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Dictadura, incendios y un payaso asesino: qué ver en Netflix, Prime y cines

Thrillers políticos, true crime estremecedor, drama familiar, nostalgia pop y un clásico adolescente: cinco estrenos imperdibles en cines, Netflix y Prime Video.

Thrillers, true crime y pop noventoso: qué ver en Netflix, Prime y cines
Thrillers, true crime y pop noventoso: qué ver en Netflix, Prime y cines
Oscar Mainieri 26 febrero de 2026

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, Prime Video y Cines.

1. Película para ver en cines: El agente secreto



El nuevo film de Kleber Mendonça Filho, se sitúa en la ciudad de Recife, en los años setenta, durante la dictadura militar brasileña, y sigue a Marcelo, un profesor interpretado por Wagner Moura (Narcos), que regresa a su ciudad tras un incidente en la universidad donde trabajaba. Como sabe que sigue siendo vigilado, adopta un nombre falso y se oculta, pero Recife no le ofrece paz: el hallazgo de una pierna humana en la boca de un tiburón desata un escándalo mediático mientras el corrupto jefe policial Euclides intenta cerrar el caso con rapidez. Marcelo, infiltrado en una dependencia estatal bajo identidad falsa, percibe que sus enemigos lo siguen de cerca y que incluso han contratado asesinos, lo que lo obliga a elegir entre seguir en la resistencia o huir con su hijo hacia otra vida.

La película transforma esa trama policial en una meditación sobre los "mecanismos del poder". Mendonça ha afirmado que, aunque AquariusBacurau abordaban temas políticos, recién aquí logró un film plenamente político. Ambientada en la dictadura, la historia revela cómo los sistemas de vigilancia y control siguen presentes hoy con tecnologías más sutiles. El terror no reside solo en la represión visible sino en su dimensión psicológica: la identidad y la libertad se vuelven campos vigilados donde el individuo se desgasta lentamente.

A diferencia de otros thrillers donde la conspiración se revela de forma espectacular, aquí la vigilancia permanece nebulosa. Mendonça muestra una sociedad donde el control es cotidiano y la corrupción estructural: policías que ignoran cadáveres en la calle, funcionarios que protegen intereses privados, instituciones creadas para cuidar a los ciudadanos convertidas en engranajes de un aparato de poder, piernas que cobran vida para distraer la opinión pública. 



Como en Sonidos vecinosRetratos fantasmas, Recife se vuelve personaje central, un palimpsesto donde la memoria urbana guarda cicatrices invisibles. Los viejos cines, las calles, los barrios populares funcionan como archivos emocionales de la ciudad, recordando que la cultura popular puede preservar historias que los archivos oficiales ocultan. Mendonça, antiguo crítico de cine, construye así un film atravesado por la cinefilia, con referencias explícitas a éxitos de la época como TiburónLa profecía, donde ecos del thriller paranoico de los setenta y del cine político latinoamericano dialogan con la historia brasileña.

Los poderosos del relato, como el policía Euclides o el empresario Ghirotti, encarnan las dos caras del sistema: el aparato represivo y el capitalismo depredador. Se apropian de investigaciones universitarias, reprimen cualquier disidencia y convierten a la prensa en circo de distracción. El absurdo caso de la pierna hallada dentro de un tiburón, inspirado en una historia real, funciona como metáfora: un chivo expiatorio que canaliza la violencia social mientras los verdaderos culpables permanecen intocables por miedo.

En el centro, Marcelo encarna el desgaste moral de vivir bajo vigilancia. Moura interpreta a un hombre que siente cómo la persecución altera su identidad, cómo la violencia del régimen contamina su propia ética. En conversaciones con otros miembros de la resistencia reconoce que también él se ha endurecido, que la violencia comienza a parecerle inevitable. El film muestra a la dictadura no solo como sistema político sino como máquina que deforma subjetividades.



En El agente secreto, Kleber Mendonça Filho articula un guion de estructura arbórea y un ritmo deliberadamente escayolado que subrayan la idea de una memoria fragmentaria, obstinada, hecha de astillas que se resisten a desaparecer. Más que un relato de espionaje, la película funciona como una indagación sobre Brasil y su dificultad para procesar las heridas de la dictadura, y sobre el cine concebido como un banco de sangre simbólico capaz de insuflar vida a voces borradas por la violencia estatal. Recife aparece como un atlas de murmullos donde cada esquina conserva historias no dichas, y el film, con sus grietas formales, su cinefilia declarada y su conciencia histórica, llega avalado por los premios al mejor director y al mejor actor en el Festival de Cannes, y por nominaciones a la mejor película, actor, casting y película internacional en los Oscar. 

Muy recomendada.

