Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , Prime Video, Apple TV y cines.
1. Película para ver en el cine: Bridget Jones: loca por él
La cuarta entrega de la saga de Bridget Jones tiene todo lo que una buena comedia comercial debe tener: una estrella carismática, nenitos que sonríen como en una publicidad de dentífricos, momentos para emocionarse, momentos embarazosos, momentos para volver a creer, personajes secundarios entrañables, nenitos que cantan con voz angelical un tema del musical Oliver!, etc.
Renée Zellweger regresa como Bridget, ahora una viuda con dos hijos, atrapada entre el duelo y la posibilidad de un nuevo amor. En el centro del conflicto romántico están el joven y despreocupado Roxster (Leo Woodall), con el cuerpo de un toro y la sonrisa de un bebé, y el serio profesor Mr. Wallaker (Chiwetel Ejiofor), con el cuerpo de un toro y la timidez de una niña de 8.
Los momentos más divertidos tienen como protagonistas a Hugh Grant, como el eterno canalla Daniel Cleaver, y a Emma Thompson que, como la ginecóloga pragmática, tienen oportunidad de adueñarse de la pantalla en cada una de sus intervenciones.
El guion aborda el duelo y el paso del tiempo con sensibilidad, oscilando entre la comedia romántica y el drama sentimental, introduciendo referencias a la cultura contemporánea, incluyendo las aplicaciones de citas y las dinámicas modernas en las relaciones, que de a ratos provocan sonrisas.
Con su habitual desparpajo, Bridget se hace cargo de sus hijos, recompone su figura, encuentra trabajo en un periquete y vive dos romances, se reúne con un montón de amigos y conocidos y sonríe ante las inclemencias que la vida le presenta con ojitos achinados.
Recomendada para quienes busquen un pasatiempo variado, colorido y bien actuado.
2. Miniserie para ver en Netflix: Cassandra
Esta miniserie alemana en 6 episodios ofrece un formidable entretenimiento para quienes gusten de su logrado ensamblaje de elementos de la ciencia ficción, el thriller psicológico y el drama familiar.
El guion trabaja con el viejo tema de la ciencia ficción de la rebelión de las máquinas (¿recuerdan a Hal 9000?). En este caso un robot, que brinda servicios en una casa inteligente creada por un empresario y científico con aires de Frankenstein moderno.
La historia sigue a la familia Prill, que se muda a una casa abandonada de los años 70, considerada la primera smart house de Alemania. La vivienda está controlada por Cassandra, un robot con inteligencia artificial que ha permanecido inactivo durante décadas. Al reactivarse, Cassandra desarrolla una obsesión por proteger y mantener a la familia dentro de la casa, manipulando eventos y utilizando los recursos del hogar para integrarse en su vida. A medida que la trama avanza, se revelan secretos del pasado relacionados con los antiguos propietarios y las verdaderas intenciones de Cassandra.
Ese pasado -ambientado entre 1965 y 1972- contiene una pátina camp no solo por lo estilizado de las interpretaciones, las escenografías, vestuario, peinados y la abundancia de temas musicales populares.
El guion de Cassandra establece un diálogo con diversas obras de la cultura popular y la literatura que abordan la relación entre los humanos y la tecnología. La premisa de una casa inteligente controlada por una IA remite a episodios de la serie Black Mirror, donde se exploran futuros un tanto oscuros y las implicaciones éticas de la tecnología avanzada. Además, la serie puede relacionarse con la novela 1984 de George Orwell, en cuanto a la temática de la vigilancia constante y el control omnipresente, aunque en Cassandra este control proviene de una entidad artificial dentro del hogar. La representación de Cassandra como una asistente virtual avanzada también evoca comparaciones con sistemas reales como Alexa o Siri, llevando al espectador a reflexionar sobre el papel creciente de la inteligencia artificial en la vida cotidiana.
La situación de la protagonista en los años 70, encerrada en la casa para satisfacer las necesidades del esposo que toma posesión sobre su cuerpo, también aporta ecos de Las poseídas de Stepford, la novela de Ira Levin, y de La generación de Proteo, el film de Donald Cammell, en donde Julie Christie era sometida por un robot.
Cassandra, está interpretada por Lavinia Wilson, una actriz de amplios recursos que recuerda físicamente a la Maggie Smith de aquella época. Horst, su marido, es interpretado por Franz Hartwig, cuya untuosa amabilidad esconde niveles de perversión dignos de un villano de la serie Bond. Los actores que interpretan a los nuevos propietarios de la casa cumplen adecuadamente con lo que sus papeles le exigen, pero carecen del glamour de la familia que los espeja en el pasado.
