Hace menos de una semana, el presidente Javier Milei presentó formalmente el Plan Nuclear Argentino, bajo la premisa de que "la energía nuclear es la única fuente lo suficientemente eficiente, abundante y rápidamente escalable para hacerle frente al desarrollo de nuestra civilización".
"Después de décadas de declive, la energía nuclear tendrá su retorno triunfal. Y nosotros no solo no nos vamos a quedar atrás, sino que pretendemos ser pioneros precisamente para esta tarea", manifestó el mandatario.
La energía nuclear está resurgiendo como una de las principales herramientas para combatir el cambio climático, pero el interés de Milei se origina en otro punto: "El potencial de desarrollo en inteligencia artificial es tan inmenso que, con la energía convencional, no va a alcanzar para abastecer esta nueva demanda, por eso estamos convencidos que se va a generar en el mundo entero un resurgimiento de la energía nuclear".
Por ejemplo, según un estudio del Departamento de Energía de Estados Unidos, la demanda de energía de los centros de datos del país podría casi triplicarse en los próximos tres años y consumir hasta un 12% de la electricidad del país.
En este sentido, un informe de Berkeley Lab estima que, para 2028, el uso anual de energía de los centros de datos podría alcanzar entre 74 y 132 gigavatios, o entre el 6,7 y el 12% del consumo total de electricidad de Estados Unidos (actualmente, los centros de datos representan un poco más del 4% de la carga eléctrica del país).
Detalles del plan
El plan de Milei será liderado por el jefe del Consejo de Asesores, Demián Reidel, y cuenta con el respaldo del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) dirigido por el argentino Rafael Grossi.
El mismo contempla la construcción de un reactor modular pequeño (SMR) en el predio de la Central Nuclear Atucha.
Con esta medida, se busca tanto facilitar el acceso a la energía en todo el país como disminuir los cortes de luz.
Además, también se buscarán desarrollar reservas de uranio para cubrir la demanda doméstica y posicionar al país como exportador de elementos combustibles de alto valor agregado.
Y, como si esto no fuese ya una gran noticia, a su vez surgió la posibilidad de construir Atucha III, la cuarta central nuclear de Argentina, en el sur del país, con inversiones que vendrían de manos privadas extranjeras.

¿Qué son los SMR?
Los reactores modulares pequeños (SMR) son reactores nucleares avanzados con una capacidad de potencia de hasta 300 MW(e) por unidad, lo que representa cerca de un tercio de la capacidad de generación de los reactores nucleares de potencia tradicionales.
Entre sus ventajas, se destaca que, gracias a que ocupan menos espacio, los SMR pueden colocarse en lugares donde no podrían ubicarse centrales nucleares más grandes. Además, las unidades prefabricadas de SMR pueden fabricarse y luego enviarse e instalarse in situ.
Por este motivo, estos dispositivos tienen una gran proyección para el abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos.
Por otro lado, los SMR tienen pocas necesidades de combustible, solo necesitan recargar combustible cada 3 a 7 años, frente al intervalo de 1 a 2 años de las centrales convencionales.
En Argentina, desde 2014, la Comisión Nacional de Energía Atómica está desarrollando el CAREM: con un grado de avance del 70%, se está construyendo en Lima, provincia de Buenos Aires, y es el primer SMR del mundo en estar oficialmente en construcción.
Sin embargo, como consecuencia de las diversas crisis económicas del país, el proyecto se ha enfrentado a importantes retrasos.
En este sentido, algunos países ya han comenzado a utilizar sus propios prototipos, como es el caso de Rusia, en donde ya funciona, desde 2020, la Akademik Lomonosov, la primera central nuclear flotante del mundo que produce energía a partir de dos SMR de 35 MW(e).
Además, en 2021, China conectó un SMR a la red eléctrica, al tiempo que, en países como Canadá, Corea del Sur y Estados Unidos, hay otros proyectos en fase de construcción o de concesión de licencias.
De todas formas, pese a los retrasos, se estima que Argentina le lleva una "ventaja" de cinco años a las más de 80 empresas que están desarrollando este tipo de tecnología: mientras que todos los países tendrían sus modelos finales terminados para 2035, Argentina lo haría para 2030.

¿Una oportunidad real?
En diálogo con El Economista, Julián Gadano, director de Política Nuclear de Fundación Argentina Global y exsubsecretario de Energía Nuclear de la Nación, consideró que el plan es una muy buena idea "porque junta dos puntas que son posibles de juntar en Argentina, aunque no significa que esto vaya a ocurrir fácil ni automáticamente, además de que hay un montón de condicionantes y de interrogantes al respecto".
Al respecto, Gadano explicó que, por un lado, "los centros de datos de generación de IA levantan mucha energía en las operaciones computacionales. Estamos hablando de un cuatrillón de operaciones por segundo, con lo cual, para gastar menos energía y dinero en refrigeración, es bueno ubicarlos en zonas frías, algo que Argentina tiene para ofrecer en el sur de nuestro territorio".
"Muchas zonas frías, bajo valor del terreno y poca población son algunas de las ventajas que ofrecemos, aunque hay un problema de transmisión de datos que debemos ver cómo se resuelve", agregó.
Por otra parte, Gadano observó que estas corporaciones de IA están buscando acceder a la energía nuclear porque reúne varias ventajas, entre las que se destacan que es permanente y que no emites gases de efecto invernadero.
Agregó también que "la segunda ventaja es la cadena de suministros que existe en la Argentina, que es de clase mundial y que necesita proyectos para seguir existiendo".
Y, en tercer lugar, Gadano consideró que otra ventaja es la existencia de la Autoridad Regulatoria Nuclear, una entidad regulatoria pública, solvente, prestigiosa, que emite licencias que tienen un valor importante en el resto del mundo y que puede hacerlo con relativa velocidad.
"Por estas razones, creo que el plan es una buena idea, tiene los pies en la tierra y ofrece lo que la Argentina puede ofrecer, además de que busca inversión privada, y no inversión pública, lo cual está bien porque para una actividad comercial como la generación de energía nucleoeléctrica tiene que estar el capital privado, no el Estado", sentenció.