Con la mira puesta en 2023

El camino del Gobierno desde el 15-N hasta la próxima PASO

Deberá reponerse del probable traspié electoral y potenciar una gestión deslucida (en gran medida, por la pandemia) para ser una oferta atractiva en 2023

El camino del Gobierno desde el 15-N hasta la próxima PASO
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Desde el 15 de noviembre se abre un nuevo periodo para el Gobierno y el peronismo, en sentido amplio. Deberá reponerse del probable traspié electoral y potenciar una gestión deslucida (en gran medida, por la pandemia) para ser una oferta atractiva en 2023. No es un desafío menor. Enfrente, tendrá un retador muy serio: Juntos por el Cambio, quizás el vehículo más competitivo del no peronismo desde 1983 hasta acá. Por si fuera poco, el riesgo del tribalismo dentro del universo peronista será otra amenaza latente que, si se expone, no ayudará a construir una opción competitiva en 2023.

Ese laberinto preocupa al peronismo y también a empresas e inversores porque, además de todo, hay una economía con serios desequilibrios. La manera en que el Gobierno decida caminar los próximos dos años serán decisivos para la dinámica de esos desequilibrios macro (fiscal-monetario y cambiario, sobre todo): estos pueden acentuarse, contenerse o reducirse. Estos, a su vez, retroalimentará la dinámica de la economía real que recién ahora se está recuperando del shock pandémico, pero aún sigue debajo del pico de 2017. 

Ninguno de esos escenarios está exento de costos y el primero es el que más preocupa. Una acentuación de los desequilibrios, con más volatilidad nominal, puede surgir no sólo de la voluntad oficial de no ajustar o hacer un “service” sino de otras variantes contextuales que se manejan en la Casa Rosada: una tercera ola de Covid-19, una sequía que complique la gruesa de 2022 o un escenario global con mayor aversión al riesgo.  

La expectativa de una victoria de JxC en las presidenciales de 2023 puede ayudar, en el margen, con las expectativas y beneficiar de rebote al Frente de Todos (FdT). Algo similar a lo que ocurriera en 2013, cuando el hoy oficialista Sergio Massa enterró el sueño de Diana Conti y otros de una “Cristina eterna”. El mundo de los negocios y las finanzas vio un fin de ciclo en horizonte de corto plazo y, también es cierto, el kirchnerismo ensayó cierto giro hacia el pragmatismo económico, obturado por el “pari passu” de Thomas Griesa. 

“Esta vez será diferente. Incluso si el domingo que viene se produjera una debacle electoral del Frente de Todos de mayor contundencia a la registrada en las PASO, algo que acentuaría la percepción de fin de ciclo, difícilmente veremos un rally como el registrado con posterioridad a las elecciones de 2013”, escribió Ignacio Labaqui en 7 Miradas. Como anticipo está el rally pos-PASO: un resultado muy adverso para el FdT y no “priceado” por el mercado generó una suba en los activos tan corta como poco significativa. 

Labaqui enumera varios motivos.  

  • “La situación de la Argentina en 2021 es muy diferente a la de 2013. Por empezar, los desequilibrios económicos a resolver son mayores. No es claro que el actual gobierno sea el que los resuelva. La fragilidad política de la administración de Alberto Fernández no parece compatible con el plan de estabilización que requiere la economía. A resultas de lo cual, posiblemente quien suceda a Fernández recibirá nuevamente una pesada herencia, más pesada que la recibida por Macri y por el propio Fernández”, dice.
  • La incertidumbre respecto del arreglo con el Fondo Monetario Internacional definitivamente no ayuda. Pero incluso si se llegara a un acuerdo con el FMI, tampoco será la panacea. Tal vez no sea la 'curita' que describió el exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del organismo Alejandro Werner, pero tampoco será la solución a los problemas económicos que aquejan a Argentina. Tan solo un primer paso, necesario, pero no suficiente. A los ojos de los inversores importa más el contenido del acuerdo, que el hecho del acuerdo en sí. Un arreglo de baja intensidad será en el mejor de los casos una oportunidad de salida para muchos tenedores de deuda argentina reestructurada”, agrega, como segundo punto.
  • El lugar que ocupa Argentina hoy a los ojos de la comunidad inversora internacional. La Argentina ostenta hoy el dudoso privilegio de ser un mercado 'stand-alone'. No es emergente ni de frontera. Argentina comparte esta clasificación de Morgan Stanley Capital International (MSCI) con un pequeño grupo de países: Jamaica, Panamá, Trinidad y Tobago, Bosnia, Bulgaria, Ucrania, Malta, Zimbabwe, Líbano y Palestina. Por razones regulatorias y/o políticas, estos mercados resultan poco atractivos”, señala el analista político.
  • “Suele repetirse que los mercados no tienen memoria. Por momentos parece que Argentina buscara con particular ahínco testear la memoria de los inversores. El último ciclo de 'ilusión y desencanto' de los inversores internacionales dejó muchos heridos, quienes probablemente piensen dos veces antes de retornar a Argentina. Dada la experiencia reciente probablemente tome mucho más que la promesa de un 'gobierno de rubios y ojos celestes' para tentar a los fondos de inversión con las oportunidades que ofrece la Argentina”, agrega Labaqui.
  • Por último, dice, “países de la región con fundamentos mucho más sólidos que los de Argentina reciben actualmente muchas más atención que nuestro país por a causa de la incertidumbre política”. Basta con mirar los portales de países vecinos para entender la frágil situación actual de la región. “Lógicamente Argentina, con su pila de problemas a cuestas y su reputación, despierta hoy menos atención”, concluye.

“Muy probablemente la primera reacción del mercado financiero sea celebrar una derrota del Gobierno bajo la creencia de que habrá un giro hacia políticas más amigables hacia el mercado. Pasada la euforia inicial, vendrá el baño de realidad. Quedan dos años de gobierno, no resulta claro cómo reaccionará el oficialismo frente al veredicto de las urnas y la elección presidencial es hoy muy lejana. El porvenir es largo”, concluye. 

Lo describió Javier Timerman, días atrás. “Generalmente, los mercados se anticipan a las decisiones, pero en Argentina los rumores no funcionan y los inversores están esperando los hechos”, dijo el socio de AdCap para resumir la expectativa reprimida con Argentina. 

La clave de todo pasa por la reacción del Gobierno, algo que se visualizará en las próximas semanas. El Poder Ejecutivo dispone de más de 20 meses, probablemente sin el Covid como protagonista estelar, para rearmar la gestión y jugar un partido que, dicen, se cortó a los 5 minutos del primer tiempo, en alusión al invasor de Wuhan. Los nombres de los funcionarios, las agendas, las convocatorias y los tonos, pasado el “modo campaña”, darán pistas sobre lo que vendrá. La negociación con el FMI aparece como un factor clave, que puede (o no) anclar expectativas.  

Las proyecciones lineales no suelen ser muy certeras en Argentina, sobre todo viniendo de tiempos anómalos como los de 2020.  

El 2023 sigue demasiado lejos.  

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