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5 series y películas imperdibles para ver en Netflix, Disney Plus, Prime Video y YouTube

Una agente en crisis, una desaparición real, un amor que resiste décadas y un Hitchcock sublime: cinco historias recomendadas para ver desde casa.

Desde Hitchcock hasta lo último de Netflix: 5 joyas ocultas para mirar ya
Desde Hitchcock hasta lo último de Netflix: 5 joyas ocultas para mirar ya

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, Disney Plus, Prime Video y YouTube.

1. Miniserie para ver en Netflix: La tierra del pecado



En la aparentemente apacible zona rural de la península de Bjäre no suele ocurrir gran cosa. Precisamente por eso el impacto es mayor cuando, en una granja aislada, aparece el cadáver del joven Silas. ¿Quién podría haberlo asesinado? La investigación queda en manos de la agente Dani (Krista Kosonen) y de su nuevo compañero Malik (Mohammed Nour Oklah), recién egresado de la academia policial. Resolver el caso, sin embargo, resulta mucho más complejo de lo esperado: los investigadores se ven atrapados en medio de una vieja disputa familiar y el patriarca Elis (Peter Gantman) amenaza con tomarse la justicia por mano propia si la policía no actúa con rapidez. A esto se suma que Dani comienza a involucrarse de manera cada vez más personal en el caso, lo que abre un delicado conflicto de intereses.

En esta producción sueca -en 5 episodios- el conflicto no está solo en el crimen, sino en las grietas íntimas de quienes están relacionados con él. Ese desgarro alcanza de lleno a la protagonista, ya que Oliver (Ceasar Matijasevic), el propio hijo de Dani, era amigo íntimo del finado. Este dato no solo encaja con un relato centrado en los lazos de sangre y la herencia moral, sino que plantea un dilema interesante: cómo debe posicionarse una agente de la ley cuando las normas chocan con la lealtad familiar. A diferencia de muchos thrillers donde la policía flexibiliza las reglas cuando le conviene, aquí la serie propone algo más incómodo y, por eso mismo, refrescante: una investigadora que intenta respetar la ley incluso cuando esta la perjudica.

La contracara es que el relato dedica mucho tiempo a estas capas emocionales y éticas, relegando la investigación criminal a un segundo plano. Algunos espectadores podrán sentirse frustrados por la sensación de que la trama se dispersa, girando en torno a conflictos colaterales en lugar de avanzar de forma directa hacia la resolución del crimen. Quienes busquen un "quién fue" clásico, con pistas claras y giros constantes, quizá encuentren el camino demasiado sinuoso. Tampoco ayuda que la protagonista está encallada en una eterna depresión que le brota por los ojos. 



En cualquier caso, no hay que esperar grandes dosis de acción. Se trata de un policial contenido, más interesado en la atmósfera que en el movimiento narrativoLa tierra del pecado apuesta por un clima sombrío y áspero, reforzado por una estética dominada por paisajes rurales apagados, cielos encapotados y árboles desnudos, en una gama de grises y marrones que transmiten desolación. No es una belleza amable, pero sí eficaz. Para quienes disfrutan de este tipo de noir nórdico, la serie ofrece un conjunto sólido y bien interpretado. Como ejercicio de género, no pasa de lo correcto: el desenlace resulta sorprendente y trágico, acorde al tono general.

Recomendada.

2. Miniserie para ver en Disney Plus: Vuelve, Priscila



En una mañana gris, Priscila Belfort, empleada de la Secretaría Municipal de Deportes y Ocio de Río de Janeiro, se despertó con un malestar abdominal. Acompañada por su madre, María Jovita Vieira, viajó desde Barra da Tijuca hasta su oficina en el centro de la ciudad. Horas más tarde avisó a sus compañeros que saldría a almorzar, pero nunca regresó. Era el 9 de enero de 2004. Desde entonces, han pasado más de veinte años sin que se vuelva a saber nada de ella, y su desaparición permanece como una herida abierta.

La alarma se encendió cuando Priscila no volvió a casa ni dio señales de vida. Tras dos días de búsquedas desesperadas por cuenta propia, la familia acudió a la policía para denunciar su desaparición. Con el correr del tiempo surgieron múltiples hipótesis y se detuvo a varios sospechosos, pero ninguna línea de investigación logró esclarecer los hechos ni aportar una pista concluyente sobre su destino. El caso quedó suspendido en una zona de sombras, alimentada por rumores, silencios y falsas esperanzas.

