El punto de partida para cualquier análisis de la economía argentina actual es el agotamiento de la forma de organización económica vigente desde 2002. Fuerte intervención estatal y de los mercados, proteccionismo, limitada inserción internacional, precios domésticos superiores a los internacionales, promoviendo el mercado interno y los bienes no transables en detrimento de los transables. Los resultados son elocuentes:
- El PIB de 2023 había sido similar al de 2011, es decir, 12 años de estancamiento.
- La inflación de 2023 fue 211,4% anual.
- El tamaño del Estado consolidado Nación-provincias-municipios en 2023 era 41% del PIB, un nivel de gasto público no financiable.
- La economía argentina es una economía en corrección y dramático cambio estructural cada tres o cuatro lustros aproximadamente. En cada cambio hay transiciones temporales inevitables con ganadores y perdedores en la microeconomía.
En la visión de la actual Administración (2023-2027) la micro debe ser orientada por el mercado, es decir, los recursos capital y trabajo se asignarán hacia actividades con ventajas competitivas privadas.
Esto quiere decir transables -impulsados por el RIGI- como petróleo y sobre todo gas, minería y forestal; granos (si se eliminan los derechos de exportación); tecnología; finanzas; unas pocas industrias capital-intensivo transformadoras de RR.NN. (petroquímica, plásticos), farmacéuticas y algunos no transables como el real estate y parte de la construcción.
Otras industrias en reacomodamiento, como la automotriz, donde cabe esperar una reasignación de terminales viables en el país dada la falta de dinamismo de las ventas internas y el acotado esquema exportador. Sería notorio el nuevo rol de las multinacionales, sobre todo en tecnología (IA, satelital) y minería (cobre el principal, quizás uranio, más litio entre otros minerales críticos para la transición energética y las nuevas tecnologías digitales globales).
La reactivación es lenta y heterogénea por sectores, pero sin deterioro significativo adicional del mercado laboral, ya muy dañado desde hace unos veinte años. El salario, determinado por el mercado y la productividad.
El consumo privado, motorizado por el segmento ABC1 y el salario formal privado que ha recuperado todo el shock inflacionario provocado desde diciembre de 2023 para lograr la corrección de precios relativos.
El desempleo no apunta como un problema masivo dada la capacidad de absorción de la informalidad, que es más tolerada dada una inflación que sigue bajando y debería converger al promedio regional del Mercosur en 2026.
La perspectiva productiva y de empleo de mediano plazo apunta a un desarrollo regional creciente en la media luna extendida que arranca en el norte de Entre Ríos y recorre todas las provincias limítrofes al norte bajando hasta Tierra del Fuego, sobre todo por el RIGI y las riquezas del subsuelo.

En contraste, los grandes centros urbanos apuntan a un consumo segmentado y condicionado por la informalidad, ya sin los subsidios vigentes en los últimos veinte años.
La economía argentina podría encaminarse, si esta nueva forma de organización económica pro-mercado y de libertad económica continúa más allá de 2027 -es decir si se logra la reelección presidencial- hacia un mix productivo del tipo de las economías de Chile y Perú. Estabilidad con precios domésticos similares a los internacionales, competencia de monedas, inserción internacional plena, libres importaciones, finanzas globales, Estado reducido, extractivas en torno a commodities exportadores, construcción/infraestructura/real estate, fuerte consumo de segmentos ABC1, con informalidad "compatible" con estabilidad de precios.
En contraposición, la economía argentina se alejaría de una forma de organización productiva y de empleo que sería un "promedio" de Brasil y México, muy enunciada y no lograda durante los años 2003-2023, salvo el intento de cambio del período 2016-19.
Estas economías tienen estructuras productivas industriales más integradas y competitivas, mayor cantidad de empresas privadas y corporaciones nacionales, fuertes exportaciones, servicios de consumo masivo más amplios dado que cuentan con más población y mayor cantidad de personas con alto poder adquisitivo que la Argentina, si bien no son economías competitivas en la globalización.
El tiempo, como siempre en economía, tendrá la palabra final.