El año pasado, tras un histórico proceso constitucional, el sueño chileno de tener una nueva Carta Magna pareció hacerse añicos luego de ser ampliamente rechazada por la población en un plebiscito.
Sin embargo, las protestas que se vivieron en el país trasandino, que en parte permitieron la llegada de Gabriel Boric al poder, dejaron en claro que la población ya no está dispuesta a seguir conviviendo con la Constitución heredada de la dictadura de Augusto Pinochet.
Por ello, casi instantáneamente después de que el proyecto constitucional fuera rechazado, las autoridades comenzaron a trabajar para iniciar uno nuevo.
Y, tras varios meses de negociaciones, una nueva fecha clave se acerca: este 7 de mayo, se celebrarán en Chile elecciones para elegir a los 50 integrantes del Consejo Constitucional, organismo encargado de redactar una nueva propuesta de Constitución.
Sin embargo, aunque el proceso se encara con esperanza, se desarrollará en un momento de tensión, principalmente debido a que la imagen del presidente Boric se encuentra en descenso como consecuencia de su floja performance económica.
Intentando analizar el pasado, presente y futuro de este histórico proceso, El Economista dialogó con el economista chileno Marcos Sepúlveda, quien esta semana se encontrará en la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires para promocionar su libro "Primera Línea Chile", el cual refleja en primera persona lo que fueron las manifestaciones del año 2019.
¿Por qué decidiste volver a Chile y comenzaste a sacar fotografías de las manifestaciones en 2019?
En realidad, volví a vivir a Chile en el año 1996, después de que mi familia y yo fuéramos exiliados a Suecia en 1974, pero antes estuve en 1988 documentando el plebiscito del "Si" y "No" a la continuidad del dictador Augusto Pinochet. Nunca quise irme de Chile, fue una imposición, el exilio no es voluntario. Por eso siempre estuvo en la retina de la familia el querer volver al país definitivamente.
En octubre del 2019, me encontraba en Estocolmo visitando a mi hijo Ayim y fue una terrible sorpresa enterarme por los noticieros lo que ocurría en Chile: se veían militares en las calles apuntando a la ciudadanía, lo que me recordó de inmediato lo vivido para el golpe militar de 1973 para el que tenía 12 años y comprendía perfectamente lo grave de la situación. Por eso, de inmediato con mi pareja Helena decidimos volver lo más pronto a Chile. No estábamos dispuestos a un segundo exilio y, después de aterrizar y llegar a casa, saqué mi cámara fotográfica y me fui a las calles a documentar lo que pasaba.
De acuerdo a tu experiencia, ¿Qué es y quiénes componen la primera línea?
La Primera Línea surgió tras la necesidad de proteger la gran marcha que se desarrollaba en plaza Baquedano, ahora llamada plaza de la Dignidad. El objetivo de estos jóvenes era contener y repeler el ataque de las fuerzas especiales de carabineros contra las manifestaciones pacíficas.
A medida que pasaban los días, estos jóvenes sufrieron una variedad de lesiones oculares por los balines disparados a la altura superior del cuerpo por escopeta. Los gases lacrimógenos que se disparaban al cuerpo y el famoso huanaco, que ustedes le llaman hidrante, tiraba agua con químicos, apuntando al cuerpo y no siguiendo el protocolo de uso de apuntar en 45 grados.
Los manifestantes rápidamente se dieron cuenta que tenían que invertir en mascarilla anti gases, anti parras para cuidar sus ojos y escudos de todo tipo para protegerse de todo lo ya mencionado.
Con el tiempo fui conociendo a estos jóvenes y empecé a hacer entrevistas. No te imaginas las sorpresas que me llevé: me encontré con psicólogos titulados y trabajando, estudiantes de derecho, ingenieros forestales, civiles, músicos, trabajadores de la construcción, un pintor impresionista de 62 años. En fin, lo más importante es que durante los casi dos años que duró la revuelta en las calles, estos mismos personajes estaban siempre todos los viernes resistiendo a la violencia de la policía y a mi parecer fueron muy consecuentes.
¿Crees que se lograron cosas con las protestas? El año pasado, el proyecto de una nueva Constitución fue masivamente rechazado.
