La Argentina y el mundo

19 de septiembre, 2011

El economista Juan Llach, director del Departamento de Economía del IAE-Universidad Austral, habla en su último informe sobre las consecuencias de la crisis internacional en la economía argentina. Primero, da su pronóstico sobre la posibilidad que el mundo caiga en una recesión como lo había hecho en 2009 –la famosa W de la que muchos economistas hablan–. “Otorgamos 60% de probabilidades a que no se recaiga en la Gran Recesión”.

Según Llach los países emergentes sufrirán menos que los desarrollados –tal como ocurrió en la primera fase–. “Pero de allí a pensar que estamos blindados y saldremos indemnes hay un gran trecho”. El principal canal de transmisión de la crisis no será, en primera instancia, el financiero sino el de la economía real a través de una caída de las exportaciones hacia el mundo desarrollado. Las exportaciones de commodities, sobre todo las de alimentos, sufrirán menos porque su demanda continuará alta por más tiempo debido a factores estructurales que operan en las economías asiáticas –las clases medias emergentes le ponen un piso a la demanda de alimentos–.

Sin embargo, el panorama no parece del todo despejado. “Brasil ya se ha puesto en alerta, reduciendo la tasa de interés de referencia en 50 puntos básicos, lo que ha inducido una desvalorización del real que se acentuará tanto como se profundice la crisis”. En la Argentina, por su parte, se aceleró la dolarización de portafolios y la salida de capitales a través del mercado cambiario.

Llach da cuenta que subió desde U$S 1.600 millones mensuales en el primer semestre a más de U$S 2.000 millones por mes en julio-agosto. “Este síntoma revela desequilibrios más profundos: menor vocación inversora, alta inflación, precios relativos que se continúan distorsionando, tales como fuertes alzas de los costos locales en moneda extranjera, déficit fiscal y virtual extinción del superávit del balance de pagos. Por ello no sólo hay que prestarle atención, sino actuar con mayor claridad que la que ha mostrado el Banco Central en las últimas semanas y mostrar, por ejemplo, con un plan financiero 2011-2012 que la Argentina puede evitar o al menos limitar los efectos del contagio financiero”.

(De la edición impresa)

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