Análisis

La guerra de Trump en Irán hace agua por todos lados

A medida que la guerra se prolonga en el tiempo, el mandatario norteamericano se enfrenta a cada vez más problemas. Pero, más allá de su imagen personal, el principal inconveniente es que incluso el Partido Republicano podría verse afectado de cara a las elecciones de medio término de este año.

La guerra de Trump en Irán hace agua por todos lados

Lo que parecía ser una posible oportunidad de quedar en la historia se está convirtiendo en una pesadilla para Donald Trump: a medida que la guerra contra Irán se prolonga en el tiempo, el mandatario estadounidense ve cómo la imagen de su gobierno cae en picada, lo que hace prever que el Partido Republicano sufrirá las consecuencias en las elecciones de medio término de este año.

El 28 de febrero, día en el que se produjo el primer ataque de Estados Unidos contra Irán -que incluyó el asesinato del líder supremo Alí Jameneí-, Trump alardeaba con lo que parecía ser un histórico momento. Pero, casi tres semanas después, la guerra aún continúa y ni el propio mandatario sabe cuándo podría terminar.

Los problemas para Trump (muchos más de los que se creen) son consecuencia directa de la resistencia iraní, que ha logrado bloquear exitosamente el estratégico estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. Así, Teherán está generando una crisis energética casi sin precedentes, que incluye precios del barril de petróleo por encima de los US$ 100.



Pero la crisis energética es apenas una de las situaciones que afecta a Trump: pese a sus amenazas, Irán eligió a Mojtabá Jameneí, hijo de Alí y un actor igual de radical que su padre, como nuevo líder supremo, demostrando que Teherán le teme a Estados Unidos mucho menos de lo que el propio mandatario norteamericano cree.

A esto se suma que esta semana Trump quedó expuesto por duplicado: por un lado, Joe Kent, exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo, renunció a su cargo por no estar de acuerdo con la intervención en Irán: "No puedo, en buena conciencia, apoyar la guerra en curso en Irán. Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que empezamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby".

Por el otro, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, aseguró que Washington no había observado que Irán estuviese intentando reconstruir su programa nuclear, uno de los motivos que Trump expuso para atacar al país persa. 



Y, como si todo esto no fuese suficiente, Trump también comienza a ser duramente criticado por la llegada de ataúdes de soldados estadounidenses quien, según muchos, mueren por una causa que no está para nada clara. 

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¿Qué se puede esperar del conflicto? 

En diálogo con El Economista, Federico Bauckhage, secretario de Redacción en el Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos del CARI, explicó que el conflicto va a seguir escalando porque "los gobiernos, tanto de Estados Unidos como de Israel, no tienen una salida diplomática que les permita cantar victoria unilateralmente y retirarse". 



"Especialmente, en el caso de Estados Unidos, hemos visto varios intentos de Trump de intentar declarar victoria varias veces. Pero, para declarar victoria unilateralmente, tu adversario tiene que consentírselo, aunque sea de manera tácita, y los iraníes han sido muy explícitos al respecto de que esto no es así.  En Irán consideran que cualquier tregua que acepten va a ser solo una pausa para que Estados Unidos recomponga su posición y los vuelvan a atacar en el futuro. Estados Unidos ha perdido absolutamente, por lo menos la actual administración, la poca confianza que quedaba para dialogar de forma diplomática", agregó. 

Por ello, Bauckhage predice que los iraníes no van a querer volver a sentarse a negociar hasta que no haya una resolución militar más clara del conflicto. A su vez, basándose en las experiencias previas de Estados Unidos y de esta misma administración, la respuesta de Washington será tratar de destruir más cosas, golpear con más contundencia para tratar de mejorar su posición negociadora.

"Hay que ver si esto tiene éxito con Irán, aunque yo creo que no, porque Teherán puede lastimar mucho a Estados Unidos e Israel tanto desde el punto de vista militar como de manera indirecta a través de su guerra económica en el estrecho de Ormuz", sentenció. 



Preocupan las midterm

Considerando que este es el segundo y último mandato de Trump, el líder republicano tiene poco de qué preocuparse en cuanto a su persona, aunque no sucede lo mismo con su partido: la mala imagen del mandatario podría derivar en una dura derrota del GOP en las elecciones de medio término de este año. 

Específicamente, la desaprobación contra Trump ya alcanza el 55%, muy por encima del promedio histórico. Y, según algunos sondeos, esto impacta de forma directa en las elecciones, ya que los demócratas tienen una ventaja de hasta 6 puntos para quedarse con la Cámara de Representantes e, incluso, podrían llegar a disputarles a los republicanos su supremacía en la Cámara de Senadores. 

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Más allá del gas y el petróleo 

Más allá de la crisis energética que la actual guerra está generando, otros sectores se están viendo significativamente golpeados, como es el de la industria de los semiconductores.

Para entender esto último hay que centrarse en Qatar, uno de los países atacados por Irán, en donde se produce la gran mayoría de helio a nivel mundial, aunque hoy en día un tercio de la producción estaría paralizada por el conflicto. 

Por ejemplo, QatarEnergy no ha reanudado la producción de helio en su complejo Ras Laffan, una de las mayores concentraciones de infraestructura de producción de helio a nivel mundial. La instalación quedó fuera de servicio el 2 de marzo, frenando aproximadamente el 30% del suministro global de helio del mercado. 



Y, como no podía ser de otra manera, esto afecta a otros países que están muy lejos de la zona de conflicto, como Corea del Sur, que importó el 64,7% de su helio de Qatar en 2025, según la Asociación Coreana de Comercio Internacional.

Así, teniendo en cuenta que Corea del Sur fabrica aproximadamente entre el 15% y el 20% de los semiconductores del mundo, una prolongación de la guerra en Irán sin dudas desembocará en una crisis de estos elementos. 

La postura argentina 

El actual conflicto en Medio Oriente también le ha demostrado a Trump que actuar con soberbia conlleva sus costos: la mayoría de los aliados de Washington le han dado la espalda al pedido del mandatario de cooperar militarmente para liberar el estrecho de Ormuz. 



La situación es tan crítica que el presidente incluso le ha pedido ayuda a China y, ante la negativa de Pekín, ha decidido posponer su viaje al Gigante Asiático para reunirse con Xi Jinping. Sin embargo, para sorpresa de todos, hay un país que sí parece estar alineado detrás de Estados Unidos: Argentina. 

El gobierno de Javier Milei continúa analizando enviar fuerzas de apoyo, tal como lo dejó en claro el portavoz de la Casa Rosada, Javier Lanari, quien afirmó en declaraciones al diario español El Mundo que "si lo solicitara Estados Unidos, sí, cualquier ayuda que ellos consideren se dará". 

Por su parte, el canciller Pablo Quirno no descartó que Argentina pudiera enviar buques de su Armada a Medio Oriente: "En la medida en que lo necesite, está claro de qué lado vamos a estar".



Por el momento, no existe ningún pedido formal por parte de Estados Unidos, aunque, si se concretase, esta no sería la primera vez que Argentina actúa de esta manera, ya que, durante la presidencia de Carlos Saúl Menem, en 1990, se envió al ARA Almirante Brown y la corbeta ARA Spiro en el marco del Operativo Alfil para la ejecución de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU contra Irak.

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