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En ambos lados de la grieta

Juegan a las cartas

Están jugando a las cartas en los salones del Titanic, mientras Mauricio se tomó el buque para jugar a las cartas y CFK está escribiendo la suya con la tinta del sudor de Alberto.

Alberto Fernández, Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner.
Alberto Fernández, Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner.
Carlos Leyba Carlos Leyba 24-03-2022
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Si algo faltaba al vacío abismal de los que hoy hacen política es que, en ambos lados de la grieta, han decidido jugar públicamente a las cartas. 

Cierto, la historia está plagadas de cartas que fueron matrices del "espíritu de la época" (J. S. Mill). Transmitieron e influyeron en las maneras de pensar dominante de cada período. 

Estas cartas, las del FdT o los naipes de Mauricio, transmiten "las nubes de Ubeda" en que navega la política de hoy. La época del extravío. 

El peronismo del exilio se alimentó de cartas. Quién hace historia elige unas cartas del mazo y abandona las otras. Había sabiduría y contradicción.

Pero el Perón de carne y hueso, el que gobierna en el '73, no está en las cartas previas, está en los hechos, en la materialidad de la política: ideas claras, proyectos concretos, para construir la Nación. 

Sin "eso" la política es sustituida por palabras, interesantes, pero no "monetizables" en progreso, bienestar, justicia social.

El fracaso de "nuestra política" es abundancia de palabras y falta de cimientos, sin ellos los hechos son efímeros. 

Entre 1974 y 2021 la deuda pública externa aumentó a la tasa anual acumulativa de 8,3% (incluye quitas, renegociaciones y demás) y el número de personas bajo la pobreza aumentó a la tasa anual acumulativa de 7%, pero el PIB per capita de 2022 será igual al de 1974. Hubo "reducciones de deuda" y de la pobreza" y años en que el PIB per capita fue 30% mayor que en 1974. Reducciones y crecimientos efímeros, sin cimientos. Prueba: las "peores" cifras son hoy protagonistas. 

Son 46 años enhebrados para la decadencia. No fue sólo Macri, tampoco Cristina o Néstor, ni Menem o de la Rúa y menos Alfonsín; o la Dictadura Genocida o Isabel o la Guerrilla Montonera, que inauguró la decadencia moral con el asesinato de José I. Rucci, para quebrar el Pacto Social. Fueron y fuimos todos. 

Acumulación de décadas sin "proyecto propio", ideas y materialidades que sostengan la realidad deseada. ¿Tanto cuesta aceptar responsabilidades?

Un candidato K hacía campaña por "más derechos", mientras Cristina o Néstor, otorgaban jubilaciones a, se estima, más de 1.000.000 de personas que nunca habían tenido necesidad de trabajar y que, por esa razón, no tenían aportes. Personas con ingresos o patrimonios que no ameritan se le otorgue esa protección. Cada uno $500.000 por año. Si fueran un millón, $500.000 millones  al año "por más derechos" a la marchanta para quienes viven holgadamente.

En esos años se han otorgado, se estima, un millón de jubilaciones por discapacidad a personas que, gracias a Dios, gozan de excelente salud y capacidad. Mirar estos "derechos adquiridos" por "incapacidad" con la lupa del fraude de órbita penal para quien la otorgó, la justificó y la recibió. Hay que resolverlo. Vale la pena "investigar". 

También tenemos que hablar de la lógica de algunos déficit. Por ejemplo, el de la empresa Aerolíneas Argentinas, ¿es inevitable, es necesario? ¿Cuál es el objetivo nacional? 

Por ser o declararse adquiridos, no todos "los derechos" son rectos. Lo que no lo es debe ser enderezado. 

Es sana política revisar y auditar lo que hemos hecho. Es lo que da derecho a equivocarnos: el querer, poder y saber revisar los propios actos observando sus consecuencias.

Todas estas materialidades, racionales o irracionales, contrastan con el barroco de las cartas albertistas y cristinistas, y con el desparpajo de los naipes del líder del PRO. Tremendo. ¿Ya llega "la carta" de CFK?       

Los peronistas de la democracia ignoran desde Duhalde a Menem o desde Néstor, pasando por Cristina, hasta Alberto Fernández, que "sin materialidad cimentada" no hay política. 

Si hablamos de energía, Perón del '73 fue Yacyretá; si del agro, Perón fue el "Plan Soja" y la extensión de la frontera agropecuaria; de integración, fue el gas de Bolivia y el acuerdo del Río de la Plata; de exportaciones e innovación en el comercio, fue nuevas áreas y productos para exportar industria al Este europeo o América Latina. Si de tejido social, Perón fue la Concertación y lucha integral contra la inflación: tarifas de servicios públicos no atrasadas respecto de la inflación, suspensión de las Convenciones Colectivas por dos años y un incremento salarial de suma fija equivalente al 20% del salario mínimo y reducción de la inflación del 80% en mayo de 1973 a 14% a mayo de 1974 y record histórico de reservas en el Banco Central. Todo según revisión del Art IV del FMI de diciembre de 1974.

Para el Perón de carne y hueso el FMI no era despreciable; lo recibió al igual que cualquiera de los otros casi 200 países que lo integran. 

Dice bien Carlos Pagni cuando afirma que con 50% de pobreza, Argentina no es el mismo país que era (¿en 1974?) cuando sólo sufría 4% de pobreza. 