2. Película para ver en Netflix: Cortafuego



En este drama ambientado en una casa de verano rodeada por un bosque que arde, Mara espera encontrar calma tras la muerte de su marido viajando con su hija Lide, su cuñado Luis, la esposa de este Elena y el pequeño Dani. Sin embargo, la tensión acumulada estalla en discusiones y la niña desaparece sin dejar rastro justo cuando un incendio forestal comienza a devorar la zona. La búsqueda desesperada de la familia se vuelve cada vez más violenta y la paranoia que les despierta el guardabosque local, un vecino un tanto peculiar, se desborda de su cauce. El fuego, omnipresente, funciona como metáfora del verdadero desastre: el dolor, la culpa y la sospecha que consumen a los personajes desde dentro.

El reparto sostiene ese clima emocional con interpretaciones intensas: Belén Cuesta encarna a Mara como una madre quebrada por el duelo pero impulsada por una obstinación feroz; la joven Candela Martínez da a Lide una presencia fantasmal que domina la historia pese a su ausencia; Joaquín Furriel aporta a Luis una ansiedad creciente que bordea la violencia, mientras Diana Gómez y Mika Arias construyen una familia que se resquebraja bajo la presión. El guardabosque interpretado por Enric Auquer funciona como figura ambigua, chivo expiatorio de los miedos colectivos.

Bajo la dirección de David Victori, la película se aleja del puro cine de catástrofes para explorar cómo el miedo por la posible pérdida de un hijo puede llevar a cruzar límites morales. La narración -más allá de la repetición de ciertas situaciones- muestra la rapidez con que la sospecha se convierte en violencia y cómo la tragedia externa revela grietas internas, dejando la sensación de que el incendio real no es el del bosque sino el de una familia que, en su desesperación, se consume a sí misma como un bosque seco bajo un cielo de ceniza. 



Recomendada.

3. Miniserie para ver en Prime Video: Devil in Disguise: John Wayne Gacy

Esta ficción en 6 episodios reconstruye el caso del asesino serial John Wayne Gacy, responsable del secuestro, tortura y asesinato de al menos 33 jóvenes entre 1972 y 1978 en Chicago, muchos de cuyos cuerpos fueron enterrados bajo su propia casa en Norwood Park. Gacy, empresario local respetado y voluntario comunitario que incluso actuaba como payaso en fiestas infantiles, encarnó la máscara perfecta de normalidad. El guion, sin embargo, evita mitificarlo: desplaza la mirada hacia las familias de las víctimas, los investigadores persistentes y una ciudad que no quiso ver lo evidente. Más que un espectáculo morboso, propone un relato sobrio sobre el dolor, la memoria y la responsabilidad colectiva.



Cada episodio lleva el nombre de una víctima y regresa a la familia Piest, su duelo y su insistencia en ser escuchados. La investigación avanza entre expedientes extraviados, pistas ignoradas y burocracias indiferentes, revelando cómo el sistema permitió que la violencia continuara durante años. El horror aparece no solo en los crímenes sino en la negligencia institucional, en la acumulación de pequeñas omisiones que dejaron a los asesinos actuar mientras las víctimas desaparecían sin respuesta.

La interpretación de Michael Chernus evita el sensacionalismo al mostrar a Gacy como un hombre aparentemente común cuya cordialidad inquieta por lo excesiva. A su lado, Gabriel Luna encarna al investigador obstinado que se niega a abandonar el caso, James Badge Dale interpreta al jefe que intenta sostener un sistema fracturado, y Marin Ireland da a Elizabeth Piest la voz desgarrada de una madre que se resiste a que su hijo se convierta en una estadística. 

La puesta en escena corona esa mirada con un tejido de silencios, habitaciones vacías, penumbras persistentes y una violencia que casi siempre queda fuera de campo, como si el horror se negara a mostrarse de frente. Directores como Larysa Kondracki y Patrick Macmanus sostienen una frialdad deliberada que espeja el distanciamiento institucional del caso, y así la ciudad de Chicago surge sin barniz romántico, convertida en un entramado de barrios, iglesias y pequeños comercios donde la confianza cotidiana abrió la puerta para que el horror creciera a plena luz, casi doméstico, casi invisible.



Muy recomendada.

4. Miniserie para ver en Netflix: Take That

Este documental en 3 episodios aborda la historia de una banda que nació a comienzos de los años noventa como proyecto ideado por el mánager Nigel Martin-Smith para competir con el fenómeno de New Kids on the Block. Integrado originalmente por Gary Barlow, Robbie Williams, Mark Owen, Howard Donald y Jason Orange, el grupo combinó coreografías, carisma adolescente y melodías pop hasta convertirse en un fenómeno global. Desde el debut con "Do What You Like" hasta clásicos como "Back for Good", "Never Forget" o "Patience", acumularon números uno en Reino Unido y Europa, y, pese a separaciones y cambios de formación, lograron una perdurabilidad poco común, reinventándose durante más de tres décadas.



