La “antipolítica” es absoluta responsabilidad de los funcionarios corruptos o ineptos

19 de abril, 2020

congreso bandera argentina política

Por Sandra Choroszczucha  Politóloga y Profesora (UBA)

 

En época de coronavirus, develamos verdades que, secretos a voces, se ocultaron por décadas. Una de las más dramáticas refiere, sin duda, al dinero que debía ser destinado a salud pero que fue vilmente dirigido a otros lugares paradisíacos o a cajas de seguridad de los más “vivos” de Argentina. Así, los más “bobos”, deberíamos contar con miles de médicos y enfermeros más, y tal vez miles de asesores políticos menos. Y esto no es en absoluto una máxima de la “antipolítica”, y el que quiere hacernos creer que lo es, solo demuestra una vez más que demagógicamente no encuentra mejor defensa y rendimiento de cuentas que un manipulador ataque.

 

Cansa que cuando uno se indigna frente a la corrupción del Estado y pide mayor austeridad a la clase política, enseguida aparezca la calificación tan desagradable de la “antipolítica”.

 

Hay quienes creemos que la política es preciosa y es la única herramienta capaz de poder cambiar lo necesario para lograr el bien común. Así, muchos pensamos, que la política es imprescindible que ocupe un lugar magistral en una nación republicana. Pero existe una dirigencia política que lleva décadas gobernando para los favoritos de siempre (junto a una Justicia cómplice que no pena con todas las de la ley a aquellos que sí revientan la preciosa política), robando dinero público o no haciendo su trabajo como corresponde, y parte de esa dirigencia política es la misma que se atreve tantas veces a calificar de “antipolíticos” a los que pretenden que la política ocupe el lugar que se merece: honesto, eficiente y noble.

 

Hoy estamos enfrentando una pandemia, todos, como dice el presidente Alberto Fernández, y todos padecemos del encierro obligatorio, de nuestras economías hogareñas que se desmoronan y de nuestro sistema sanitario que no está preparado para darnos respuesta como corresponde.

 

Se promueve sin pausa desde diferentes espacios gubernamentales el respeto a los derechos humanos, y es maravilloso que así sea, pero me pregunto si no es un derecho humano más que primordial, el derecho a la vida, y para contar con ese derecho debés contar con el derecho a la salud, y para esto debés contar con un sistema de salud que te brinde centros médicos bien equipados con suficiente personal sanitario. Sólo así se puede pretender lograr atender a millones de argentinos que hoy pueden enfermarse de coronavirus o de otras dolencias.

 

Pero esto no sucede, una pandemia a escala mundial en el año 2020, nos puso de frente y con la mayor de las crudezas la realidad más dolorosa, que contamos con un pésimo sistema sanitario.

 

La “antipolítica” no es pretender que un legislador deje de contar con diez o veinte asesores, mientras se necesitan diez o veinte médicos más en cada hospital de la República. Tampoco es pretender que en época de coronavirus puedan, aquellos funcionarios que cobran mes a mes ingresos importantísimos, ayudar durante un tiempo de emergencia, donando parte de sus sueldos para poder equipar mejor nuestros precarios centros de salud, saqueados por la corrupción de numerosos funcionarios políticos. La honestidad y la solidaridad del sector público es tan necesaria como la de los ciudadanos y la de los empresarios, que tanto se reclaman. Todos debemos aplicar solidaridad y ser honestos, todos, incluida la clase política.

 

La política es preciosa, y hay que volver a dignificarla en lugar de utilizarla y especular con ella una y otra vez.

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