Una escena improbable, casi de culto: Enzo Trossero, símbolo eterno de Independiente y uno de los grandes defensores del fútbol argentino, compartiendo cancha con Bob Marley y los músicos de The Police. Ocurrió a fines de los '70, en plena ebullición del rock y del fútbol, cuando ambos mundos que parecían paralelos se cruzaron en un partido informal que quedó flotando entre la leyenda y la memoria íntima de quienes lo vieron. Una postal irrepetible, de esas que solo existen en la frontera entre la realidad y el mito.
En 1979, antes de iniciar su segunda etapa en Independiente, Trossero fue transferido al Nantes. La operación nació casi por casualidad: los dirigentes franceses habían viajado a Argentina para fichar a Norberto "Beto" Outes, pero terminaron convencidos por el rendimiento del defensor en un partido en cancha de Atlanta.
"Los dirigentes del Nantes estaban en Argentina porque habían venido a buscar al 'Beto' Outes, que era nuestro goleador, pero me vieron jugar a mí un partido en cancha de Atlanta y cambiaron de opinión. En un primer momento Independiente no me quería vender, pero lo hablé con Julio Grondona, que era el presidente, y me respondió que si subían la oferta de US$ 200.000 a US$ 400.000 se hacía. Los franceses no tuvieron problemas y me fui para allá. Tuve mucha suerte porque salí campeón enseguida y me fue muy bien", recordó en diálogo con El Economista.
Nantes se consagró campeón de la liga francesa y Trossero se consolidó rápidamente en el equipo dirigido por Jean Vincent. Fue en ese contexto europeo donde se produjo el cruce inesperado. Marley, fanático absoluto del fútbol, jugaba cada vez que podía, incluso en medio de sus giras con The Wailers. Para él no era un pasatiempo sino una religión: organizaba partidos antes de los conciertos y sumaba a músicos, asistentes y, si la ocasión lo permitía, a futbolistas profesionales.
Durante una visita a Nantes, se armó un picado mixto entre integrantes del plantel francés y los músicos. Allí estuvo el histórico defensor, que compartió cancha con el jamaiquino y con los miembros de The Police, Sting, Andy Summers y Stewart Copeland, que comenzaban a conquistar el mundo con su nueva ola.
Años más tarde, el propio Trossero evocó la escena con humor y una frase que quedó para el título: "Bob Marley era un jugador muy mediocre", dijo entre risas. "Jugamos un picado de 20 minutos, mezclados. No le pegué una patada. Estaba con el hijo y con el grupo de músicos. Los que mejor jugaban eran los de The Police, los ingleses. Marley no, no era bueno". La sentencia, lejos de ser despectiva, reflejaba el tono distendido de aquella tarde: patadas sin malicia, risas y una pasión compartida que borraba jerarquías.

Bob Marley en Nantes: el misterio de la foto con la camiseta de River
La postal quedó inmortalizada el 2 de julio de 1980, poco después de que Nantes se consagrara campeón. En una de las imágenes más difundidas aparece Bob Marley dándole la mano al histórico futbolista francés Henri Michel, mientras detrás asoma la figura de Oscar Víctor Trossero, un delantero surgido en Boca que murió en un vestuario después de un partido de River ante Central, en 1983.
En la foto también se distingue una camiseta con banda roja que desató especulaciones: algunos creyeron ver una de River, otros hablaron de una casaca peruana sin escudo. Testigos de la época contaron que los jamaiquinos querían completar los colores rastafaris (verde y amarillo ya estaban) y que el rojo apareció casi por azar en esa prenda.
Marley, fallecido en 1981 a los 36 años, había llevado el reggae a cada rincón del planeta y convertido su figura en un símbolo cultural global. Pero en la intimidad seguía siendo ese apasionado que pedía grabaciones de partidos y admiraba futbolistas. Su preferido, según trascendió, era Osvaldo Ardiles, campeón del mundo en 1978 y figura del Tottenham en los '80, a quien consideraba un jugador brillante.
Aquel cruce en Nantes fue mucho más que un simple picado. Fue una tarde sin protocolos ni marketing, donde el rock y la pelota compartieron escenario solo por pasión, dejando una historia improbable que todavía hoy parece sacada de una película. Una historia improbable. Y absolutamente real.