El guion sigue cronológicamente la trayectoria del grupo, desde sus inicios algo desarticulados hasta la explosión de popularidad que los convirtió en ídolos de masas. También revisa la ruptura de 1996, la pausa hasta 2005 y el regreso posterior, con proyectos solistas que mostraron desigual suerte: Robbie Williams se convirtió en estrella global mientras Gary Barlow atravesó años difíciles engordando como Brendan Fraser en La ballena, Mark Owen tuvo resultados mixtos como cantautor, y Howard Donald y Jason Orange se mantuvieron en segundo plano. La narración insiste en que la historia de Take That es la de un grupo que sobrevivió a su propio mito, aprendiendo a reconfigurarse con cada crisis.

Uno de los ejes dramáticos es la rivalidad entre Williams y Barlow, dos polos opuestos que personificaban el carisma y la composición musical. El documental muestra cómo el éxito compartido escondía inseguridades, celos y luchas por el reconocimiento. Esos conflictos, sumados a la presión de la fama, terminaron desgastando la primera etapa del grupo. Sin embargo, el reencuentro posterior revela una madurez distinta: menos espectáculo adolescente, más control creativo (sin el manager original) y una música orientada a un público que creció con ellos.

El documental también reconoce el origen industrial del proyecto, concebido como banda para adolescentes donde la imagen y el marketing eran esenciales, incluso por encima de la música. Con el tiempo, los integrantes buscaron la independencia artística y se alejaron del molde inicial, componiendo canciones más personales y consolidando una identidad propia. Este proceso explica parte de su longevidad: Take That dejó de ser un producto juvenil para convertirse en una banda capaz de dialogar con varias generaciones.



Apoyado principalmente en los testimonios de los propios músicos y evitando una mirada totalmente crítica, el documental logra mostrar tanto los triunfos como las caídas. La persistencia del grupo, sus múltiples números uno y su capacidad de reinventarse convierten a Take That en un caso singular dentro del pop británico: una banda nacida como fenómeno efímero que terminó transformándose en institución musical, capaz de sobrevivir a modas, egos y silencios, y de seguir cantando con el retintín intacto de los noventa. 

Muy recomendada.

5. Película para ver en Netflix: La chica de rosa



Esta comedia romántica para toda la familia cuenta la historia de Andie Walsh, una adolescente de los suburbios de Chicago que vive con su padre desempleado y enfrenta las jerarquías sociales de la secundaria mientras sueña con asistir al baile de graduación junto al chico que le gusta. Andie, creativa y orgullosamente distinta, rediseña ropa de segunda mano para afirmarse en un entorno que la mira con desprecio. Cuando el adinerado Blane McDonough se interesa por ella, el romance parece un puente entre mundos opuestos, pero las presiones de clase y la burla de compañeros como Steff amenazan con quebrarlo. En el centro late un triángulo afectivo que no es solo sentimental: elegir es también decidir quién se es y a qué mundo se pertenece.

Molly Ringwald compone a Andie como una joven escindida entre su individualidad y el deseo de ser aceptada; Harry Dean Stanton aporta humanidad al padre vulnerable; Jon Cryer da vida a "Duckie", amigo leal enamorado en silencio; Andrew McCarthy interpreta a Blane con mezcla de encanto y timidez; y James Spader convierte a Steff en el rostro afilado del privilegio. 



El guion lleva la firma de John Hughes, cronista esencial de la adolescencia en los ochenta, y la dirección es de Howard Deutch. Tras el impacto de El club de los 5 (The Breakfast Club), Hughes volvió a explorar el choque entre conformismo e identidad, ahora con un cuento moderno que recuerda a Cenicienta pero cambia el carruaje por un vestido cosido a mano. En plena era Reagan, la película refleja la tensión entre contracultura y materialismo, entre autenticidad y pertenencia, sin perder el pulso pop que definió a la década.

Más que una simple comedia romántica, la película dibuja un panorama de clases dentro del microcosmos escolar. La moda y la música no son decorado sino lenguaje: Andie expresa su resistencia con aguja e hilo, mientras la élite exhibe marcas, modales y peinados soufflé. El romance con Blane promete cruzar fronteras, pero el relato subraya que el amor no borra diferencias estructurales. Duckie, por su parte, representa la fidelidad afectiva frente al brillo del privilegio, tensando la pregunta sobre qué tipo de futuro desea Andie.



(NO AVANCE SI NO QUIERE CONOCER EL FINAL)

Una anécdota célebre se relaciona con el final: originalmente, la historia concluía con Andie eligiendo a Duckie. Sin embargo, las reacciones de las primeras proyecciones fueron tan adversas que el estudio decidió filmar un nuevo desenlace para unirla con Blane, el final que hoy conocemos. Ese cambio suavizó el conflicto y dejó un sabor a concesión comercial, pero no borra el mérito del film: una película de adolescentes que toma en serio sus inseguridades y convierte el baile de graduación en un escenario donde identidad, clase y deseo se disputan el último compás. 

Muy recomendada.



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