Para disgusto de los críticos del Gobierno, la economía argentina está creciendo prácticamente desde hace un año, después de haber hecho hizo piso por abril de 2024. Adicionalmente, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) en su última medición (febrero de 2025) nos muestra estar cerca del máximo histórico alcanzado en 2017.
Ante la imposibilidad de criticar la performance de crecimiento que acompaña a una inflación en descenso, algunos economistas con poca simpatía hacia el plan económico argumentan que se trata de una recuperación "heterogénea" que no alcanza a muchos sectores. Esta heterogeneidad puede verse por ejemplo en la disparidad entre la expansión continua de sectores como la minería, el agro y la intermediación financiera frente a la retracción de otras actividades como la construcción y la industria. Contrario a lo que argumentan los críticos, el crecimiento diferencial de distintos sectores de la economía no solo es esperable, sino además positivo.
Para entender por qué, solo hay que recordar el esquema económico durante el Gobierno de Alberto Fernández. Un dólar financiero extraordinariamente alto (alrededor de $3.000 a precios de hoy) y una brecha de 200% contra el dólar oficial; enormes incentivos a cualquier negocio que sirviera para arbitrar esos valores; restricciones de todo tipo sobre el comercio exterior; tarifas de servicios públicos en el subsuelo; enorme incertidumbre sobre el valor de la moneda e incentivos a huir de la misma vía atesoramiento de lo que fuera: desde inmuebles hasta latas de atún. Un modelo que sobrestimulaba el consumo y destruía cualquier iniciativa de largo plazo.
En contraposición al caos de 2023, el programa económico actual ha paulatinamente ido recuperando el orden y haciendo que la economía se parezca más a la de un país "normal" (si bien todavía falta mucho). En estos nuevos precios relativos, sumados a la eliminación de distorsiones, incentivos a las grandes inversiones, y empuje desregulador, es de esperar que florezcan sectores económicos diferentes.
Si no fuera así, significaría que el Gobierno está fallando en ejecutar el mandato de cambio que votó el electorado.
¿Qué deberíamos ver si el plan "sale bien"?
En primer lugar, el comercio exterior -tanto exportaciones como importaciones- debería crecer mucho más rápido que la economía. Por el lado de las expo, sabemos que esto debería ser cierto por el incremento de exportaciones de energía y minerales, pero en un marco de mayor previsibilidad otros sectores también pueden expandir su actividad.
El clivaje acá no es entre industria y recursos naturales, sino entre sectores competitivos y no competitivos de la economía. Por ejemplo, dentro del sector industrial en el último año los casi 8.000 puestos de trabajo registrado menos de la industria textil contrastan con los 3.400 más en la industria de los alimentos. De hecho, en el primer trimestre de 2025 las exportaciones de manufacturas de origen industrial fueron 14% mayores a las del año anterior.
En segundo lugar, la inversión debería aumentar como porcentaje de la economía. De acuerdo al Indec, esto ya comenzó a suceder desde el tercer trimestre de 2024. La eliminación de restricciones en el mercado de cambios es un paso importante para consolidar esto, al reducir incertidumbre y producir un tipo de cambio único que genere las señales correctas para la inversión.
Finalmente, la recuperación de la credibilidad de la moneda debería estimular el crédito al sector privado y con él, la intermediación financiera. También esto está sucediendo, pero el crédito en Argentina sigue siendo una pequeña fracción del disponible en países vecinos y existe muchísimo espacio para crecer.
Si el Gobierno puede sostener los equilibrios macro, consolidar estas tendencias y refrendar sus resultados en las urnas, quizás, entonces, esta vez sea diferente.