El impacto mediático creció cuando su hermano, Vitor Belfort, figura emblemática de las artes marciales mixtas, puso su popularidad al servicio de la búsqueda. Difundió fotografías de Priscila en camisetas y carteles por toda la ciudad y promovió una línea de ayuda que recibió miles de llamados. A pesar del enorme caudal de información, ninguna comunicación resultó decisiva. Este documental -compuesto por cuatro episodios- pone en escena nuevas revelaciones a partir de unas 2.000 horas de grabaciones y material fotográfico inédito de la familia. 



La desaparición ya había sido abordada por otros formatos televisivos. En 2007, el programa Linha Direta de TV Globo dedicó un episodio al caso, en el que un exnovio de Priscila, cuya identidad se mantuvo en reserva, sugirió que ella podría haberse fugado. La familia nunca aceptó esa versión. Poco después, una mujer declaró ante el Ministerio Público ser parte de una banda que habría secuestrado, abusado y asesinado a Priscila a raíz de una supuesta deuda vinculada a drogas. Incluso condujo a la policía hasta un terreno en São Gonçalo donde, afirmó, se encontraban los restos. Las excavaciones no arrojaron resultado alguno.

Entre hipótesis fallidas y confesiones sin pruebas, el dolor de la familia se volvió crónico. En una entrevista concedida en 2007, María Jovita Vieira expresó con crudeza el impacto de la ausencia: dijo vivir medicada y confesó que ya no podía alegrarse ni siquiera al ver un cielo despejado, porque para ella siempre era negro. Mientras el mundo seguía avanzando, su vida había quedado detenida para siempre en aquel 9 de enero de 2004, el día en que su hija salió a almorzar y nunca volvió. El documental -con ritmo vigoroso- da amplio espacio a las declaraciones de la familia y alumbra algunas zonas que no se había investigado, relacionadas con los problemas mentales de la bella muchacha y la relación con ese misterioso novio.

Recomendada.



3. Miniserie para ver en Netflix: Siempre el mismo día

Emma Morley (Ambika Mod) y Dexter Mayhew (Leo Woodall) no podrían ser más distintos: provienen de familias opuestas en rango social, tienen intereses divergentes y aspiran a metas profesionales difícilmente comparables. Mientras Dexter se siente atraído por el dinero y la fama, Emma sueña con escribir sus propias historias. Sin embargo, entre ellos surge una complicidad inmediata cuando se encuentran el 15 de julio de 1988, el día de su graduación universitaria. Comparten incluso una noche juntos. No se convierten en pareja, pero ese encuentro marca el inicio de una amistad que se prolongará durante años, resistente a las distancias, a los silencios intermitentes y a los choques inevitables. Aunque sus caminos se bifurquen de manera radical, el vínculo persiste, tenso y frágil, pero nunca del todo roto.

El guion -a lo largo de 14 episodios ágiles y compactos-, si bien habla centralmente del amor y de sus conflictos, se aparta de los códigos más previsibles del romanticismo. La historia, de todos modos, no es nueva. Muchos espectadores ya la conocen por otros medios. La novela homónima en la que se basa la serie fue publicada en 2009 y se convirtió rápidamente en un best seller internacional. Dos años después llegó una primera adaptación cinematográfica, protagonizada por Anne Hathaway y Jim Sturgess. Esta es entonces la tercera versión, ahora en formato serial, sin un elenco de grandes estrellas, pero con una duración mucho mayor. El relato cubre más de una década y se detiene en los vaivenes vitales de Emma y Dexter, que se pierden y se reencuentran una y otra vez, permitiendo un desarrollo más fino de sus transformaciones.



El gran hallazgo formal es que toda la serie transcurre siempre en el mismo día del año, aunque en momentos distintos de la vida de los personajes. La narración comienza el 15 de julio de 1988 y, en cada episodio, avanza exactamente un año. Al elegir un día aparentemente común, en pleno corazón del calendario, Siempre el mismo día consigue transmitir la dimensión cotidiana de esta relación, su textura de rutina y excepción a la vez. Lo que se cuenta es profundamente reconocible, sin caer en la vaguedad. Aunque Leo Woodall encaje en el molde del galán clásico —cuerpo trabajado, rubio, ojos claros—, su personaje es más complejo de lo que su apariencia sugiere. Lo mismo ocurre con Emma y con figuras secundarias como Sylvie (Eleanor Tomlinson), todos atravesados por contradicciones, capaces de mostrarse generosos o mezquinos, bellos o injustos, como cualquier persona real.

