa expansión trae una consecuencia silenciosa.
A diferencia de lo que muchos creen, los vasos no son de papel: están hechos de polipapel, una mezcla de papel, plástico, tintas y adhesivos que impide su reciclado tradicional. Un envase que se usa solo minutos puede tardar siglos en degradarse. Investigaciones científicas señalan además que, al contacto con el agua, liberan microplásticos y sustancias que contaminan ríos, lagos y océanos, ingresando a la cadena alimentaria.
La crítica gastronómica Sabrina Cuculiansky relativiza el impacto y afirmó a Clarín que el café de especialidad "se sigue tomando mayormente en el local". Sostiene que el crecimiento del consumo está más asociado al ámbito hogareño y que no observa un auge masivo del take-away. También asegura que en ferias y eventos se separan los vasos orgánicos del resto para evitar contaminación. Pero los especialistas ambientales advierten que la tendencia global muestra lo contrario: en países como EE.UU., Reino Unido o Alemania, entre el 70% y el 80% del café se consume en envases descartables, una dirección hacia la cual Argentina parece encaminarse.
La magnitud del problema se potencia en oficinas, universidades y espacios laborales, donde el uso cotidiano se multiplica. Un estudio citado en Science calcula entre 250 y 300 mil millones de vasos descartables al año en el mundo, con reciclabilidad inferior al 1%.
- Y eso sin contar tapas, fundas ni cucharitas plásticas, que elevan aún más la huella ambiental.
- Lo que comenzó hace un siglo como una solución higiénica hoy se convirtió en un residuo persistente y tóxico de la vida urbana moderna.
Frente a este panorama, surgen alternativas locales. En la UADE, un equipo de estudiantes y docentes desarrolla envases biodegradables hechos con borra de café, reutilizando los desechos de las propias cafeterías de la universidad. La iniciativa, liderada por la diseñadora Camila Castro Grinstein, busca demostrar que es posible reemplazar plásticos y cartones por biomateriales sostenibles. Una solución que apunta a transformar la basura de cada taza en nuevos objetos útiles, y a abrir un camino replicable para cafeterías y comercios del país.


