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Guadalupe Nogués

"Fue un error partidizar la respuesta a la pandemia"

El Economista dialogó con Guadalupe Nogués sobre "qué podemos aprender de la pandemia para enfrentar la próxima catástrofe global"

Guadalupe Nogués, Doctora en Ciencias Biológicas de la UBA, recientemente publicó el libro "Entender un elefante"
Guadalupe Nogués, Doctora en Ciencias Biológicas de la UBA, recientemente publicó el libro "Entender un elefante" Charla TED, 2019
23-11-2022
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Por Damián Cichero.

El pasado 17 de noviembre, se cumplieron tres años desde que se detectó el primer caso de coronavirus en Wuhan, China. Desde esa fecha, y hasta el momento, se han registrado más de 639 millones de casos y más 6,6 millones de muertos.

Pero, gracias a las exitosas campañas de vacunación a nivel internacional, el mundo ha logrado superar la pandemia y el virus ya parece cosa del pasado. 

Sin embargo, la aparición del Covid-19 dejará marcas y enseñanzas en la humanidad para el resto de la historia: por un lado, considerando que el virus encontró al mundo totalmente desprevenido, seguramente los gobiernos estarán atentos a lo que podría ser la aparición de un nuevo "cisne negro", si es que así puede considerarse a la pandemia.

Además, teniendo en cuenta la actual crisis económica internacional, los gobiernos deberán ser conscientes de que, en un mundo totalmente interconectado, las respuestas a las crisis deben considerar varios factores y no solo uno, como se hizo al priorizar la salud por sobre la economía.

Intentando comprender tanto el origen de la pandemia cómo su impacto y las enseñanzas que la misma nos dejó, El Economista dialogó con Guadalupe Nogués, Doctora en Ciencias Biológicas de la UBA, quien recientemente publicó el libro "Entender un elefante" (Debate, 2022), el cual justamente aborda estos temas. 

Guadalupe Nogués, Doctora en Ciencias Biológicas de la UBA, recientemente publicó el libro "Entender un elefante"
Guadalupe Nogués, Doctora en Ciencias Biológicas de la UBA, recientemente publicó el libro "Entender un elefante"

La actual interconexión que existe en el mundo, ¿nos permite explicar tanto el origen de la pandemia como el impacto que esta generó?            

Si pensamos estrictamente en el origen de la pandemia, la respuesta es que la interconexión actual del mundo no tiene nada que ver. Los virus mutan todo el tiempo, y de vez en cuando alguno logra volverse adecuado para una transmisión masiva. También tuvimos pandemias sin la interconexión actual. Por ejemplo, en tiempos modernos podemos pensar en la gripe de 1918, que mató a alrededor de 50 millones de personas (algunos estiman que podrían haber sido hasta 100 millones), muchas más muertes que las provocadas por la Primera Guerra Mundial, y un número que equivale al 5% de la población de esa época. En el siglo XIV, la peste negra (la "plaga") mató entre 75 y 200 millones de personas en Europa, Asia y el norte de África, lo que fue aproximadamente entre el 30 y el 60% de la población de esas regiones. En comparación, la pandemia de Covid-19 mató, hasta ahora, a unos 7 millones de personas, algo menos del 1 por mil de la población. Sin embargo, hay otros aspectos de la pandemia que sí podemos explicar en términos de la interconexión global, como su rápida velocidad de expansión: pocos meses desde el primer caso en China hasta que llegó a casi todos los demás países. A la peste negra le tomó casi diez años dar la vuelta a Europa de puerto en puerto, por el Mediterráneo y el Atlántico hasta el Báltico. Si nos quedamos con esto, podemos pensar que el estado actual del mundo nos jugó en contra con esta pandemia. Pero me parece importante destacar otra cosa. Es cierto que hoy estamos interconectados como nunca antes, pero no solo los problemas viajan con rapidez. También lo hacen las soluciones: una sequía, una epidemia, una crisis en un lugar pueden compensarse con alimentos o medicamentos producidos del otro lado del planeta. Con esta pandemia, la velocidad de respuesta global fue extraordinaria: menos de un mes del primer caso a la obtención del genoma del virus, menos de un año desde el primer caso a las primeras vacunas. Como nunca antes pudimos medir lo que ocurría prácticamente en tiempo real, y eso nos dio la capacidad de entender la dinámica del virus. Además, hubo mucha colaboración global para compartir descubrimientos y mejores prácticas tanto terapéuticas como de contención y coordinación. 

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"Para que la pandemia fuera un cisne negro, entonces, necesitaríamos no solo que fuera improbable, sino haya sido imposible de predecir. Pero no fue así", dice Nogués

¿Por qué considera que la pandemia no ha sido un "cisne negro"?

Habría que explicar primero qué quiere decir "cisne negro". La expresión la conocemos por el poeta latino Juvenal, que la usó para referirse a cosas que son imposibles por definición, como podría ser un círculo cuadrado. En el mundo que conocían, todos los cisnes eran blancos, pero cuando en el Siglo XVIII los europeos llegaron a Australia encontraron que existían los cisnes negros. El ensayista Nassim Taleb popularizó la expresión en su libro "El Cisne Negro" para referirse a algo ligeramente diferente: cosas que tienen alto impacto, son poco probables, y están excluidas del modelo del mundo que uno tiene. Por ejemplo, si tiro un dado 10 veces seguidas, sacar 6 todas las veces es muy improbable (cerca de 1 en cien millones) pero es previsible que alguna vez pase. No es un cisne negro porque es algo que puede pasar. En cambio, que mañana se abra una fosa en el medio del Pacífico y aparezcan dinosaurios voladores sí sería un cisne negro. Para que la pandemia fuera un cisne negro, entonces, necesitaríamos no solo que fuera improbable, sino haya sido imposible de predecir debido a nuestro modelo mental del mundo. Pero no es así: diversas organizaciones, expertos y personas influyentes (desde la Organización Mundial de la Salud a Bill Gates o el presidente norteamericano G. W. Bush) advirtieron que iba a pasar algo así. Que no nos hayamos preparado adecuadamente no es un problema de conocimiento o de probabilidad, sino un problema de voluntad y gestión política y social.