Con un suspenso creciente sabiamente administrado, toques de horror (se rostiza una criatura en un horno eléctrico) de un sadismo poco habitual, Cassandra es una de las sorpresas de este año.
Muy recomendada.
3. Película para ver en Apple TV: El abismo secreto
Esta película de Scott Derrickson, combina elementos de los géneros de la ciencia ficción, el horror y el romance. La trama sigue a dos francotiradores de élite, Levi (Miles Teller) y Drasa (Anya Taylor-Joy), asignados a torres de vigilancia en lados opuestos de un desfiladero misterioso. Su misión es proteger al mundo de un mal desconocido que acecha en su interior. A pesar de las estrictas reglas que prohíben el contacto, ambos desarrollan una conexión que desafía su aislamiento.
Con abundantes escenas de acción, un desfile de efectos especiales impresionante y más de un sobresalto para el espectador, el film consigue mantener la atención del espectador durante más de 2 horas.
Si bien abundan las situaciones inverosímiles, la argamasa que construye la química entre Teller (Whiplash) y Taylor-Joy (Gambito de dama) las aglutina en una masa compacta que tiene la fuerza y velocidad de un misil. Las destrezas físicas que desempeñan más cierto atractivo que esplenden hacen el resto.
La película contiene referencias intertextuales, incluyendo alusiones a la obra de T.S. Eliot (el mismo poema que musitaba Marlon Brando en Apocalypse Now!), las babas que rodeaban a los huevos de los Aliens en la saga cinematográfica del mismo nombre y elementos que evocan el horror lovecraftiano.
Además, se pasea por ahí la mismísima Sigourney Weaver.
Recomendada.
4. Película para ver en Netflix: Amanda Knox
¿Culpable o inocente? La pregunta aún ronda a la estadounidense Amanda Knox y este entretenido documental dirigido por Rod Blackhurst y Brian McGinn le da la oportunidad de defenderse.
Desde el primer momento, el guion confronta al espectador con la brutal escena del crimen: la habitación donde la joven británica Meredith Kercher fue asesinada el 2 de noviembre de 2007 en la ciudad italiana de Perugia. Knox, estudiante de la Universidad de Washington, había viajado a Italia para un año de intercambio. Apenas una semana antes del crimen, había comenzado una relación con Raffaele Sollecito. Ambos afirmaron haber estado juntos la noche del asesinato, pero pronto se convirtieron en los principales sospechosos, en gran parte debido a la actitud de Amanda, percibida como inapropiada y carente de la gravedad y la emotividad esperada en la situación. La prensa y la opinión pública contribuyeron a la construcción de un relato sensacionalista, centrado más en la imagen de Knox que en la evidencia disponible.
El caso se convirtió en un fenómeno mediático global. Los medios reforzaron presentando a Knox como una femme fatale perversa. Este tratamiento revela una tendencia preocupante del periodismo sensacionalista: la transformación de hechos reales en espectáculos morbosos que priorizan el impacto sobre la veracidad. La prensa no solo distorsionó la imagen de Knox, sino que también influyó en el desarrollo del juicio, ejerciendo presión sobre las autoridades y fomentando prejuicios en la opinión pública.
El fiscal Giuliano Mignini, profundamente religioso y autoproclamado admirador de Sherlock Holmes, se convirtió en una figura clave en el proceso. Desde el principio, se mostró convencido de la culpabilidad de Knox, interpretando su comportamiento como evidencia incriminatoria. Su razonamiento, a menudo más subjetivo que basado en pruebas concretas, subrayó la fragilidad de la investigación. La manipulación y contaminación de la evidencia forense, así como la falta de un procedimiento riguroso, evidenciaron graves fallas en el manejo del caso.
El documental de Blackhurst y McGinn presenta una reconstrucción detallada de los acontecimientos, basada en entrevistas con los principales implicados y en material de archivo. Entre los entrevistados se encuentra el periodista Nick Pisa, quien cubrió el caso para el Daily Mail. Pisa encarna la deshumanización de los medios: se jacta de obtener exclusivas sin verificar fuentes y de contribuir a la demonización de Knox. Sus declaraciones reflejan una falta de ética profesional alarmante, evidenciando la influencia perjudicial del sensacionalismo en procesos judiciales.
En el transcurso del juicio, Amanda y Raffaele fueron condenados en 2009, absueltos en 2011, nuevamente condenados en 2014 y finalmente exonerados en 2015 por la Corte Suprema de Italia, que destacó la falta de pruebas concluyentes. Sin embargo, el daño a su reputación ya estaba hecho.