A la historia de amor se le superponen otros temas que acompañan la vida adulta: la búsqueda de reconocimiento, las ambiciones profesionales, las diferencias de clase y la dificultad de conciliar trabajo y familia. Todo esto aparece retratado con naturalidad, lo que sostiene el interés a lo largo de la serie. A favor juegan también los episodios son breves, de unos 20 a 30 minutos, permitiendo recorrer los años con fluidez sin perder la sensación de evolución. 

Quizás lo único objetable en un drama romántico de esa procedencia es que no se problematice la ascendencia india de la protagonista. Pero las maravillosas actuaciones del elenco, el alto nivel de producción -hay escenas que transcurren en París y en locaciones griegas-, y lo adecuado de los temas musicales que ambientan la época, contribuyen al buen gusto que envuelve a todo el producto. Lejos de los dulzores de una telenovela, Siempre el mismo día -con sus represiones, ironías y sobreentendidos que honran la tradición británica- es una maravilla a degustar.



Imperdible.

4. Película para ver en Prime Video: Ángeles inesperados

Ambientada en Kentucky en 1994, la historia gira en torno a Ed (Alan Ritchson), un hombre devastado por una cadena de tragedias: su esposa ha muerto tras una larga enfermedad y su hija Michelle (Emily Mitchell), de apenas cinco años, padece una afección hepática grave. El tiempo corre en su contra y la única posibilidad de salvarla es conseguir un trasplante de hígado. Mientras esperan un órgano que no llega y las deudas médicas se acumulan sin control, la vida de Ed parece avanzar hacia un callejón sin salida, marcado por el agotamiento, la desesperación y la pérdida de toda fe.



En ese contexto irrumpe Sharon (la notable Hilary Swank), una peluquera que, aunque arrastra sus propios problemas personales, decide involucrarse de lleno en la suerte de esta familia desconocida. Movida por una mezcla de impulso, obstinación y necesidad íntima, Sharon se propone ayudarlos contra toda lógica. Ed, acostumbrado a enfrentarlo todo solo, rechaza al principio esa intromisión, pero pronto se ve obligado a aceptar que no puede seguir adelante sin apoyo. Es un obrero de la construcción y sus deudas sobrepasan el medio millón de dólares. A partir de allí, la película articula su conflicto central alrededor de ese vínculo improbable entre un padre derrotado y una mujer que se niega a mirar hacia otro lado.

Aunque el cine estadounidense suele explotar relatos donde la fe religiosa ocupa un lugar central, aquí la religión aparece más como telón de fondo que como motor narrativo. El personaje de Ed, por ejemplo, ha perdido cualquier creencia tras los golpes del destino, y si bien el film insinúa que la fe puede ser un sostén, evita convertirla en un discurso explícito y dominante. Sin embargo, esa moderación temática no se extiende al tratamiento emocional: Ángeles inesperados apela de manera insistente al sufrimiento, subrayado por una música enfática y por situaciones diseñadas para provocar la conmoción inmediata del espectador.

Resulta particularmente frustrante que el guion apenas roce cuestiones de enorme peso, como el funcionamiento del sistema de salud estadounidense, capaz de arruinar económicamente a una familia en plena emergencia médica. En lugar de profundizar en ese costado social, la película opta por intensificar el drama individual. En el caso de Sharon, esto se traduce en la exploración de su alcoholismo, que ella misma se resiste a reconocer, y en su conflictiva relación con su hijo. Estos elementos sugieren que su entrega casi obsesiva a la causa de Michelle no responde solo al altruismo, sino también a una forma de compensación emocional, un intento de reparar sus propios fracasos.



