"Trabajo Sexual y Plataformas Digitales. Informe Exploratorio". Así se titula el trabajo impulsado por la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y elaborado por investigadoras del CONICET, que cuestiona el relato del éxito asociado a plataformas como OnlyFans y expone una realidad marcada por ingresos variables, extensas jornadas laborales, violencia digital y discriminación.
OnlyFans es una plataforma de contenido para adultos, con sede en Londres, y solo 42 empleados directos. Se promociona como una web inofensiva que permite a creadores, en su mayoría mujeres, ganar dinero a través de la publicación de videos y fotografías de sí mismos desnudos o semidesnudos. Sus "fans" se suscriben al contenido, les envían mensajes y pagan un suplemento por videos personalizados. En 2024, la plataforma generó ingresos por €6.200 millones gracias a sus 377 millones de usuarios registrados.
Aparece como un lugar seguro para publicar contenido, en su mayoría pornografía, y ganar dinero desde la seguridad de sus propios hogares, sin explotación ni acoso de intermediarios coercitivos o directores de estudio. Sin embargo, la empresa se queda con el 20% de los ingresos y el creador, con el 80% restante.
Para Sonia Sánchez, activista feminista y sobreviviente de trata de personas con fines de explotación sexual, "OnlyFans es explotación sexual y trata", dice. Y completa: "A la mujer que está en la esquina y le abonan por sexo, el proxeneta le saca la mitad del dinero y le deja el resto; lo mismo pasa con la plataforma, que se queda con un porcentaje".
Para Sánchez, casi no existe diferencia entre la prostitución física y la digital. Según ella, en ambas el cuerpo está en venta y se someten a los deseos del consumidor.
El informe del CONICET indica que el 72% de las personas ingresan al trabajo sexual virtual por necesidad económica ante el deterioro del mercado laboral tradicional. Mientras las trabajadoras valoran la autonomía y la flexibilidad que les permite organizar sus horarios y trabajar desde sus casas, el estudio también revela que el 65% es víctima de acoso, más de un tercio padece filtraciones de contenido y un gran número sufre ansiedad y depresión.
El 83% son mujeres, seguidas por identidades no binarias, varones trans y mujeres trans. El promedio de edad es de 31 años y la mayoría posee niveles educativos altos (universitarios o terciarios). Más de la mitad combina esta actividad con otros empleos remunerados para sostener su economía cotidiana. Solo el 21% gana US$ 500 mensuales y apenas el 18% llega a US$ 1.000.
Además, el 61% manifestó sufrir burnout, el 56% ansiedad y un 29% de síntomas de depresión, derivados del estigma y la exigencia de disponibilidad.
El trabajo requiere una "presencia constante": además de producir el contenido, gestionan sus redes sociales, editan los videos e imágenes, interactúan con sus clientes y estudian el algoritmo. El 91% siente que la actividad está estigmatizada, y muchas personas ocultan este trabajo en sus otros empleos por miedo a sufrir despidos o discriminación.
El 66% recibió imágenes sexuales no solicitadas y más de un tercio sufrió filtraciones de su contenido íntimo. El informe demanda el reconocimiento laboral, el acceso a herramientas de formalización tributaria, la protección efectiva contra la violencia digital, como la extorsión y el acoso, y la seguridad jurídica para evitar que la actividad afecte a los otros empleos de las trabajadoras.
En conversación con El Auditor.info, Sánchez reafirma que "el feminismo debe ser abolicionista y la prostitución no es trabajo, sino explotación física, psíquica, emocional y económica".
Georgina Orellano, secretaria General de AMMAR y trabajadora sexual, aclara que "muchas creadoras que están en OnlyFans han sufrido chantajes de clientes a los cuales ellas han accedido a venderles un contenido", afirma. Y explica cómo sucede: "Cuando les pagan y les hacen una transferencia por medio de las billeteras virtuales, acceden al nombre real de la compañera y a sus datos. Hay clientes que con esa información las buscan en redes sociales y las amenazan con difundir y compartir el contenido que ellas venden en la plataforma a sus familiares y amigos. Para no hacerlo, les piden plata a cambio".
"La gran mayoría sufrió robo de contenido: encuentran publicadas y difundidas fotos de ellas sin su consentimiento. Sin embargo, muchas dicen que no han querido denunciar por miedo a la revictimización y a encontrarse con un vacío legal y jurídico en el país. No hay espacios dentro de las plataformas para denunciar o pedir que se retiren contenidos", explica Orellano.
A Sánchez también le preocupa no saber quiénes son los dueños de esas plataformas y qué hacen con todo ese material. "Las plataformas hacen y deshacen lo que quieren con el material. OnlyFans es una gran base de datos de mujeres desnudas", afirma.
Orellano retoma el informe y remarca que allí se revela la existencia de un mito en relación a que el trabajo sexual virtual permite ganar dinero de manera sencilla. "Se construye un relato en torno al emprendedurismo, a no necesitar del Estado ni organizarte con otras personas: solo hace falta una buena conexión a internet, un buen celular, una cámara y un aro de luz. A ese relato se le suma la idea de que una es su propia jefa y que trabaja muy pocas horas a cambio de dinero. Está la ilusión de un rápido ascenso social".