Efectivamente, el 4 de septiembre la ciudadanía rechazó la propuesta de nueva constitución y las razones son heterogéneas. Pero una de las más grandes fue el poder del gran capital, que controlaba todos los medios de comunicación tradicionales, y su gran despliegue en redes sociales, donde se difundieron masivamente grandes mentiras que con el tiempo fueron socavando los temas estructurales que proponía la nueva Constitución.
Pero, por otro lado, la izquierda no tenía los medios económicos para contrarrestar esta avalancha de información que tergiversaba todo con el objetivo de generar dudas. Esta estrategia de sabotaje se dio desde los inicios, cuando recién se instaló la Convención Constitucional que la elaboró. Hubo mucha gente que votó en contra de las personas que constituían la Convención, ya que se desacreditaba a ellos y muchas de sus actividades. Entonces, no votaron en contra de la propuesta de Constitución, que incluso muchos no leyeron, sino en contra de las personas que la elaboraron.
Ahora, una primera evaluación que se puede hacer es que sí se avanzó mucho con la redacción de una nueva Constitución, pero se retrocedió bastante con el rechazo, aunque quedó instalado en la ciudadanía la necesidad de redactar una nueva Carta Magna que contenga derechos sociales, en donde los pueblos originarios deben tener algún nivel de representación y, en especial, que no quede la Constitución de la dictadura de Pinochet.
¿Cómo ves la economía de Chile actual? El gobierno de Gabriel Boric se ha debilitado por esta cuestión.
En este momento, la economía chilena se encuentra en una recesión técnica desde inicios del 2022 que se prolongará durante el 2023. El Banco Central, entidad autónoma del estado, ha llevado este último año una política monetaria restrictiva, mediante el alza de la tasa de interés, que ha generado un estancamiento en la inversión y una de las cesantías más altas en las últimas décadas.
Por supuesto, esta situación golpea drásticamente a la clase trabajadora que debe subsistir con un sueldo promedio de 500.000 pesos mensuales y con contantes alzas en los precios de la canasta básica. Todo lo mencionado restringe la capacidad de movilidad de políticas públicas en rescate de los más vulnerables, ya que se alude a que el presupuesto del estado no es infinito.
Para poner estos temas en la agenda del gobierno se necesita respaldo del Poder Legislativo, el congreso (dominado por la derecha) y algunos ex concertacionistas que se están tomando la revancha de cuando Sebastián Piñera gobernaba y que le fue muy mal gracias a la revuelta popular, la que dejó al desnudo que el modelo neoliberal ya no es una alternativa para Chile. No es necesario ser de izquierda o de derecha para darse cuenta de que este modelo ya no es una opción vigente en el mundo occidental.
¿Cuál es tu perspectiva de cara a las elecciones en Chile del próximo 7 de mayo?
A mi parecer, las elecciones del 7 de mayo son un mal chiste, un fraude mediante que tratan de validar a través del sufragio de la ciudadanía, que además ahora es obligatorio.
Después del rechazo a la nueva Constitución, la derecha se adjudicó este proceso como propio y ha marcado la agenda de esta nueva Constitución, redactada por un grupo de 24 personas llamadas "expertos", impuestos por el congreso, para que sea evaluada y modificada por un Consejo Constitucional de 50 integrantes, los que se eligen y votan este 7 de mayo. Los candidatos para integrar este Consejo han sido postulados por los partidos políticos.
A estos dos estamentos se suma una Comité técnico de Admisibilidad, de 12 personas, que son quienes se preocupan de que los bordes o rayado de cancha de la propuesta de Constitución, que anticipadamente se han definido por acuerdo entre los partidos políticos, no sean modificados. En definitiva, todo está bien cocinado para que parezca una nueva constitución gatopardista.
¿Crees que esta vez el proceso constitucional tendrá un final exitoso?
La verdad que todo es muy incierto, pero hay algunos indicadores que muestran las encuestas en donde se da cuenta que la ciudanía no tiene interés en este nuevo proceso, ya que en definitiva se está gestando a puertas cerradas, con un autoritarismo sesgado.
Lo único participativo es elegir a los 50 integrante del Consejo Constitucional y he ahí la trampa: este se valida por el sufragio de la ciudadanía. Pero este proceso finaliza con un plebiscito donde una vez más la propuesta constitucional irá a definición de la ciudadanía. El panorama no está claro, pero algo es cierto: el gran capital no está dispuesto a aceptar perder sus privilegios de décadas en manos de los excluidos de siempre.