No podemos salir

27 de abril, 2020

coronavirus china

 

Por Patricio Cavalli Docente de la Universidad del CEMA

 

¿Cómo empezamos de nuevo? Y, ¿cuándo empezamos de nuevo? Estamos en esas dos dimensiones.

 

Todavía están cayendo las bombas. El núcleo del reactor está expuesto.

 

Hoy, no podemos, no debemos, salir. Y si lo tenemos que hacer, lo hacemos con miedo. Con máscara, protector facial de plástico, barbijo, guantes, alcohol en gel. Y además, necesitamos permiso para salir a caminar.

 

Dimensionemos eso: nunca, ni en la peor hora de la peor Dictadura, hubo que “gestionar un permiso para salir a caminar.” No estamos en dictadura, claramente, estamos en emergencia sanitaria. Pero la analogía nos ayuda a ver el tamaño de la devastación.

 

Y la dicotomía es esquizofrenizante. Nuestro exterior nos dice: “No salgas”. Nuestra voz interior nos dice: “Tengo que salir.” Nuestra consciencia dice: “No salgas. O salí lo mínimo. Salí con cuidado. Salí con miedo, que no es Zonzo”.

 

Las palabras existen. Suman. Restan. Crean nuestro estado mental.

 

“No puedo salir, no debo salir” tarde o temprano el “no puedo salir” perfora en nuestra vida en general. Salir. Afuera. Al aire. A la calle. Del encierro. Lo literal.

 

Salir. Adelante. De esto. De los problemas. De la crisis. Lo metafórico.

 

¿Cuándo podremos salir? Cuando podamos. Cuando tengamos que. Cuando no demos más. Cuando hayamos llegado al límite. Cuando nos digan. Cuando podamos salir, ¿tendremos la fuerza, la energía, la osadía, la valentía, la responsabilidad, el cuidado, la solidaridad, la empatía?

 

En todo sentido, salir es la palabra que anhelamos. El verbo que queremos, necesitamos activar.

 

Por ahora, no se debe salir. No se puede salir. De casa. Pero sí podemos salir del estado de cosas. ¿Cómo empezamos? Reconstruyendo desde lo básico, desde lo primario, lo molecular.

 

No vamos a encontrar el camino a la reconstrucción en los grandes campos de la economía, de los negocios, de la sociedad. Lo vamos a encontrar en casa. En lo que nos pasa día a día. En lo que vemos en nuestro barrio, nuestra cuadra, nuestra “oficina”, nuestro grupo de trabajo. Y no más lejos que ahí.

 

El próximo que hagamos, el próximo paso que demos, no va a venir de las páginas del último paper de Harvard, ni de las páginas de El Economista o UCEMA. Eso vendrá después.

 

El camino a la reconstrucción empieza por la molécula. Por la casa. Por lo chico. Hoy el ejemplo nos lo dará el chico del delivery. La verdulería de la vuelta. Si el delivery de la verdulería llega más rápido que el supermercado, podemos ir a ofrecer nuestro servicio en el sector de retail. Si la gente comenta que el virus puede transmitirse por la comida, podemos enfocar en el sector de alimentos. Si la marca de ropa top ofrece donar un barbijo por cada cartera que compramos, podemos ayudarlos con su comunicación.

 

Hace cuatro semanas estábamos enviando millones de videos de risa por WhatsApp.

 

Hace dos, la depresión era total. Ahora, estamos empezando a organizar nuestros horarios. Estamos empezando a encontrar el sentido a las cosas. Ponerles orden, dirección y rumbo.

 

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