La base no está

19 de junio, 2020

Por Martín Polo Economista

Mientras que la agenda se concentra en el corto plazo, con todas las miradas puestas en la evolución de la negociación de deuda y del impacto que tendrá la cuarentena extendida sobre el nivel de actividad, en la última semana se colaron en la conversación dos aspectos claves para darle sustentabilidad a la deuda más allá del resultado de la reestructuración: las exportaciones y la inversión. Son dos aspectos que hasta ahora no aparecieron en la agenda, pero sin inversión no habrá exportaciones y sin ellas no habrá crecimiento sostenido más allá de los clásicos anabólicos que le den al consumo.

La inversión es la que peor parte se lleva pues viene padeciendo un fuerte retroceso en los últimos dos años de la mano de la crisis de balance de pagos. Lo que empezó siendo el motor de crecimiento en la primera etapa de la gestión de Mauricio Macri, sufrió los coletazos de la volatilidad cambiaria. No fue suficiente “amigarse” con el mundo sin antes lograr fundamentals macro económicos sólidos que disipen la incertidumbre y consoliden un proceso de inversión duradero. Sin dudas, el arranque de 2020 no fue nada alentador pues más control de cambios, brecha cambiaria, cuarentena y un polémico proyecto de expropiación de una empresa no son elementos propicios para modificar un escenario de un nuevo derrumbe de la inversión. Así las cosas, la relación entre inversión y PIB en 2020 volverá a estar entre las más bajas de la historia y seguiremos siendo de los países que menos invierte en el mundo.

Del lado de las exportaciones, la situación tampoco invita al optimismo. Tras cuatro años de avance en materia de apertura de mercados, en 2020 las exportaciones tendrán un nuevo retroceso. Menor cosecha, menores precios, recesión global –y de Brasil en particular- son factores ineludibles para explicar la caída que tendrá la oferta de divisas este año. Pero no serán los únicos, pues existen factores que llegaron para quedarse: más intervención en los mercados, falta de una agenda de negociaciones comerciales y la continua caída de empresas exportadoras son factores que impiden proyectar una dinámica favorable de las exportaciones que quedarán atadas a la suerte del contexto global. En este contexto, poco seductor parece ofrecer un instrumento financiero asociado a la evolución de las exportaciones.

En este contexto, un acuerdo exitoso con los acreedores que baje la carga de intereses será un alivio transitorio para el balance de pagos, pero lejos está de ser la solución pues cualquier intento de recuperación de la demanda impactará de lleno en las importaciones y la fragilidad del sector externo volverá al centro de escena. El Gobierno debe establecer cuanto antes una agenda que fomente la inversión y las exportaciones para que Argentina logre romper su largo ciclo de volatilidad y estancamiento económico.

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