El documental logra exponer las múltiples facetas del caso, evitando una postura abiertamente partidaria, aunque deja entrever su inclinación hacia la inocencia de Knox. Su testimonio es articulado, reflexivo y persuasivo, lo que permite al espectador formarse su propia opinión. Si bien la figura de Meredith Kercher queda en un segundo plano, esto se debe en parte a la ausencia de participación de su familia en la producción. Sin embargo, el documental no omite el impacto de su trágica muerte, recordando constantemente la gravedad del crimen.
En última instancia, "Amanda Knox" no solo reconstruye un caso criminal, sino que se erige como una crítica contundente contra la ineficiencia de la investigación policial y los excesos del periodismo sensacionalista. La historia expone las fallas del sistema judicial y los efectos devastadores de la manipulación mediática, dejando en claro que la verdad puede quedar relegada ante la necesidad de vender una historia impactante.
Muy recomendada.
5. Película para ver en Prime Video: Seis grados de separación
¿Puede un estafador cambiar la vida de aquellos a los que encandiló? Bueno, si lo hace con hambre de ascenso social, suficiente encanto y una pizca de atrevimiento, tal vez.
Dirigida en 1993 por el australiano Fred Schepisi y basada en la obra teatral homónima de John Guare, esta sátira se adentra en cuestiones como la identidad, las diferencias de clase, la autenticidad y el peculiar arte de aparentar.
La película examina cómo las personas moldean su identidad para encajar en círculos exclusivos, y lo hace a través de Paul (Will Smith), un farsante con el talento de convencer a la élite neoyorquina de que es uno de los suyos. Claro, ellos se creen sofisticados e inteligentes, pero bastan un par de referencias cultas y una conexión inventada con Sidney Poitier para hacerlos caer rendidos.
La historia juega con la teoría de los "seis grados de separación", ese concepto fascinante que sugiere que estamos a solo seis personas de conocer a cualquiera en el mundo. Pero también subraya la ironía de vivir en un planeta hiper conectado y, aun así, sentirse profundamente solo.
El arte y la literatura tampoco escapan a la mirada aguda de Guare: en este microcosmos de la alta sociedad, los cuadros de Kandinsky y Cézanne, El cazador oculto de Salinger y hasta el musical Cats parecen importar más como credenciales de estatus que como experiencias significativas. Y sí, entre citas ilustres y guiños intelectuales, el film se convierte en una obra de nicho, para el deleite de quienes disfrutan sintiéndose parte de un club selecto.
Schepisi respeta la esencia teatral del material original, con abundantes diálogos afilados y una puesta en escena vibrante que nos pasea por los fastuosos interiores del departamento de los Kittredge, el Rainbow Room, la librería Strand y el Central Park. La dirección es elegante sin ser pretenciosa, permitiendo que el guion y las actuaciones brillen. La estilizada fotografía y la zumbona banda sonora de Jerry Goldsmith terminan de encapsular este mundo de exclusividad y apariencias.
Will Smith, en su primer papel dramático, sorprende con una interpretación carismática y ambigua que genera a la vez simpatía y sospecha. Stockard Channing, quien repite su elogiado rol de Broadway (y fuera nominada para el Oscar), nos regala un monólogo final que es puro oro, demostrando que incluso en un mundo de falsedades y agachadas ante el becerro de oro, alguien puede despertar y buscar algo más real.
Donald Sutherland, siempre impecable, encarna con maestría a Flan Kittredge, el art dealer que es la personificación misma del privilegio vacuo. Y el resto del elenco—Sir Ian McKellen, Mary Beth Hurt, Richard Masur, Anthony Michael Hall—cumple con creces, complementando esta tragicomedia de apariencias, engaños y epifanías tardías.
Les dejo parte del monólogo final:
Leí en algún lugar que todas las personas en este planeta están separadas solo por otras seis personas. Seis grados de separación. Entre nosotros y cualquier otra persona en este planeta. El presidente de los Estados Unidos. Un gondolero en Venecia. Pon los nombres que quieras. Me parece que:
A) Es tremendamente reconfortante saber que estamos tan cerca.
B) Es como una tortura china por goteo, porque estamos tan cerca.
Porque hay que encontrar a las seis personas correctas para hacer la conexión. No se trata solo de grandes nombres. Es cualquiera. Un nativo en la selva tropical. Un habitante de Tierra del Fuego. Un esquimal. Estoy conectada con todas las personas de este planeta por una cadena de seis personas. Es un pensamiento profundo.
Cómo Paul nos encontró. Cómo encontrar al hombre cuyo hijo dice ser. O quizás realmente sea su hijo, aunque lo dudo. Cómo cada persona es una nueva puerta que se abre a otros mundos.
Seis grados de separación entre cualquier otra persona en este planeta y yo misma. Pero hay que encontrar a las seis personas correctas.
Imperdible.


