Incertidumbre

Macron, solo un espejismo del líder que prometía ser

Esta semana, nuevamente un primer ministro cayó en Francia, demostrando que el país es, prácticamente, ingobernable para el oficialismo. Pero, aunque el presidente Emmanuel Macron es gran responsable de esto, ha conseguido algunos logros de los que aún puede estar orgulloso.
Damián Cichero 12-09-2025
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Incertidumbre, esa es la palabra que define a la política francesa desde hace tres años y esta semana no fue la excepción: Sébastien Lecornu ha sido nombrado primer ministro por el presidente Emmanuel Macron tras la renuncia de François Bayrou.

El lunes, Bayrou perdió contundentemente un voto de confianza en el Parlamento tras proponer una reducción presupuestaria de 43.800 millones de euros destinada a equilibrar las cuentas del estado francés. 

Así, Macron se vio obligado a elegir a su quinto primer ministro en apenas menos de dos años, consecuencia directa de su decisión de celebrar elecciones anticipadas en 2024.

Por ello, ahora, Lecornu, de 39 años, tendrá la difícil tarea de obtener el respaldo de un Parlamento en donde el oficialismo está lejos de la mayoría propia.

Pero el exministro de Defensa, conocido por ser "pragmático", al igual que Macron, ya está intentando formular un nuevo presupuesto que reduzca el déficit francés y, al mismo tiempo, le asegure el apoyo de los socialistas de centroizquierda. 

En este sentido, la clave será elaborar un presupuesto que tanto los conservadores de Les Républicains como los socialistas, que votaron para derrocar a Bayrou, puedan soportar. 

El problema es que las partes discrepan sobre cómo abordar las preocupaciones del mercado y de los inversores sobre la estabilidad de las finanzas públicas francesas. 

Actualmente, el país galo tiene una deuda de 3,3 billones de euros y se prevé que este año su déficit presupuestario se sitúe en el 5,4% del PIB, casi el doble de lo permitido por la Unión Europea. 

Quizás haya una buena noticia para Lecornu: es el único ministro que ha permanecido en el gobierno desde que Macron fue elegido por primera vez en 2017, sobreviviendo a innumerables remodelaciones e, incluso, una elección anticipada.

Macron, una sombra de De Gaulle 

Cuando en 2017 Macron lograba consagrarse como presidente con el 66% de los votos en el balotaje, una nueva era parecía comenzar en Francia. 

El líder galo, que en aquel entonces tenía apenas 40 años, llegaba con la intención de renovar la política francesa y europea. E incluso él mismo muchas veces trató de seguir los pasos del histórico líder francés Charles de Gaulle a la hora de reivindicar la soberanía y el poder de su país. 

Pero, aunque nadie puede decir que no lo haya intentado, los resultados no han sido los esperados. 

Apenas unos meses después de asumir, en 2018, las históricas protestas de los "chalecos amarillos" le deban un primer golpe a Macron: el líder, que buscaba incrementar la lucha contra el cambio climático, anunció un aumento en el precio de los combustibles. 

Y el pueblo francés, que históricamente ha tenido poca tolerancia a lo que considera injusto, llevó a cabo una de las series de protestas más violentas del siglo XXI. 

Macron, fiel a su estilo, no solo logró superar la crisis, sino que en 2022 fue reelecto, incluso reconociendo públicamente la necesidad de llevar a cabo una reforma jubilatoria. 

Una de las claves para que Macron consiguiera una histórica reelección fue un importante incremento del gasto público con el fin de atenuar el impacto de la pandemia del Covid (hoy en día la deuda pública francesa representa el 114% del PIB). 

Así, Macron fue uno de los pocos líderes mundiales en no perder la reelección tras la pandemia, convirtiéndose en el primer presidente reelecto desde Jacques Chirac (1995-2007) y el tercero en lograrlo en toda la historia de Francia.

No obstante, el triunfo de Macron también se explica por el temor de que la extrema derecha, con Marine Le Pen a la cabeza, llegara al Palacio del Elíseo. Y esto quedó demostrado apenas pocas semanas después, cuando el oficialismo no pudo obtener una mayoría absoluta en las elecciones parlamentarias desde 1988.

Lejos de ceder, Macron avanzó con la necesaria reforma jubilatoria, la cual debió aprobar por decreto (la falta de legisladores hizo imposible que lo hiciera por las vías tradicionales del Parlamento), lo que erosionó visiblemente sus vínculos con la población. 

Con la reforma, que incrementó la edad jubilatoria de los 62 a los 64 años, Macron espera evitar un déficit de 13.000 millones de euros en las cajas de pensiones para 2030 (sin dudas, la medida apunta a ayudar a Francia más allá del propio mandato de Macron).

Pero el líder galo no solo se preocupó por la política interna, sino que, en plena guerra en Ucrania, se encargó de impulsar el rearme francés, además de incentivar una mayor autonomía estratégica europea (él siempre fue consciente de que la alta dependencia de EE.UU. en materia de seguridad era algo a resolver). 

Una decisión arriesgada 

Sin dudas, el punto de quiebre para Macron llegó a mediados del año pasado cuando, tras ver un histórico triunfo de la extrema derecha en las elecciones del Parlamento europeo, el mandatario llamó a elecciones anticipadas dentro de Francia. 

La apuesta era arriesgada desde un principio, ya que incluso se esperaba que el oficialismo perdiera más escaños con respecto a 2022. Sin embargo, Macron tenía algo más que claro: había que frenar a la extrema derecha. 

Y el resultado fue tal cual: su partido terminó segundo, por detrás de una coalición de izquierda, pero ambos lograron superar a Agrupación Nacional de Le Pen; aunque el precio a pagar para Macron es la actual inestabilidad (de nuevo, la medida parece confirmar la visión a largo plazo del mandatario).

Un futuro poco alentador 

Actualmente, la popularidad del presidente ha caído a un mínimo histórico y las encuestas muestran que es más impopular hoy que en el pico de las protestas de los Chalecos Amarillos en 2018 y 2019.

A esto se suma que hay serias dudas de que el nuevo primer ministro logre alcanzar los miles de millones de euros en ajuste presupuestario que el país necesita para evitar una crisis de deuda.

Incluso celebrar nuevas elecciones anticipadas tampoco parece viable o, al menos, las encuestas anticipan un Parlamento aún más fragmentado. 

Por ello, muchos consideran que, quizás, es el momento de que Macron dé un paso al costado, tal como el propio De Gaulle hizo en 1969 (probablemente, un buen líder también debe saber cuándo tirar la toalla). 

Pero la política francesa está tan paralizada que una renuncia no sería la solución al estancamiento de la Quinta República: ¿un nuevo presidente podría resolver la fragmentación parlamentaria?

Por lo tanto, todo parece indicar que es muy poco probable que Macron se baje del barco, del cual tiene legitimidad para ser el capitán hasta mediados de 2027. Sin embargo, la realidad es que cada vez cuenta con menos marineros para navegar en estas turbulentas aguas.  Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar