Escenario

Lo que está detrás

La falta de capitales y de trabajo es lo que está detrás de la insólita necesidad de la política de pensar en fetas y no ver la realidad

Horacio Rodríguez Larreta junto a Jorge Macri en su presentación como ministro de Gobierno porteño.
Horacio Rodríguez Larreta junto a Jorge Macri en su presentación como ministro de Gobierno porteño.
Carlos Leyba Carlos Leyba 01-04-2022
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No es sólo la grieta política. ¿Hay una grieta de carácter geográfico y una o más, fronteras interiores? 

Dice la publicidad presidencial de H. Rodríguez Larreta: “la transformación no para”. Habría que cambiar: una “r” por una “s”. En realidad la “transformación no pasa”. 

En la Gran Ciudad  hay zonas, momentos, en que no se puede pasar y hay que parar. 

En la Ciudad los pobres vienen y acampan. 

Horacio: transformar no es hacer un puente, o poner una baldosa. 

¿Qué significa que un posible Jefe de Estado llame “transformar” a mejorar el patrimonio edilicio que administra? 

Ese uso generoso del lenguaje hace “fetas” de la realidad y permite mostrar las que convienen y no las problemáticas. 

Larreta lo sabe. ¿Por qué un habitante del AMBA paga menos por el transporte o la luz, que cualquier otro habitante de Argentina? 

Aquella Argentina que uno de los funcionarios de Larreta la califica de “improductiva”: el atraso es tu culpa, mi progreso mi mérito. 

Horacio aspira a conducir el país. Si habla de transformar debería hablar, por ejemplo, de cómo cerrar esa distancia que hay entre CABA y el Chaco. 

Entonces, ¿cuál es esa transformación que no va a parar? 

La realidad no es “en fetas”. Viene envasada al vacío. Cuando la abrimos hay que trabajarla porque tiene vencimiento. 

La propaganda política debe ser pedagógica, pero puede ser radiográfica si no pensamos lo que decimos. Cuidado. 

Según Jorge Macri, el funcionario de Horacio, Intendente de Vicente López en “estado de licencia” (es PRO), el país está partido en tres. 

Una “feta” central integrada por las provincias que él llamó “productivas” y votan Juntos por el Cambio: Mendoza, Córdoba, Santa Fe, parte de la Provincia de Buenos Aires y CABA. 

Para Jorge ese “es” el país; el Norte y el Sur, serían las provincias “improductivas”. La carga que arrastra la Gran Urbe. 

Es una valoración “electoral”. “Son los que nos votaron”. Consolidemos eso. 

Uno de los gigantes del pasado, comparado con los pigmeos de hoy, Vicente Fidel López, atendió este problema cuando comenzaba. Decía (18/8/1876) en la Cámara de Diputados, tratando de explicar como una equivocada política económica había producido la paralización del trabajo, el éxodo de la población y el estancamiento, en el interior profundo: “que no haya solamente en las orillas de los ríos ciudades ricas…(no) producen nada para la riqueza general del país. Ciudades de comercio intermediario, un gravamen caro para la producción. El interior del país no estará poblado y sólo habrá una miseria progresiva. La verdadera enfermedad de que está aquejado nuestro país es la falta de capital”. Pensaba en producir.

Vale la pena leerlo entero, una síntesis del por qué estamos así y no lo hemos revertido: geográficamente partidos en una suerte de “Belindia”, Bélgica y la India en el mismo territorio. 

Cuando J. Macri describe el presente del país partido pareciera estar celebrando la tragedia de un país inconcluso. Doloroso. 

Ignora que una parte de sus habitantes fueron obligados a migrar a la urbe portuaria en busca de trabajo. No los condenó ni la mestiza genética criolla de sus ancestros, ni su geografía generosa. Antes allí anidó la cultura y la producción. 

Pero la continua postergación, el plano inclinado por generaciones de dirigentes que le dieron la espalda a nuestro interior profundo, lo ha ido vaciando. Es el mismo interior que nos dio la independencia, las pocas tradiciones que aun conservamos y que atesora un potencial inmenso. 

Potencial al que renunciamos cuando no somos capaces de organizar un programa integral de desarrollo de las fuerzas productivas. ¡Como no mencionar la tragedia de la demora en la construcción de la infraestructura para el aprovechamiento de Vaca Muerta!

Hablando de territorios, la ministra chilena Izquia Siches le dio entidad política al Wallmapu, que sería la nación Mapuche que se extiende del Pacífico al Atlántico y que cubre la parte central de la Patagonia, el sur de varias provincias. 

De los reclamos y de la supuesta reivindicación mapuche de pedazos de territorio argentino, surge un nuevo “feteado”. Hay una intención de pérdida de soberanía en todos estos juegos. Y hay más riesgos de los que podemos hoy imaginar. 

Esta ligereza de la ministra chilena nace de fantasías históricas que retornan sobre los supuestos derechos de Chile, sumadas a las versiones de nuestra propia historia nacional deformada, usando como cabeza de turco el supuesto genocidio de J. A. Roca al que habría que sumar a Juan Manual de Rosas y Adolfo Alsina. 

Ellos construyeron Patria al sur del Salado. 

El Gobierno Nacional mantiene una pasividad o complicidad preocupantes, que ignora los riesgos que la acumulación de las “reivindicaciones” más el reconocimiento de derechos que, implícitamente, abonan planteos históricos militantes que están llegando en boca de sus funcionarios. 