¿Cuál cree que fue el error más grande que se cometió durante la pandemia? Priorizar la salud por sobre la economía ya está comenzando a generar sus consecuencias negativas.  

Es difícil, tal vez injusto, hablar ex post de errores. A medida que vamos sabiendo más y más, es más y más claro qué funciona y qué no, y al principio es razonable equivocarse, simplemente porque no sabemos y estamos experimentando diversas posibilidades para ver qué funciona. El proceso de probar -y equivocarse -es parte del camino para encontrar la solución. Si estás tratando de salir de un laberinto, no podemos contar como errores los intentos fallidos, siempre y cuando sean razonables y aprendas de ellos. Dicho esto, podemos apuntar a lo que sí fueron errores, como no aprender de la experiencia (insistiendo en políticas que no eran exitosas), no obsesionarnos en tener medidas de calidad (para saber qué políticas eran exitosas y cuáles no) o casarse con las soluciones (lo que fue exitoso en marzo de 2020 no tiene por qué serlo en septiembre de 2021). También fue un error partidizar la respuesta. En Estados Unidos, por ejemplo, los demócratas tendieron a aceptar las vacunas más que los republicanos, pero los republicanos también tendieron a cerrar menos las escuelas y a dificultar innecesariamente la actividad económica menos que los demócratas. A veces, lo que los partidarios de uno aceptan, los del otro lo rechazan, pero no desde un análisis racional sino por algo que luce como pura adherencia identitaria. Además de esto, considero que fue un error serio haber sobresimplificado el problema que teníamos delante. Se pensó mucho a la pandemia como si fuera algo que podíamos abordar de manera lineal, resolviendo las cosas paso a paso, y no como lo que fue: un sistema complejo con ejes interconectados que se afectan mutuamente. No fue un problema domesticado, que entendemos bien y sabemos resolver, sino un problema salvaje que requería enfoques más integrales. Por eso, el planteo binario del estilo "salud o economía" que tuvimos en muchos países no reflejaba bien la realidad compleja que estábamos viviendo. Se trata de una falsa dicotomía, porque salud y economía están inevitablemente entrelazadas, tanto en el corto como en el largo plazo. Las cuarentenas y demás restricciones provocaron recesión, desempleo, pobreza. Estos efectos económicos pueden ser muy prolongados y la recuperación quizá sea lenta. Por otra parte, tampoco debemos separarlos: la pobreza causa efectos de largo plazo en la salud de las personas (desde mala alimentación hasta poco acceso a servicios médicos). Tomar medidas restrictivas para mejorar la salud provoca pérdidas económicas y menos salud en el futuro. No es la única posibilidad, claro. Si elegimos no afectar la actividad económica, podríamos haber provocado un colapso del sistema de salud, aumento de la mortalidad, caída de la productividad y, por lo tanto, empeoramiento de lo que no quisimos dañar. En el contexto de la pandemia, poner el foco exclusivamente en la protección de la salud provoca un daño en la economía, y viceversa. No existe una solución definitiva, sino una serie de soluciones parciales rodeadas de tensiones. Y eso es lo complejo que no supimos ver adecuadamente.

Teniendo en cuenta que los hechos no se repiten, pero los procesos sí, ¿qué enseñanzas nos dejará la pandemia de cara al futuro?

Esta pregunta es, en un sentido, el reverso de la anterior. La principal enseñanza es que no podemos tratar un problema salvaje como si fuera un problema domesticado. Con ellos no hay soluciones simples y definitivas. Igualmente, las enseñanzas no surgen mágicamente. Hay que incorporarlas de manera intencional, y para eso hay que querer hacerlo, y trabajar en eso.

¿Realmente cree que la humanidad ha aprendido algo de la pandemia?

Eso recién lo sabremos la próxima vez.

¿Cuáles son los próximos desafíos para los cuales la humanidad deberá prepararse?

En primer lugar, hay cosas obvias como la crisis climática, los problemas ambientales y los asociados (con las potenciales transformaciones en los procesos productivos y de distribución), y los que van a venir por el cambio probable de la pirámide de población y el envejecimiento poblacional. Hay desafíos importantes en salud, educación, y reducción de la pobreza. Todos estos son problemas salvajes, no domesticados, en los que la estructura subyacente es similar a la de la pandemia. Y también tendremos que resolver el problema X: ese que está ahí, y que aún no vemos.

En la pandemia, poner el foco exclusivamente en la protección de la salud provoca un daño en la economía, y viceversa. No existe una solución definitiva, sino una serie de soluciones parciales rodeadas de tensiones.

Es cierto que hoy estamos interconectados como nunca antes, pero no solo los problemas viajan con rapidez. También lo hacen las soluciones: una sequía, una epidemia, una crisis en un lugar pueden compensarse con alimentos o medicamentos producidos del otro lado del planeta.

Para que la pandemia fuera un cisne negro, necesitaríamos no solo que fuera improbable, sino haya sido imposible de predecir. Pero no es así: diversas organizaciones, expertos y personas influyentes advirtieron que iba a pasar algo así.

Con esta pandemia, la velocidad de respuesta global fue extraordinaria: menos de un mes del primer caso a la obtención del genoma del virus, menos de un año desde el primer caso a las primeras vacunas.

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