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Sobre los subsidios agrícolas

En la Conferencia de Bali de 2013 se adoptó el Acuerdo de Facilitación de Comercio y, en 2015, en Nairobi, el hito fue lograr la eliminación de las subvenciones a la exportación de productos agrícolas. ¿Qué pasará en Buenos Aires?

27-07-2017
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Por Alonso P. Ferrando Director de Proyectos del Instituto de Estrategia Internacional ?IEI- de la CERA

Entre el 10 y 13 de diciembre, se llevará a cabo en Buenos Aires la XI Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Este tipo de reunión se realiza cada dos años y participan todos los miembros de la OMC (en la actualidad son 164). en ella se adoptan decisiones y se alcanzan acuerdos multilaterales o plurilaterales que buscan liberalizar el comercio internacional de bienes y servicios.

Así, en la Conferencia Ministerial de Bali de 2013 se adoptó el Acuerdo de Facilitación de Comercio, que busca minimizar y desmantelar las demoras burocráticas y los trámites aduaneros engorrosos que encarecen y ralentizan el comercio internacional. En 2015, en la Conferencia Ministerial de Nairobi, el hito fue lograr la eliminación de las subvenciones a la exportación de productos agrícolas, una de las políticas más distorsivas que afectan negativamente la producción y el comercio de este tipo de productos.

Con estos antecedentes, la pregunta es ¿cuáles pueden ser los resultados de la Conferencia Ministerial de Buenos Aires? La respuesta no está clara.

Hay que recordar que esta ministerial se llevará a cabo en el Marco de la Ronda Doha de la OMC (también llamada Ronda del Desarrollo) que fuera lanzada allá por el 2001, pero que aún está lejos de ser concluida. Es de esperar que en Buenos Aires se dé un paso más hacia el cumplimiento de los objetivos del Programa de Doha para el Desarrollo que, en lo referente a la agricultura, pretende una mejora sustancial del acceso a los mercados, la eliminación progresiva de todas las formas de subvenciones a la exportación y la reducción sustancial de la ayuda interna que provoca distorsiones del comercio

Existe consenso generalizado en que el tema que más avances puede tener es la limitación los subsidios a la producción agrícola (también llamadas “ayudas internas”), que son la segunda política más distorsiva de la producción y el comercio agrícola internacional. Este tipo de ayudas son principalmente otorgadas por los países avanzados en desmedro de los países en desarrollo exportadores netos de esta clase de bienes. En términos de la OMC, son distorsivas y se las denomina Caja Ambar.

Parece existir la voluntad necesaria como para avanzar en el objetivo de limitar y reducir este tipo de políticas. Sobre la mesa de negociación hay varios documentos de diferentes grupos de países que tratan el tema. El lunes 17 de julio se hizo pública una propuesta de negociación sobre las subvenciones a la producción elaborada por la Unión Europea (UE) y Brasil, copatrocinada por Colombia, Perú y Uruguay (documento JOB/AG/99). Esta propuesta ha sido comentada por los medios de comunicación no sólo por su contenido, que analizaremos a continuación, sino por sus proponentes: la UE y Brasil, los dos mayores productores agrícolas, siendo la UE el principal subsidiador agrícola mundial y Brasil nuestro principal destino comercial y socio del Mercosur.

También está la propuesta del otro integrante del Mercosur: Paraguay, que junto a Australia, Nueva Zelanda y Canadá presentó una propuesta (JOB/AG/100) para recortar la ayuda a la producción agrícola distorsiva (fijándole un techo) con otra metodología de la propuesta por Brasil y la UE.

Si bien es positivo que un bloque comercial como la UE presente un documento sobre limitar las políticas que más utiliza en su mercado doméstico y que más distorsionan el mercado internacional, se considera que aún no alcanza para colocar a la agricultura en pie de igualdad con los bienes industriales, cuyos subsidios ya fueron prohibidos hace varias décadas.

La primera impresión que surge de analizar el documento es su escasa ambición respecto de lo deseable, que sería la eliminación total o un recorte sustancial de todas las ayudas internas a la producción agrícola distorsivas.

En primer lugar, la propuesta dice que los países desarrollados no podrán proveer ayuda distorsiva que exceda un “X%” del valor total de la producción agrícola, pero de una producción agrícola no fija sino actualizable año a año. Acá hay dos aspectos criticables. Por un lado el “X%” da lugar a que se negocie cualquier cifra. Generalmente lo que se hace es fijar

un número entre corchetes como punto de partida para la negociación, no dejarlo totalmente abierto como es este caso. Por otro lado, se está fijando un nivel de recorte “variable” de la ayuda interna distorsiva, ya que depende de un nivel de producción que se actualiza año a año. Teniendo en cuenta solamente los avances tecnológicos y las necesidades alimenticias, es de esperar que cada año la producción aumente y, por lo tanto, la ayuda interna distorsiva también lo haga. Por lo tanto, la propuesta no estaría evitando el aumento futuro de la ayuda distorsiva.

En segundo lugar, los países que otorgan estas ayudas pueden aplicarlas al sector en general y/o a productos en particular. Esta propuesta busca limitar la ayuda en general pero nada dice de limitar la ayuda específica por producto, que puede ser altamente distorsiva y nociva para determinados productos agrícolas de interés si se concentra en ellos. En tercer lugar, en lo inmediato se deja a un lado cualquier recorte a un tipo de subsidio utilizado por la UE, denominado de Caja Azul (pagos directos realizados en el marco de programas de limitación de la producción). Esta ayuda también es calificada como distorsiva ya que se la considera “parcialmente desconectada” de la producción. En este tema tan sensible para la UE el documento patea la pelota para adelante.

No obstante, la propuesta tiene algunos aspectos positivos. Se destaca que dentro de la ayuda distorsiva a ser limitada, no se incluyen las dadas por los países en desarrollo. Este tipo de ayudas se traducen en medidas de asistencia, directa o indirecta, destinadas a fomentar el desarrollo agrícola y rural que forman parte integrante de los programas de desarrollo de estos países.

Se considera que Argentina tomó una buena decisión al no aceptar ser parte de esta propuesta en este momento de la negociación, cuando aún faltan cinco meses para llegar a la ministerial de Buenos Aires. Es de esperar que las negociaciones avancen y se obtenga algo más ambicioso respecto de las políticas de subvenciones a la producción agrícola. Sin embargo, el piso parece haberse encontrado en la propuesta de la UE y Brasil. Por este motivo, es bueno conocerla.

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