Provincias Unidas pasó de la ilusión al reacomodo en apenas dos meses. "Te une el espanto", sintetizó una fuente del espacio. En estas semanas, marcadas por la rosca para conformar los bloques en el Congreso, acumuló portazos, reconciliaciones e incorporaciones inesperadas. Mientras se acerca progresivamente al Gobierno, mantiene conversaciones con Victoria Villarruel de cara a 2027.
Este miércoles sellaron el interbloque Unidos junto a Encuentro Federal y la Coalición Cívica, y se convirtieron en la tercera minoría de Diputados con 22 bancas. Allí conviven figuras como Juan Schiaretti, Martín Lousteau, Gisela Scaglia -jefa de bancada-, Miguel Ángel Pichetto y Maximiliano Ferraro.
La clave que impulsó la negociación fue el reparto de lugares en las comisiones: para acceder necesitaban un piso de 12 legisladores. En esa distribución buscarán priorizar a quienes responden directamente a los gobernadores, como Scaglia (Santa Fe) e Ignacio García Aresca (Córdoba).
La interna amagó con estallar la semana pasada, cuando Pichetto y Nicolás Massot evaluaron romper luego de que Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Ignacio Torres (Chubut) y Martín Llaryora (Córdoba) impulsaran a Scaglia como jefa de bloque. Pichetto pretendía ocupar ese lugar. La negociación por los asientos terminó de contenerlo.
El diseño del interbloque podría alterarse tras el 1° de marzo, cuando se abran las sesiones ordinarias. Una vez repartidas las comisiones -primero para extraordinarias y luego para ordinarias-, prevén menos tensiones para sostener la unidad.
En paralelo, un diputado del espacio planteó que el interbloque incluso podría expandirse: "Creemos que se puede crecer. No buscamos un crecimiento cuantitativo como prioridad, sino cohesión: evitar un archipiélago de individualidades".
El acercamiento al Gobierno
Aunque insisten en que no son oficialismo ni oposición, los gobernadores de Provincias Unidas -Pullaro, Torres, Llaryora y Carlos Sadir (Jujuy)- han mostrado un acercamiento al Gobierno. Provincias Unidas votará más con La Libertad Avanza, admitió una fuente a El Economista. La explicación es simple: son dos oficialismos. Nación y provincias se necesitan mutuamente.

- Los gobernadores buscan contener la irrupción de un eventual candidato libertario competitivo en 2027 en sus territorios. El Gobierno, por su parte, capitaliza la negociación mostrando que respalda a las provincias.
En Diputados afirman que no se mueven con "categorías rígidas" -ni apoyo total ni rechazo automático-. "Votaremos en lo que estemos de acuerdo y, en lo que no, propondremos algo superador. Si no hay acuerdo, no vamos a votar", señaló el legislador.
La lógica de los gobernadores es clara desde la llegada de Diego Santilli al Ministerio del Interior: apoyo legislativo a cambio de fondos y reactivación de obras. Esa dinámica buscan replicarla en ambas cámaras con los legisladores que les responden.
Un ejemplo es Llaryora, que reclamó cinco grandes obras -y le prometieron tres-, el aval para endeudamiento externo y partidas para caminos rurales, universidades y la caja jubilatoria, a cambio del respaldo al proyecto de presupuesto 2026. Asimismo, el cordobés considera que la reforma laboral es necesaria dado sería transparentar lo que ya existe.
"El presupuesto sale caminando. La reforma laboral, con modificaciones. La tributaria queda para agosto", sintetizó una fuente cercana al gobernador.
Rumbo a 2027
En el espacio admiten que, en una presidencial, apenas podrían aspirar a una quinta fuerza. Los gobernadores buscarán la reelección en sus provincias. En Córdoba, por ejemplo, se vota en apenas 15 meses por su histórico desdoblamiento.

En ese escenario, deslizaron una posible fórmula presidencial: Victoria Villarruel-Juan Schiaretti. Las conversaciones existen, sostienen, y creen que buena parte del voto libertario en 2023 fue traccionado por la vicepresidenta. Llaryora no oculta sus ambiciones presidenciales, pero todo indica que su carrera, por ahora, se concentrará en el nivel provincial.

