Entrevista

Giustozzi sobre la exponencialidad tecnológica: "Por ahora, Trump y Musk tampoco la ven, pero empiezan a sentir su dimensión"

El Economista dialogó en exclusiva con Darío Giustozzi, director de Agorax Global y director académico de la diplomatura sobre IA, Cibergobernanza y Tecnohumanismo de UCES, acerca de la nueva carrera por el desarrollo de la IA.

Giustozzi sobre la exponencialidad tecnológica: "Por ahora, Trump y Musk tampoco la ven, pero empiezan a sentir su dimensión"
24 enero de 2025

Por Damián Cichero 

Sin dudas, en pleno siglo XXI, el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) es uno de los principales ámbitos de competencia entre los países.

Prueba de ello es que, tras asumir como presidente de Estados Unidos, inmediatamente, Donald Trump anunció que SoftBank, OpenAI y Oracle, a través de una iniciativa conjunta, invertirán US$ 500.000 millones para desbloquear todo el potencial de la IA.



A su vez, Trump tomó una decisión polémica al revocar una orden ejecutiva que buscaba reducir los riesgos que la IA representa para la humanidad. 

La orden les exigía a los desarrolladores de sistemas de IA que compartieran los resultados de las pruebas de seguridad con el gobierno antes de que se hicieran públicos.

Además, los instaba a establecer estándares para esas pruebas y que abordaran los riesgos químicos, biológicos, radiológicos, nucleares y de ciberseguridad relacionados.



Trump revocó esta orden porque "obstaculizaba" la innovación en la materia, aunque la realidad es que la misma fue firmada en 2023 por Joe Biden ante el creciente temor de la comunidad internacional de que la falta de regulación en la materia termine representando un serio problema para la humanidad.

En particular, una de las grandes preocupaciones es que el rápido desarrollo de estas herramientas deje en evidencia la falta de actualizaciones en otras áreas claves, como los sistemas de gobernanza. 

Pero ¿realmente el desarrollo de la IA representa un peligro? Intentado responder a esta y otras cuestiones, El Economista dialogó en exclusiva con Darío Giustozzi, director de Agorax Global y director académico de la diplomatura sobre IA, Cibergobernanza y Tecnohumanismo de UCES. 



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Darío Giustozzi fue intentendente de Almirante Brown, diputado nacional y embajador en Ecuador. 

-Desde la aparición de ChatGPT, el desarrollo de la Inteligencia Artificial parece avanzar a pasos agigantados. Sin embargo, muchos temen que, si este desarrollo no es regulado, podría terminar generando importantes problemas para la humanidad. ¿A qué desafíos nos enfrentamos y qué tan preocupante es la situación?

Se ha iniciado la era más fascinante y riesgosa de la humanidad en toda su existencia. Un tiempo muy difícil de ordenar, de conducir y de anticipar para evitar efectos no deseados.



El avance tecnológico se acelera a un ritmo exponencial. Esto se debe a que la tecnología se construye sobre sí misma, cada nueva innovación se basa en las anteriores superándolas y potenciando el ritmo de avance en todas las disciplinas a la vez.

La aceleración de los avances en distintos campos, como la informática, la biotecnología, la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología y otros, se apoyan entre sí sinérgicamente y potencian su progreso. 

Esta dinámica de exponencialidad tecnológica ha iniciado su vertiginosa carrera modificando hábitos, demanda laboral y profesional, modelos organizacionales, el comercio, y hasta el uso del tiempo y la salud de las personas.



La forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos estará sometida a una sorprendente transformación.

Y el ciberespacio, que es donde se expande su incidencia, es anárquico, invisible e infinito, lo que dificulta el establecimiento de marcos regulatorios eficientes.

Debemos investigar, explorar, debatir, clasificar, ordenar, profundizar y educar acerca de estos avances y comprenderlos para hacer que tengan un impacto positivo en nuestras organizaciones y comunidades. Evitando la ciberanarquía y cierta asinergia social. Cultivando un lenguaje tecnológico amigable, integrador y socialmente empático.