Victoria Donda, que preside el Inadi, sostuvo en la TV de Río Negro (Canal 8) que este “canal es de una ciudad que se llama General Roca, no pensaríamos nunca vivir en una ciudad que se llame Videla, porque Videla es la cara de otro de los genocidas que vivió en nuestro país”. Justo a ella la han designado a cargo de un organismo que lucha contra la discriminación, la xenofobia y el racismo. ¿No incluye la lucha contra la difamación histórica? Porque ella la practica y no la han despedido. 

Donda, como muchos de sus conmilitones, converge con la convicción de muchos chilenos sobre derechos sobre la Patagonia y la puesta en escena, de sujetos como Jones Huala, sobre pedazos de soberanía junto a los funcionarios nacionales del área que lo apañan. 

En la Argentina real, más de 60% de sus habitantes posee o poseemos, sangre aborigen y esa es la que corrió en la Conquista del Desierto patagónico. 

Un grupo de personas nacidas en Argentina han decidido percibirse como mapuches. Y está muy bien. Pero no es fundamento para imponer en nuestras escuelas una condena a la geopolítica que permitió que la Argentina sea lo que hoy es. 

El juego de la condena a la ocupación del territorio ha ido abonando la idea que ese territorio no es honestamente parte de la Nación. 

Para unos puede que sea un juego político corto e irresponsable, no lo es para la ministro chilena y tampoco lo son las consecuencias. 

En ese territorio se encuentran recursos naturales que, si bien la molicie nacional no los ha explotado, quienes reivindican “su dominio ancestral” no son ingenuos y responden a intereses materiales concretos. 

Como siempre esos “algunos” hacen el trabajo sucio para que lo aprovechen los que ellos dicen atacar. En su momento Perón los llamó “estúpidos imberbes”. Hoy les diría lo mismo a los críticos de la conquista del territorio.

En la semana hablamos de geografía. Macri celebró una región central “productiva”, y puso en la categoría improductiva al Norte y al Sur.  

Al Sur, la reivindicación mapuche, pretende dividirla en dos. 

Pensar el país partido impide pensar la Nación. Y sin ese pensamiento central la política carece de sentido.

Pero la realidad nos ofrece más “cortes”. Los piqueteros con carpas prolijas, vistosas, modernas, han dividido, también esta semana, la CABA de Larreta, en dos. 

Una “ciudad dividida” muestra la división profunda de la sociedad entre los que pueden trabajar para vivir y aquellos que, tal vez no sean todos los piqueteros pero sí los representan simbólicamente, dado que no pueden trabajar para vivir, reclaman el sustento del Estado para hacerlo.

A los cortes geográficos se suma el feteado social. 

La inflación diluye la capacidad del peso como reserva de valor y ha desplazado, para ciertos bienes, su uso como unidad de cuenta. Parece que estamos acercándonos a la agonía de las unidades de medida tradicionales del comercio: se está apagando la docena y el kilo. Algunos dicen que el queso ya se vende en fetas.

Fetas territoriales, sociales y feta como unidad de medida. 

La Argentina en fetas es una imagen dolorosa de nuestra decadencia. 

Supimos reaccionar de otra manera frente a problemas similares. El 2 de febrero de 1876, las Sociedades de Damas de Beneficiencia y de la Misericordia  le pedían al Presidente Nicolás Avellaneda que generara trabajo. Le proponían que los desocupados fabriquen el calzado y el vestuario de las fuerzas del ejercito y de seguridad. “Gran porción del oro que emigra para pagar el trabajo que nuestras familias saben hacer y cuya falta las condena a consumir sin producir y vivir en la miseria o de la caridad”. Entonces hay que “levantar los derechos para que se constituya al menos el primer núcleo de la industria nacional”. Las damas del sentido común siglo y medio atrás.

Leyendo esa carta “sistémica” temo que ahora nos domine el pensamiento “en fetas”. 

La incapacidad para abordar nuestra realidad de manera global, profundizando el diagnóstico y clarificando la salida. No es en pedazos. Todo requiere un enfoque global. Una visión, por ejemplo, la de las Damas o la de V. F. López. 

La estadística de la pobreza refleja una baja. Buena noticia, tal vez vieja, pero no cambia las condiciones del desarrollo: no baja ni puede bajar la pobreza estructural que depende del desarrollo. El estancamiento fabrica pobres. 

Estamos estancados y apelamos a “fetear” la realidad geográfica y social.

En La Nación, una nota imperdible de Luciano Román responde a  la pregunta "¿Mafalda cobraría un plan social?". Se basa en que Agustín Salvia, de la UCA, afirmó: “Hoy la familia de Mafalda sería pobre".

¿Qué hay detrás? Hemos perdido el espíritu de conquista. Un territorio vacío al que ya no surcan las vías, ni pueblan los poblados que liquidamos. Lo dijo López. Es lo mismo ahora. 

Con el agravante que unos lo celebran. ¿Quieren consagrarlo? 

Producimos poco. País inmenso y rico en el que la mayor parte del empleo es de baja productividad. No hay capitales. Lo decía López. 

Hagamos cosas, pedían las Damas de Beneficiencia. 

La falta de capitales y de trabajo es lo que está detrás de esta insólita necesidad de la política de pensar en fetas para no ver la realidad.

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