Es justamente Sharon el personaje más complejo y atractivo del film, y eso se debe en gran medida al trabajo de Hilary Swank, ganadora de dos Oscars a la mejor actriz, por Million Dollar BabyLos chicos no lloran. Su interpretación aporta densidad y credibilidad a un relato que, en otros momentos, cae en el sentimentalismo más burdo. Gracias a ella, el exceso de melodramático se atenúa y el espectador puede conectar con la historia desde un lugar menos cínico. Cuando la película -que está muy bien vestida por una producción generosa y una fotografía por encima de la dedicada a este tipo de productos- se encamina hacia un final enfáticamente emotivo y confía en la idea de que la solidaridad y el milagro todo lo resuelven, la actuación de Swank funciona como ancla. Quienes sean sensibles a este tipo de relatos encontrarán aquí un drama diseñado para desagotar sus lagrimales; los demás, al menos, podrán rescatar la convicción con la que su personaje sostiene la ilusión de que, incluso en la peor adversidad, alguien puede decidir no soltar la mano del otro.

Recomendada.

5. Película para ver en YouTube: Encadenados



Tal es el título que le dieron en España a Notorius (1946) -en Argentina se la tituló Tuyo es mi corazón-, uno de los films más depurados de Alfred Hitchcock en donde consolida la alianza entre el suspenso y el melodrama romántico, dos fuerzas que Hitchcock ya no volverá a separar. Aquí, el espionaje funciona menos como motor narrativo que como un disparador para las tensiones afectivas, donde el deseo, la culpa y la desconfianza se convierten en auténticos dispositivos dramáticos. Notorious marca así un punto de inflexión: el thriller deja de ser un simple juego de intriga para transformarse en una exploración moral del amor bajo presión.

El argumento es, en apariencia, sencillo. Alicia Huberman (Ingrid Bergman), hija de un criminal nazi condenado, es reclutada por el agente estadounidense Devlin (Cary Grant) para infiltrarse en un círculo de ex jerarcas alemanes refugiados en Brasil. Para cumplir su misión, Alicia debe seducir y casarse con Alexander Sebastian (Claude Rains), uno de los cabecillas del grupo. El conflicto se intensifica porque Devlin y Alicia están enamorados, pero él, atrapado entre el deber y los celos, permite que ella se sacrifique emocionalmente en nombre de la causa. Lo que se juega no es tanto el secreto político que esconde la trama, sino el precio íntimo de esa traición consentida.



En la trayectoria de sus intérpretes, Notorious resulta igualmente decisiva. Ingrid Bergman ofrece una de las composiciones más complejas de su carrera: su Alicia es sensual y vulnerable, fuerte y autodestructiva, una mujer castigada por su pasado, pero dueña de una dignidad trágica. Hitchcock la filma como nunca antes, combinando erotismo y sufrimiento sin idealizarla. Cary Grant, por su parte, subvierte su habitual encanto ligero para encarnar a un héroe frío, ambiguo, casi cruel, cuya rigidez moral resulta tan inquietante como su villanía explícita. Claude Rains -magnífico- completa el triángulo con un villano atípico, más patético que monstruoso, dominado por una madre castradora, lo que añade una dimensión psicológica insólita al antagonismo.

Desde el punto de vista técnico, Notorious es una lección magistral de puesta en escena. El célebre plano que desciende desde lo alto de un salón hasta el primerísimo primer plano de la llave en la mano de Alicia condensa la idea hitchcockiana de narrar con imágenes: el objeto es el centro dramático, no el diálogo. El famoso beso prolongado entre Bergman y Grant, fragmentado en breves contactos para sortear la censura del Código Hays, no solo es un prodigio de ingenio formal, sino una de las escenas más sensuales del cine clásico. A esto se suma un uso expresivo de la profundidad de campo, de los encuadres opresivos y de los movimientos de cámara como extensión del estado emocional de los personajes.



Hitchcock no construye aquí la tensión a partir del peligro externo, sino del daño que los personajes se infligen entre sí, casi siempre sin palabras. La amenaza del envenenamiento lento, el progresivo debilitamiento del cuerpo de Alicia y la revelación final no son meros giros de guion, sino la culminación de un drama amoroso atravesado por la culpa y el sacrificio. Por eso Notorious es uno de los films más hondos y cruelmente románticos de Hitchcock, donde amar y traicionar se confunden hasta volverse indistinguibles, y el suspenso alcanza cotas inauditas.

Imperdible.

Nota: la copia exhibida en YouTube está doblada al español castizo, lo que es un mal menor ante la imposibilidad de encontrar el film en otras plataformas.



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