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-Respecto al actual debate entre Tecnohumanismo vs Transhumanismo, ¿Cuál cree que es el camino que la humanidad debería tomar? 

Sin dudas debemos tomar consciencia sobre la necesidad de preservar las condiciones esenciales y naturales del ser humano ante el inexorable y abrumador avance de la tecnología. 



Esto es un hombre que es asistido por la tecnología para sostener sus condiciones biológicas naturales sin sucumbir a la tentación de utilizar la potencia de los avances científico-tecnológicos, modificando o ampliando ilimitadamente su condición física e intelectual normal. 

En cambio, con el Transhumanismo el nivel de intervención tecnológica en el cuerpo de una persona puede dar origen a una dimensión suprahumana de consecuencias impensadas. Estaríamos frente a la aparición de supraespecies híbridas: los Super-cybord.

Debemos mantenernos antropocéntricos, preservando nuestra esencia como tecnohumanos. Cultivar el arte, reconectando con la naturaleza, sensibles a las emociones, altamente intuitivos y con una proyección evolutiva regenerativa y no degenerativa.



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-¿Cree que es realmente posible formular regulación en la materia o incluso para el ciberespacio? Los propios países parecen desorientados e incluso poco capacitados sobre cómo hacerlo. 

Como decía, el ciberespacio es anárquico, invisible e infinito. Las posibilidades de generar un marco regulatorio lo suficientemente eficaz y versátil como para evitar riesgos, tentaciones, ciberataques piratas y no tanto, ofertas degradatorias y/o violentas para una sociedad son mínimas.



Los emprendedores tecnológicos, los investigadores, los tecnoadictos a jugar fuera de los límites éticos, y una infinita cantidad de actores institucionales o cibermercenarios lanzados a una dimensión creativa exponencial viajan a la velocidad de la luz. 

Mientras tanto, la ciberseguridad y sus posibilidades reales de ejercer cierto control está en la edad de piedra. 

Así vamos mal, faltan liderazgos de alcance planetario con la suficiente autoridad ético-intelectual y voluntad para lograrlo.



Los países que intentan regular solo pierden tiempo en el desarrollo y la innovación tecnológica. No saben que hacer más por ignorancia que por falta de interés.

-¿Cuál es su opinión sobre le ley que la Unión Europea aprobó para regular el desarrollo de la IA? 



Todos los intentos regulatorios, como los avances del parlamento europeo estableciendo protocolos y controles para el uso de IA, son bien intencionados, pero insuficientes. Son solo apelativos. 

Una especie de carta de intenciones que depende más de la voluntad de los infinitos ciberactores invisibilizados que de la capacidad coercitiva de los estados en hacer cumplir esas regalas. 



Es decir, en el ciberespacio seguirá sucediendo todo sin ninguna capacidad de control fáctico por parte de las autoridades estatales por un largo tiempo.

-Entre el 2 y el 6 de diciembre, se desarrolló en Argentina la primera cumbre de Inteligencia Artificial ¿Cómo está posicionado nuestro país ante el nuevo mundo que se viene?

La Argentina tiene mucha potencialidad por contar con los recursos humanos, un espíritu emprendedor y centros de investigación. Hasta podría liderar un orden integrador entre el espacio territorial y el ciberespacio. Una misión tecnovisionaria que nos permita poner en práctica lo nuevo. 



Lo que viene vendrá igual, no depende de la voluntad de un gobierno. Es una inercia evolutiva de alcance global. China y Corea del sur parecen entenderlo y avanzan aún con sistemas de gobierno muy distintos. 

En el EE.UU. de Trump y Elon Musk parecen olerla, pero aún no la ven en toda su dimensión. Y en Argentina, como en tantos países, estamos más atrapados en nuestro propio show cotidiano que explorando y preparándonos para esta nueva Era de Exponencialidad Tecnológica.

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