Trabajando desde casa

25 de abril, 2021

Trabajando desde casa

Por María Moro Licenciada en Economía

Australia.- Durante el transcurso de 2020, el virus dejó a millones de personas sin trabajo alrededor del mundo. Muchos otros, tuvieron que adaptarse al fenómeno de Working From Home (WFH). Yo soy parte de ese segundo grupo que se benefició con este método de trabajo.  

Al comienzo, esta nueva modalidad puso varias barreras a los trabajadores, que nos enfrentábamos a un ambiente donde a las complicaciones del mundo se sumaban tantas otras, como ser la lentitud del wifi, la inestabilidad del Skype y las relaciones dentro del hogar. Sin embargo, a medida que nos adaptamos, el nuevo modo de trabajo también significó un crecimiento en la eficiencia. Por momentos, con cosas pequeñas, como el tomar conciencia de que con un simple e-mail se podría evitar una reunión. En otras ocasiones, reconociendo grandes cantidades de tiempo que antes se perdían en traslados o esperas y ahora nos pertenecen. Este forzado proceso de adaptación nos proporcionó la oportunidad de mejorar a nivel laboral. Hoy más que nunca, la era digital nos muestra cómo ser más eficientes en nuestro trabajo. 

Escribo este artículo, explícitamente desde mi punto de vista personal, sintiendo la necesidad de clarificar que después de hablar con varias personas, las cuales tuvieron que mudar sus horarios laborales a sus hogares, la experiencia de cada uno fue increíblemente diferente. 

Personas con familias u hogares complicados sufrieron, y siguen sufriendo, luchando para encontrar algún tipo de escape o división entre lo personal y lo profesional. A mí,  me cambió la vida, literalmente. 

El COVID-19 me dio el regalo más desperdiciado por la raza humana: tiempo. 

Gracias a todo el tiempo extra que se me acumuló, al no tener que prepararme las comidas, vestirme, viajar ida y vuelta a la oficina y, luego, a mis actividades extracurriculares, me facilitó, muy orgánicamente, el comienzo de un proceso de análisis de vida completo. 

El mundo frenó, o como le decimos acá en Australia, the world slowed down. Nos dio tiempo para reflexionar. No solo acerca de nuestros trabajos, sino también, nuestra salud, nuestra espiritualidad y nuestra furiosa obsesión con gratificaciones inmediatas. Nos forzó a reconsiderar la importancia de las conexiones humanas y a hacer esfuerzos extraordinarios para conectar. La mejor manera de expresar lo que siento con respecto al impacto del COVID-19 es que a quienes tuvimos que transicionar a WFH nos hizo poner un cable a tierra. 

A mí, personalmente, ese tiempo y espacio me dieron la oportunidad de darme cuenta de que no era feliz en mi trabajo, ni en mi camino profesional. Tomé la decisión de volver a la Universidad para estudiar una carrera completamente distinta. No creo que me hubiese dado cuenta de esto (por lo menos no tan rápido, ni con tanta certeza) si hubiera estado con mi ritmo diario pre-COVID-19. Me facilitó tomar decisiones personales con respecto a mis relaciones, que capaz no hubiera tomado con las muchas distracciones que tenía en mi día a día. Ahora, reflexionando, me veo en un camino completamente inesperado, el cual le agradezco al COVID-19. 

Obviamente, el Working From Home impactó mucho a los acostumbrados y aficionados de las oficinas. En cuanto al aspecto social, también estoy de acuerdo, no hay nada mejor en el día laboral que encontrarte con una conversación copada en la cocina de la oficina a las tres de la tarde con una colega, las dos quejándonos del sistema de extracción de data que se tilda cada tres minutos. Los almuerzos en equipos y la sensación general de ser parte de una comunidad. Eso sí que fue sufrido por muchos oficinistas. 

En sí, el COVID-19 impactó a cada uno de una manera extremadamente personal. Lo que sí nos dio fue tiempo, que cada cual usó a su manera. 

 

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