Un país distinto, construido por gran parte de los que hoy son actores de la política o del periodismo. 

Hay editorialistas de grandes medios, enervados con la violencia de las palabras de este tiempo, que sostenían, con militancia o proximidad, las operaciones de la guerrilla que en democracia ('73/'74 y '75) contabilizaron más de 2000 entre muertos, heridos y secuestros. 

No aclaran su conversión. Estamos pagando los costos de esas militancias juveniles y, lo principal, las del horror genocida que la sucedió. 

Muchos economistas que han formado parte en todos los gobiernos de la democracia, también formaron parte de las legiones de la violencia de un lado y del otro. Hablan del hoy sin culpa.

Incomparable el genocidio de Estado con la violencia guerrillera. 

Pero ambos tuvieron consecuencias gravosas para el presente. No negar ni olvidar. 

Sin ambas violencias fratricidas y el delirio económico que les sucedió, la pobreza que hoy sufrimos no estaría. Argentina sería otra. No es la que fue. Es ésta. 

La Argentina desquiciada, empobrecida, con el exterminio de la clase media, sometida a la violencia de la inseguridad, desencajada por inflación sin cuartel, estancada, gobernada por inexpertos desinteresados en aprender, está dando espacio, por esa orfandad, al extremo del ridículo. 

No me refiero a las desubicadas actuaciones de los funcionarios de todo rango. No tienen consecuencias. Sino al surgimiento de la consagración del disparate que las encuestas revelan en alza. 

El delirio de un Estado ineficiente, la ausencia de ideas con capacidad de materializar el bienestar colectivo, existiendo muchos recursos para hacerlo, no justifican que goce de prestigio popular, alentado por los medios, el discurso fantasioso de desaparecer al Estado o de condenar la tarea de lograr el bienestar colectivo. 

Degradación del debate sostenida por periodistas, comentaristas, editorialistas (de ambos lados de la grieta) que han renunciado a la observación y a la crítica.  

Pérdida generalizada de las buenas maneras, antesala de las malas relaciones, desencadenante del diálogo de sordos. 

Ejemplo gravísimo. En un programa de "mesa política" por TV, la economista Marina Dal Poggetto tuvo la malhadada idea de decir la verdad acerca del caño que permitiría transportar el gas de Vaca Muerta. Recordó que recién ha sido licitado y debió haberlo sido con Cristina o con Mauricio, y Alberto se tomó dos años. Inútiles que hicieron, de la abundancia posible, escasez inevitable. 

La mesa de periodistas ignoró esa tremenda verdad de Marina y como venía pesado para el "relato" PRO de la eficiencia inexistente, le cortaron la palabra: "No hay tiempo". 

Es que el tiempo de la verdad nunca llega: en clima de guerra es lo primero que desaparece. 

El futuro hay que construirlo sin prescindir de la verdad del pasado. Construirlo con ideas materializables. Cristina dijo que expropió el 50% de YPF por las áreas de Vaca Muerta. Compró el auto y no le puso ruedas. 

Las cartas, albertistas y kirchneristas, no hablan de "temas materiales". En los juegos de cartas de Mauricio, que reflejan su interés vital, eso no existe. El barro de la realidad no es un juego. 

Las cartas de autodesignados "intelectuales" del FdT, para certificarlo, tienen un lenguaje de difícil digestión: decir, decir, no dicen nada. 

Unos piden estemos juntos que así, tal vez, la marea no nos arrastra. Casi un pedido de auxilio. 

Los otros, asumiendo disponer de una enorme capacidad de amarra, afirman una dicotomía inentendible "moderación o pueblo". 

¿Por qué razón la ineficiencia o el fracaso serían sinónimo de moderación? ¿O por qué la moderación sería el sinónimo de éxito?

"De todas las manifestaciones de la potencia, la que más impresiona es la moderación": Tucídides. Si hay potencia. No es el caso. 

La cuestión no es la "intensidad" sino el resultado que es obra de objetivos y herramientas. 

De eso no hablan las cartas.

¿Qué es pueblo? Hay los que han logrado disponer de las capacidades para llevar adelante objetivos individuales. Un privilegio en esta sociedad es la posibilidad de proyectos individuales. 

Hoy aquí no sólo el 40 o 50% de personas pobres sino un amplio porcentaje del otro 40% de personas que alguna vez fueron sectores medios, está incapacitado de formular y realizar proyectos individuales. La inmensa mayoría sólo podrá crecer en función de proyectos colectivos que hoy y hace décadas, no están. 

"Pueblo" es la necesidad de "proyecto colectivo" que es un programa, ideas materializables, acumulaciones que realmente sostengan derechos. No hay derechos sin acumulación.

El caño de gas o millones de hectáreas bajo riego, la reindustrialización generadora de empleo urbano, ideas concretas. 

Desarrollar ideas materiales, el programa, objetivos lógicos e instrumentos aptos, da derecho a hablar de política. Todo lo demás es "sarasa" con perdón de los habitantes de Colón. 

Las cartas A y K hablan de "más política", "más pueblo". No hablan de materialidades.

Están jugando a las cartas en los salones del Titanic, mientras Mauricio se tomó el buque para jugar a las cartas y CFK está escribiendo la suya con la tinta del sudor de Alberto.     

Jugamos a las cartas o nos ponemos a pensar en como salir del pantano.

¿Qué hacer para clasificar como "intelectuales"? 

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